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Mejor que no
Hoy decidí actuar sin cuestionar los por qué frente a la situación. Lo usual es que deje de hacer ciertas cosas por el simple hecho de darles demasiadas vueltas en mi cabeza intentando exponer los hechos, inexistentes en la realidad, pero muy probables en mi retorcida y creativa mente que me hacen desistir. Que si hago esto puede pensar esto otro, que si lo hago va a reaccionar de esta manera, que se lo puede tomar a mal, y otros tantos hechos catastróficos que solo mi mente suele dar cabida. Y es así como me he perdido de hacer tantas cosas. bien lo decía alguien, de lo único que me arrepiento es de aquello que no he hecho.
En momentos soy tan espontánea y en otros tan insegura. Me temo que ahora estoy en lo segundo; esperando que las cosas pasen, y cuando no pasan, me desilusiono y con la desilusión mi inseguridad aumenta y así se me van los días hundida en una melancolía que me agobia. Hoy fue uno de esos días en que decidí cortar con ese patrón y ser yo la responsable de que las cosas pasen. Dejé a un lado el orgullo, abrí mi corazón y tomé la iniciativa. Lo mejor de todo, es que nada resultó como lo había pensado, y digo lo mejor por que cuando uno pasa por un proceso de negatividad en su vida, en lo único en que le va bien pensar, es en que todo saldrá mal. Pues no, me fue bien. Desde mi partida, con mi madre las relaciones han estado un poco distantes, sus juicios y mi soberbia nos han distanciado mas de lo que pretendía y ya casi ni hablábamos. Desde mi partida sentía que ella había perdido el interés por mi bienestar y mi orgullo me mantenía en un estado de frialdad que me llevó a tomar distancia. Pues bien la invité a mi nueva casa, me esmeré en que todo estuviera perfecto para que viera lo bien y feliz que estaba ahora con mi nueva vida. Cabe destacar que efectivamente estoy muy feliz, sin embargo este distanciamiento familiar era algo que no permitía disfrutar a cabalidad con este nuevo proyecto de vida. Al principio fue todo muy coloquial, como una reunión entre desconocidos. Al pasar las horas, uno que otro comentario motivó una bocanada de sentimientos por parte de mi madre con sus reproches de mala hija con un tono displicente que en otro momento me hubieran hundido. Frente a ello tenía dos opciones, o le contestaba en el mismo tono defendiéndome, o la escuchaba sin sentirme ofendida. El objetivo del almuerzo era acercarme a ella y si me inclinaba por la primera opción, el esfuerzo de dejar mi orgullo a un lado no hubiese servido de nada. Escuché cada palabra que salía disparada de su boca, observé cada figura de su rostro, el brillo de sus ojos, el quiebre de su voz, sus sollozantes pausas, hasta que se detuvo. No fue necesario decir nada, el silencio, en ese momento dijo más de nosotras que todo lo que no habíamos hablado en meses y finalmente nos acercamos.
Es extraño como funciona la mente intentado llenar espacios en cada historia. Lo que no sabemos, creemos que puede ser de determinada manera dependiendo el estado en que nos encontremos. Si estamos bien, jamás pensaremos mal del resto. Es cuando nos volvemos inseguros cuando nos sentimos perseguidos y creemos que el mundo es un lugar de personas que se mueven bajo esos mismos parámetros. El mundo que nos rodea es un reflejo de nuestro propio mundo interior. Las personas a nuestro alrededor vienen a mostrarnos aspectos de nosotros mismos. Si dejamos que nuestro orgullo nos aleje de ello, nos estamos separando más de nosotros mismos negando nuestra propia existencia. De cuánto nos hemos perdido escudándonos en un "mejor que no". Cuántas historias no se han contado por nuestras inseguridades, historias que hubiesen podido haber dado otra dirección a nuestras vidas, quien sabe. Sin duda que este es el primero de muchos actos donde tomo mas protagonismo en mi vida haciendo que las cosas sucedan, actuando mas, esperando menos; escuchando mas, hablando menos. Disfrutando mas, cuestionando menos; mas que escribiendo la historia, viviéndola.
