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Amigos...y nada más
Cuando decidí aceptar tu proposición, no imaginé lo lejos que nos llevaría eso.
Has estado casi toda una vida a mi lado; siempre estuviste ahí en los momentos solemnes de la vida en los que o necesité desahogarme o simplemente compartir una alegría.
Poco a poco mi timidez se iba doblegando a las entusiastas preguntas que solían enfocarse mas en aquellos episodios con algún tono sexual. Era evidente que ese tema llamaba particularmente tu atención, en especial si se trataba de quebrar con mi celibato que si bien a esa edad no era intencional, si poseía cierto misticismo de inocencia y religiosidad en mi afán por querer guardar mi virginidad al príncipe azul que yacía en algún lugar del mundo esperando por mí.
Fuiste un pilar fundamental en mi maduración sexual, no porque tuviéramos encuentros de ese tipo, y cabe mencionar en este punto que nuestras conversaciones se limitaban al programa de mensajería instantánea vigente; sino mas bien por que te dedicabas a ilustrarme en las más diversas posibilidades que pudieran presentarse en un encuentro entre dos personas. Con mi primer acercamiento, mi destape sexual, fuimos distanciándonos por periodos prolongados. El tema de tener una pareja me excitaba tanto que enfocaba mis energías y tiempo sólo en complacerlo. Con el quiebre de esa relación, también se quebraron mis emociones y las bases en que había decidido fundar mis principios. Hasta ese entonces el haberme guardado para aquel hombre especial durante tanto tiempo, y el haber retrasado mi iniciación sexual por ello, ahora me hacían pensar que había sido una pérdida de tiempo. Con frenesí busqué durante mucho tiempo poder llenar ese vacío no solo sexual, sino también y mas bien emocional sin resultados positivos. Cuando mi esperanza se vio mermada por las circunstancias y por mi carácter; surgió lo impensado: podía hacerlo sin sentirme una mesalina pecadora. Tu fuiste el primero en celebrar conmigo aquel episodio ipso facto con tu particular interés.
A pesar de que te lo sugerí abiertamente en mas de alguna oportunidad y en los mas diversos estados emocionales, tú nunca accediste a tener algo conmigo. Nuestros encuentros frente a frente, siempre se limitaron a lo que durara una película o una comida rápida en el camino.
Por algún motivo que aún desconozco, el quiebre de tu relación de pareja gatillo cierta curiosidad por conocerme en otra faceta, por llevar nuestra amistad a un plano distinto, no a un nivel mas profundo en lo emocional sino mas bien a un nivel mas banal. Fue de este modo en que llegamos a involucrarnos sexualmente. Nuestro primer encuentro si bien no fue lo que esperé todo este tiempo, si fue fundamental para que se desencadenara una relación donde el sexo ahora se volvía la razón esencial de nuestros encuentros.
Sumergidos en el deseo y la pasión nos olvidamos de la amistad y la relación se fue tornando lentamente carnal, fría y calculada. Nuestras conversaciones se volvieron insignificantes, casi una excusa para romper el hielo y disimular de cierto modo la verdadera causa que nos convocaba. Si en este momento pudiera escoger entre tu amistad y tu pasión, no dudaría en escoger la primera. Aquella me entregaba satisfacciones mas duraderas; a largo plazo y con esto no digo que no me sienta satisfecha en lo sexual, sin embargo necesitaba que lo hiciéramos mas frecuentemente sólo para sentirte cerca por mas tiempo y antes eso se daba como consecuencia de nuestras largas conversaciones, ahora inexistentes. Ahora te necesito como amigo mas que nunca. Quiero oír tu consuelo y que me digas que este hombre tampoco vale la pena y que puedo seguir adelante. Siempre fuiste ese hakunamatata que me devolvía la alegría cuando mis emociones flaqueaban y lo irónico ahora es que tú las provocas y que lo mas seguro es que ni te hayas dado cuenta.
¿Sabes que te quiero?
Uno no tendría que hacer esta pregunta si eso estuviera realmente claro.
Durante estos últimos años, he podido llegar a la conclusión que el mensaje que enviamos a nuestro receptor no es siempre comprendido al ciento por ciento por este. Mas bien, me atrevería a declarar que nuestro interlocutor muchas veces ni siquiera sabe que es para él.
Los malos entendidos suelen ser una de las causas más frecuentes de discusiones y en el peor de los casos de peleas entre las personas cualquiera sea la relación que tengan. Uno manifiesta un mensaje, ya sea por vía oral a través del lenguaje, o a través de los gestos y muecas, y no reparamos en que si este fue recibido como esperábamos que fuera, siquiera nos ocupamos de si entendió lo que quisimos decir.
El amor de su esposa
Hay emociones, sensaciones o sentimientos que se desencadenan producto de alguna situación en particular. Siempre han permanecido allí, tal vez inconscientemente en aquellos recovecos que los científicos aún no ha logrado investigar. En esos instantes, ya no puedes controlarlos, como si hubiesen estado esperando pacientemente el momento en los cuales expresarse.
La chica danesa es una de esas excusas a partir de la cual mis emociones afloraron a través de mis ojos. Una película muy emotiva que relata la vida de una mujer atrapada dentro del cuerpo de un hombre y su camino para lograr revertir lo que en sus palabras había sido un "error de la naturaleza". Sin embargo y a pesar de la cautivante historia del protagonista, fue la historia de esposa de este quien capturó mi atención. No quisiera arruinar la película contándoles su argumento, a la espera que se motiven a verla. Es el amor, nuevamente quien me tiene aquí desahogándome a través de estas letras cual lágrimas se asomaran a mis ojos y el deseo de verterlas en este lienzo vacío esperando acogida.