Mientras pueda, voy a reir
Suelo poner atención a los mensajes que vienen desde mi entorno, en especial aquellos que provienen de personas mayores, bajo la sensación que por más desgastados e ingenuos que puedan parecerme, sus palabras contienen toda una vida de las mas diversas y enriquecedoras experiencias que su cerebro, ya deteriorado por el tiempo, aún logra mantener y que sin vacilaciones son lanzadas cada vez que se presenta una oportunidad.
El salto de la vida
Temor, ese fue el primer sentimiento que experimenté a medida que me iba acercando a ella. Siempre me han fascinado las cascadas, tan majestuosas, tan puras imponiéndose en el paisaje y, sin embargo, me atemorizan.
Fue durante mi último viaje, a Coyhaique, un viaje tan espontáneo como determinado. Una fotografía en un calendario de hace algunos años atrás, capturó una escena del paisaje de la cascada Coyhaique, que en invierno se congelaba, la vi y decidí que algún día iría allá.
Y así sucedió, debía planificar mis vacaciones, y las oportunidades de las promociones de LAN, me motivaron a tomar este destino para mi viaje.
Junto con este atractivo, para mi fortuna, fui espectadora de otros tantos saltos de agua que decoraban las faldas y quebradas de los cerros al interior de la reserva Cerro Castillo y alrededores de Coyhaique y Puerto Aysén. No alcancé a capturar en una fotografía cada una de las cascadas que pude divisar, pero sin duda que quedan guardadas en mi memoria.
Me di el tiempo de visitar dos cascadas situadas entre Coyhaique y Puerto Aysén, señaladas como atractivos turísticos de la zona: Cascada la virgen y velo de novia. Es esta última la que originó mi temor y que inspiró este relato. Un sentimiento situado entre el miedo y la intrepidez que dificultaban el acercarme hasta su base. Aún así, llegué hasta ella, me quedé observándola detenidamente intentando descifrar el origen de mi sobresalto y mi admiración simultáneas, qué ironía.
Una falla de la naturaleza, un salto en el correr de esos ríos tan apacibles a veces, tan violentos otras. Un atajo en el camino al enfrentar una quebrada donde se abren nuevas posibilidades de continuar. Una representación ostensible de los principios con los cuales se ha sostenido mi existencia.
Dos situaciones han determinado y modelado mi vida: el temor y la osadía. El primero volviendo prudente mis decisiones, recatando mi andar y dotándome de una comodidad, a veces difícil de abandonar. El segundo, me ha llevado por caminos insospechados que jamás creí capaz de transitar y que sin duda han marcado cada etapa de mi crecimiento. Cuando logro ir más allá, cuando soy capaz de vencer el miedo y me aventuro a lo desconocido, son esas instancias las que más he disfrutado. Momentos que le dan sentido y motivación a mi vida, por los cuales me decido a emprender, son los saltos que dan origen a estas majestuosas cascadas a las cuales me lanzo con temor sin tener claro donde me llevarán pero que le otorgan ese atractivo al paisaje de mi existencia.
Tuve miedo y aún así llegué hasta la base de esta cascada, 30 metros de altura de cientos de litros de agua que se precipitaban ante mi recordándome lo maravilloso que puede ser el desenlace de un obstáculo en el recorrido como pudiera verse a simple vista una quebrada.
He llegado a pensar que, mi ferviente interés por este atractivo natural no es mas que el reflejo implícito de cómo me siento. Deseando, muchas veces volverme cascada cuando al final del camino no veo otra salida.
Fue durante mi último viaje, a Coyhaique, un viaje tan espontáneo como determinado. Una fotografía en un calendario de hace algunos años atrás, capturó una escena del paisaje de la cascada Coyhaique, que en invierno se congelaba, la vi y decidí que algún día iría allá.
Y así sucedió, debía planificar mis vacaciones, y las oportunidades de las promociones de LAN, me motivaron a tomar este destino para mi viaje.
Junto con este atractivo, para mi fortuna, fui espectadora de otros tantos saltos de agua que decoraban las faldas y quebradas de los cerros al interior de la reserva Cerro Castillo y alrededores de Coyhaique y Puerto Aysén. No alcancé a capturar en una fotografía cada una de las cascadas que pude divisar, pero sin duda que quedan guardadas en mi memoria.
Me di el tiempo de visitar dos cascadas situadas entre Coyhaique y Puerto Aysén, señaladas como atractivos turísticos de la zona: Cascada la virgen y velo de novia. Es esta última la que originó mi temor y que inspiró este relato. Un sentimiento situado entre el miedo y la intrepidez que dificultaban el acercarme hasta su base. Aún así, llegué hasta ella, me quedé observándola detenidamente intentando descifrar el origen de mi sobresalto y mi admiración simultáneas, qué ironía.
Una falla de la naturaleza, un salto en el correr de esos ríos tan apacibles a veces, tan violentos otras. Un atajo en el camino al enfrentar una quebrada donde se abren nuevas posibilidades de continuar. Una representación ostensible de los principios con los cuales se ha sostenido mi existencia.
Dos situaciones han determinado y modelado mi vida: el temor y la osadía. El primero volviendo prudente mis decisiones, recatando mi andar y dotándome de una comodidad, a veces difícil de abandonar. El segundo, me ha llevado por caminos insospechados que jamás creí capaz de transitar y que sin duda han marcado cada etapa de mi crecimiento. Cuando logro ir más allá, cuando soy capaz de vencer el miedo y me aventuro a lo desconocido, son esas instancias las que más he disfrutado. Momentos que le dan sentido y motivación a mi vida, por los cuales me decido a emprender, son los saltos que dan origen a estas majestuosas cascadas a las cuales me lanzo con temor sin tener claro donde me llevarán pero que le otorgan ese atractivo al paisaje de mi existencia.
Tuve miedo y aún así llegué hasta la base de esta cascada, 30 metros de altura de cientos de litros de agua que se precipitaban ante mi recordándome lo maravilloso que puede ser el desenlace de un obstáculo en el recorrido como pudiera verse a simple vista una quebrada.
He llegado a pensar que, mi ferviente interés por este atractivo natural no es mas que el reflejo implícito de cómo me siento. Deseando, muchas veces volverme cascada cuando al final del camino no veo otra salida.
Felicidad v/s Tristeza
Hay personas que creen que ahora que me ven resuelta y autosuficiente no he sufrido en la vida. Que mi vida ha sido marcada con la suerte y que todo lo que tengo es cuestión del azar. Por un lado es bueno que todo lo que he vivido no se vea reflejado en mi apariencia, por un instante esa fue una de mis preocupaciones, no creí que en algún momento mi desastroso aspecto de amargura fuera a desaparecer, siempre pensé que en mis ojos quedaría tatuado el dolor que había en mi destrozado corazón, pero para mi ventura al parecer todo eso ya ha desaparecido, y el único vestigio que podría dejarme en evidencia sería mi propia lectura de dicha experiencia.
Es por esta razón que llegué a pensar en que tal vez un momento de felicidad pudiera borrar uno de tristeza y que todo ese dolor finalmente, podría haber sido disuelto.
¿Es que se me ve tan bien ahora?, qué puedo decir, quizá esa sea la razón por la que el resto cree que estoy tan bien parada ante la vida que pueden llegar y escupir en mi cara reprochándome, casi con envidia, que ellos no se sientan igual, Yo no entiendo a la gente, se pasa su vida planeando cómo alcanzar la felicidad y se olvidan de vivirla cada a día. Están tan preocupados de qué es lo que tienen que cambiar para encajar que no se dan cuenta que pueden sentirse satisfechos con lo que son, así tal cual, que es tan simple como que aprendan a aceptarse a sí mismos, lo otro es sólo una consecuencia de ello.
Por un momento sentí el deseo de contar mi historia, de refregarles en la cara todo cuanto había vivido, la causa de mi desdicha y todo mi proceso para salir adelante. Pero después de pensarlo bien no quiero eso, quiero vivir en adelante mirando sólo el momento. El pasado lo llevo conmigo y lo guardo como un recuerdo inolvidable del cual saqué muchas lecciones. Y recordé cómo estuve yo, las cosas que viví y como eso fue lo que me llevó a estar así ahora. Me gustaría poder explicarles todo eso, que entendieran que es solo una etapa, un proceso importante que deberán vivir para de un momento a otro, así de repente, sentirse satisfechos. Me afanaba al punto de la ansiedad, por enseñarles a todos a mi alrededor, el camino, ese que a mí me había traído hasta acá, pero ahí fue que me dí cuenta de que haga lo que haga cada uno tiene su momento, sus propias experiencias, su propio dolor, ese que es necesario vivr y el que más tarde te hará recordar quién eres y qué haces aquí. El que te hará pensar que tal vez con un momento de felicidad puedas borrar uno de tristeza.
Falta amor
Hoy, como tantas veces, fui sorprendida. Eso es justamente lo que me gusta de la vida, mi vida, que cada día algo logra sorprenderme, cautivarme y me deja reflexiva y conmovida. Suelo ir atenta a los mensajes que puedo obtener y que, en su mayoría provienen de lugares insospechados. Esta vez no fue la excepción. Ocurrió durante una de las reuniones habituales de los viernes en la fábrica donde trabajo. El tema en discusión, la deficiente calidad de las terminaciones de los muebles laminados.
Diversas opiniones surgieron al respecto por parte de los concurrentes: escasa supervisión, menor grado de destreza del maestro, falta de maquinaria especializada, entre otros. Pero fue el mismo dueño de la empresa quien manifestó como causal la falta de amor.
Me hicieron mucho sentido las palabras de mi jefe, quien expuso este tema con una humanidad que no sospeché que tendría. Tanto como su expresión, sus palabras calaron hondo dentro de mi y siguieron resonando durante toda la jornada inclusive cuando ya había terminado mi horario laboral.
He divulgado casi como un credo la importancia de poner amor en cada cosa que uno haga, pero hasta ese momento no habría comprendido del todo lo que eso significaba y sus repercusiones en el día a día. Lo veía como una frase utópica inaplicable a la cotidianidad, pero que sonaba bien al hablar.
Con esta frase logré capturar la esencia de todo cuanto me he esmerado en aplicar en mi vida. Amar debiera estar implícito en cada cosa que uno se proponga emprender, cual sea la naturaleza del asunto, finalmente será la clave del éxito. Desde una tarea cotidiana en casa, un puesto en el trabajo y hasta cuestiones familiares, el cuánto amor ponga cada quien es el que hará finalmente la diferencia de quien lo hace mejor.
Fue tal el nivel de iluminación que alcancé con esta experiencia, que entendí por qué algunas cosas no habían funcionado en mi vida, situaciones en las que me esmeré entregando todo mi esfuerzo por conseguirlas y que terminaron siendo destruidas y junto a ellas destruyendo parte de mi. Analicé cada aspecto de mi vida, los buenos y malos momentos; y descubrí en cada uno de ellos que el amor que había puesto durante su ejecución fue quien determinó el éxito o fracaso del mismo. Relaciones fallidas, trabajos abandonados, actividades simplemente dejadas a un lado. En todos ellos la constante, la falta de amor.
Me propuse, sin comprender bien qué significaba, que de ahora en adelante todo cuanto hiciera con mi vida debía haber amor, desbordante, apasionado, sincero, amor al fin y al cabo. Volver a enamorarme aún de esos hechos en los que me sentí herida y que juré jamás volver a repetir. Y aún así me envolví en una relación que sólo me satisfacía en el ámbito físico, intentando prescindir del verdadero propósito de una relación, al menos del que yo busco cada vez que me involucro.
Pedí a gritos la oportunidad de volver a enamorarme, enamorarme de las cosas, de los libros, de las personas, de mi misma. Enamorarse es una decisión consciente que tomo cada día cuando me siento involucrada, cuando pretendo extraer lo máximo de cada cosa que me rodea, de cada persona, de cada lugar. Vivir enamorada es aceptar y desprenderse, comprometerse y no adueñarse, es simplemente disfrutar el presente aprendiendo del pasado sin pensar en el futuro, es vivir el aquí y el ahora con la confianza de que a fin de cuentas obtendrás lo mejor.
Lo profeso, lo grito, lo espero y lo deseo con toda mi energía, quiero volver a enamorarme, así como lo estoy de mi trabajo y de mi familia, encontrar el amor en cada aspecto de mi vida, compartir esa satisfacción y poder influir en que otros también la encuentren.
Difícil amar
"La gente que es más difícil de amar, es la que más lo necesita". Una frase que extraje de la película "peaceful warrior", que por cierto recomiendo. Esta cita se instaló en mi mente y me hizo notar cuánto amor anhelo en realidad.
La verdad es que puedo decir con propiedad que soy una persona difícil de amar. Lo noté luego de mi afer veraniego y de sus resultados posteriores. Y también de otras tantas conversaciones de mis cercanos que me lo hacen ver cada día. Estoy aquí refugiándome en estas letras que no tienen cabida más que a quien, de algún modo azaroso llegue a ellas a través de un buscador o, de su desestimada navegación en la web; dirigiéndome a alguien inexistente, que en el anonimato, se hace receptor de mi mensaje.
Aquí puedo ser sincera conmigo y aceptar mis debilidades sin que ello provoque el temor de la vulnerabilidad que intento evitar. Me es difícil ahora mismo intentar definirme, por un lado creo ser una persona introvertida que no deja ver sus emociones y sentimientos, justamente cuando al llegar a casa las vuelco a un computador queriendo que alguien las descubra. Me muestro como una persona segura y arrogante, cuando sólo lo que soy es una niña frágil implorando respuestas. Esta dualidad me vuelve, en ratos, una persona desquiciada e inconsecuente.
Me volví una persona difícil de amar justo en el momento en que había comenzado a amar, cuando empezaba a experimentar ese sentimiento que busqué por tanto, y que me mostró sus dos caras sin discernimiento. Me propuse volver a amar casi como un reto intentando devolverle la vida a aquellas esperanzas que yacían agonizantes bajo las sábanas, en un intento por reponer fuerzas y comenzar a aceptar más y esperar menos, me volví de hierro creyendo que eso me haría más fuerte y, así sobrevivir a otra relación, una desinteresada y trivial de la cual salir ilesa.
Pero una vez más descubro que cuando se trata de sentimientos no tengo el control de mi misma. Ellos se desencadenan en mi interior y se expresan tan libremente que los envidio. Lograr ese nivel de libertad, de franqueza en donde mente y cuerpo están de acuerdo en qué sentir y qué expresar. Sólo puedo jactarme de esa sinceridad aquí, en mi laptop; frente a una pantalla vacía que recibe mis emociones sin debatir ni uno solo de mis argumentos.
Qué ironía, me cobijo en rótulo de ser imperturbable cuando en realidad soy fácilmente excitable. Hoy estoy muy triste, triste y alegre al mismo tiempo. Apenada por haber descubierto quién soy realmente y alegre por haberlo descubierto finalmente, o al menos acercado un poco más. Pretender que no tengo emociones es más bien mi intento por ocultarlas. Y al ocultarlas estoy negándome a sentir. Pero la verdad es que quiero sentir, quiero llorar a gritos otra vez, reír a carcajadas y volver a llorar. Quiero sentir que esta vida la estoy viviendo y no pretendiendo vivirla. Ya no sé qué más hacer, mi fe se ha visto nuevamente vulnerada, mis miedos afloran y hoy me siento más sola que nunca.
Todo lo que hago está enfocado a descubrir quién soy, y cada día me alejo más de mi propósito, una y otra vez lo que tengo es más información acerca de quién NO soy, y nada de eso me hace pensar que me acerco a mi objetivo. Sé que esto también es pasajero, como todo lo demás, e intento no aferrarme a ello, pero no puedo dejar pasar este momento de desasosiego sin desahogarme y escupir todo lo que tengo adentro. También sé que mañana estaré feliz como siempre, una felicidad habitual con la que he decidido vivir mi vida impidiéndome hacerme presa de la angustia. De esta angustia que no deja de atormentarme y que me hace estar aquí nuevamente esta noche buscando el consuelo, o al menos la liberación de todo cuanto hoy me acongoja. Sólo me queda aferrarme a la verdad, mi verdad, esta que me tiene hoy haciendo esta confidencia a ese mismo público inexistente quien es mi confesor y adversario a la vez pero que solo a través de estas líneas encuentro el cobijo que tanto necesito.
El amor es libertad
El contexto de esta frase pueda quizá confundirse, sin embargo, es válido para cualquier situación en la se experimente ese sentimiento.
Intentar definir el significado del amor es algo que, en este momento no me compete, una por que no tengo idea y otra por que no es el asunto que me convoca. Sé que existe por que lo he experimentado, o al menos tengo una vaga idea respecto de sus manifestaciones tanto físicas como emocionales. Más allá de querer explicar de qué se trata, solamente prefiero, por ahora enfocarme a sentirlo, vivirlo y disfrutarlo...
Ser feliz
Aunque redundante la felicidad es un tema que ha mantenido mi curiosidad en estado de alerta. Con ella he intentado dar solución a un sinnúmero de interrogantes que perturbaban mi mente y me sometían a una constante búsqueda que me llevaba una y otra vez hasta el punto de partida.
Aunque no es tan terrible como parece, mi vida entera se ha visto orientada en encontrar esas respuestas intentando descifrar el propósito de mi existencia y, junto con ello, comprender el porqué de las cosas.
Cuándo parecía estar más cerca, cuando a lo lejos divisaba el final del camino, llegaba allí sólo para darme cuenta lo mucho que me faltaba por recorrer. Al principio me volvía una presa de la frustración dejando que cada situación donde me sentía vulnerada, me controlara. Con el tiempo me hice más tolerante, mas fuerte y podía superar cada traspié con mayor elocuencia, y aunque la decepción estaba presente, no permitía que eso influyera en cómo me sentía.
Aunque no es tan terrible como parece, mi vida entera se ha visto orientada en encontrar esas respuestas intentando descifrar el propósito de mi existencia y, junto con ello, comprender el porqué de las cosas.
Cuándo parecía estar más cerca, cuando a lo lejos divisaba el final del camino, llegaba allí sólo para darme cuenta lo mucho que me faltaba por recorrer. Al principio me volvía una presa de la frustración dejando que cada situación donde me sentía vulnerada, me controlara. Con el tiempo me hice más tolerante, mas fuerte y podía superar cada traspié con mayor elocuencia, y aunque la decepción estaba presente, no permitía que eso influyera en cómo me sentía.
Tal como soy
Me gusta el arte y el diseño, ambos permiten expresarse, cada uno a su modo, expresión al fin y al cabo. Con el arte puedo decir lo que que se me plazca, de la forma en que mejor me parezca. Con el diseño, intento interpretar lo que los demás quieren escuchar, lo que creo que necesitan, lo que yo necesito oír en realidad y que llega a mí a través de las personas.
Trabajo como diseñadora por que me gusta crear, me gusta que a la gente le guste lo que hago y lo aprecie, a través de mis diseños me siento estimada. No sabría exactamente si es por que quiero hacerlos felices a ellos, o porque lo que en realidad busco es encontrar lo que me hace feliz a mí.
Trabajo como diseñadora por que me gusta crear, me gusta que a la gente le guste lo que hago y lo aprecie, a través de mis diseños me siento estimada. No sabría exactamente si es por que quiero hacerlos felices a ellos, o porque lo que en realidad busco es encontrar lo que me hace feliz a mí.
Lo que me gusta de la vida
Una vez más, como tantas, había caído en la ignorancia y me había dejado llevar por el sistema. Olvidé que sólo por el simple hecho de creer que todo saldría mal, así sucedería. Lo bueno es que siempre aparece alguien para recordarme que puedo pensar diferente.
Una vida desechable
Hoy en día, la tendencia va por la sustentabilidad. Con la acrecentada preocupación por el cambio climático y su repercusión en nuestro medio ambiente, las llamadas “prácticas sustentables” ya son una moda.
La medición de la huella de carbono dentro de los procesos de fabricación y la certificación LEED ha logrado capturar la atención de empresas que, motivados por las exigencias de los consumidores han incorporado esta ética ambientalista en su visión y misión.
La Vida, un milagro
Se han puesto a pensar, sólo por un momento, lo misteriosa y maravillosa que es la vida. Yo cada día que pasa estoy mas sorprendida.
Piensen un poco; desde nuestra concepción, pasando por el nacimiento y cada una de las distintas etapas de crecimiento que vamos experimentando a lo largo de la vida, esta se presenta tan misteriosa como cautivante; y la pregunta, entonces está orientada a saber más que quién nos creo que el por qué. Y no importa la corriente o idea de la que seamos partidarios, no tiene sentido preocuparnos en definir si fue primero el huevo o la gallina, sino qué sigue después.
¿Por qué yo?
Hoy participé de "La marcha de los enfermos" convocada por un periodista de la televisión chilena diagnosticado de cáncer hace unos años y que hoy en día se ha transformado en un símbolo para personas luchan en contra de una enfermedad que los aqueja y que, por circunstancias económicas no pueden costearse un buen tratamiento.
El Poder de la Felicidad
No sé como transmitir en palabras lo que siento, es una fuerza incontrolable que me inunda, me llena y me sobrepasa. Es una energía tan poderosa, una luz tan brillante que sale a través de mi piel y encandila a quienes están a mi alrededor. Me tiene cantando por los pasillos, hace que me detenga a observar las distintas tonalidades que componen el cielo, el sutil movimiento de las ramas de los árboles que provoca la brisa cuando pasa entre ellas, viendo el vaso medio vacío, pero no por que se esté acabando, sino como una oportunidad para volverlo a llenar, y que me hace poder elegir de qué quiero llenarlo.
Una vida Perfecta
Es desde la mente en donde surgen nuestras emociones y sentimientos, por tanto un control efectivo, y por ende un conocimiento acabado de su funcionamiento, nos asegura el éxito en cualquier ámbito de la vida. Con esto no me refiero a ser famoso ni reconocido, simplemente a sacar el mayor beneficio de los recursos con que contamos, en palabras más simples: a Ser Feliz.
Elijo Ser Feliz
Ya perdí la noción del tiempo, ahora comprendo a lo que se refería la teoría de la relatividad de Einstein cuando afirmaba que "el tiempo es relativo": Préstale atención a un minuto de tiempo en el reloj, y te parecerá una hora; ríe durante ese mismo periodo y verás cuán rápido se te pasa.
Yo me pregunto...¿La vida te responde?
Es lógico entonces que mientras uno va por el camino se pregunte, mientras lo recorre si ese será el correcto, y luego comienzan las dudas y justo allí llega la elección, nos acercamos a esa bifurcación y debemos decidir cual dirección seguiremos ahora. Si uno siguiera el camino sin preguntarse nada que haría mientras tanto?, iría como zombie sólo caminando y esperando la segunda etapa. Entonces qué aprenderíamos?.
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