Hoy es uno de esos días de los que la naturaleza dota a una mujer para que pueda expresarse libremente bajo el alero que las hormonas se han liberado a la espera de que la fecundación haya dado fruto. Hoy es uno de esos días en que me siento más humana y menos comprendida incluso hasta por mi misma. Esos días en que puedo gozar de una creatividad inimaginable de la cual se han desplegado mis mas grandiosas creaciones. Si algo tengo que reprocharle y agradecerle a la naturaleza paralelamente, es poder gozar de ciertos días al mes de esta exacerbada liberación de emociones que se desencadena descontroladamente tanto en mi cuerpo como en mi alma, y nótese que estoy usando la palabra "alma" y no "mente" como suelo identificar esa dualidad humana que nos completa.
Volviendo a la película, me he quedado pensando en lo que realmente significa amar. He quedado profundamente marcada por la actuación de este personaje, por la mano del director que logro extraer de algún lugar dentro de mí esta sensación de querer volcarme hacia mis temores mas profundos y dejar que se liberen inalterados. El amor, presente y ausente en cada decisión, el protagonista, al fin y al cabo de todo cuanto sucede en mi vida. No pedí encontrarlo y llegó a mí; no quise soltarlo y lo perdí. Y ahora, en esta búsqueda frenética me doy cuenta que tal vez nunca lo tuve. Te amo, te amé y te amaré son las conjugaciones de un verbo que ni siquiera debiera conjugarse. Amarlo a él, amarme a mi misma. Simplemente amar.
Emoción que ha estado siempre allí y que ante el más pequeño estímulo se desencadena. Sentimiento que se queda aún cuando el objeto amado desaparece. Amor, simplemente amor. Soy parte de ello, soy parte de mi misma, soy parte del amor.
Una vez pregunté afligida, por qué no podía entender cómo habían sucedido las cosas para que el hombre llegara a ser hombre, para que yo estuviera aquí, mi pregunta fue respondida que no debía tratar de entenderlo a través de este plano, pues todo esto había sucedido en un plano superior a la cual mi mente no podría acceder. Al principio sentí que fue una respuesta protocolar solo para indicarme que no sabía, ahora me doy cuenta que tiene toda la lógica que lo ilógico es capas de razonar.
Es como un trabalenguas que sólo debe repetirse aunque la frase no parezca coherente, jamás fue su objetivo el resultar coherente, mas bien como ejercicio para desarrollar el lenguaje humano. El amor es una de esas cosas que no necesita ser comprendido, ni siquiera ser descifrado, simplemente explorado a través de la propia dicha de sentirlo. La dicha y la desdicha, por cierto.
Aún tengo la curiosidad de saber si verdaderamente amé, si el objeto de mi deseo sintió que su individualidad se desarrollo gracias a ese amor, o por el contrario reprimí su ser con mi ego y el afán por sentirme amada. A veces me pregunto sólo si el amor se trata de un otro que te complete ya sea como pareja, amigo, hermano; o simplemente de uno mismo en soledad. Sentimientos y emociones se desarrollan dentro de mí y buscan cabida, buscan comprensión, buscan...a decir verdad no sé lo que buscan.
La chica danesa es una de esas excusas a partir de la cual mis emociones afloraron a través de mis ojos. Una película muy emotiva que relata la vida de una mujer atrapada dentro del cuerpo de un hombre y su camino para lograr revertir lo que en sus palabras había sido un "error de la naturaleza". Sin embargo y a pesar de la cautivante historia del protagonista, fue la historia de esposa de este quien capturó mi atención. No quisiera arruinar la película contándoles su argumento, a la espera que se motiven a verla. Es el amor, nuevamente quien me tiene aquí desahogándome a través de estas letras cual lágrimas se asomaran a mis ojos y el deseo de verterlas en este lienzo vacío esperando acogida.
Hoy es uno de esos días de los que la naturaleza dota a una mujer para que pueda expresarse libremente bajo el alero que las hormonas se han liberado a la espera de que la fecundación haya dado fruto. Hoy es uno de esos días en que me siento más humana y menos comprendida incluso hasta por mi misma. Esos días en que puedo gozar de una creatividad inimaginable de la cual se han desplegado mis mas grandiosas creaciones. Si algo tengo que reprocharle y agradecerle a la naturaleza paralelamente, es poder gozar de ciertos días al mes de esta exacerbada liberación de emociones que se desencadena descontroladamente tanto en mi cuerpo como en mi alma, y nótese que estoy usando la palabra "alma" y no "mente" como suelo identificar esa dualidad humana que nos completa.
Volviendo a la película, me he quedado pensando en lo que realmente significa amar. He quedado profundamente marcada por la actuación de este personaje, por la mano del director que logro extraer de algún lugar dentro de mí esta sensación de querer volcarme hacia mis temores mas profundos y dejar que se liberen inalterados. El amor, presente y ausente en cada decisión, el protagonista, al fin y al cabo de todo cuanto sucede en mi vida. No pedí encontrarlo y llegó a mí; no quise soltarlo y lo perdí. Y ahora, en esta búsqueda frenética me doy cuenta que tal vez nunca lo tuve. Te amo, te amé y te amaré son las conjugaciones de un verbo que ni siquiera debiera conjugarse. Amarlo a él, amarme a mi misma. Simplemente amar.
Emoción que ha estado siempre allí y que ante el más pequeño estímulo se desencadena. Sentimiento que se queda aún cuando el objeto amado desaparece. Amor, simplemente amor. Soy parte de ello, soy parte de mi misma, soy parte del amor.
Una vez pregunté afligida, por qué no podía entender cómo habían sucedido las cosas para que el hombre llegara a ser hombre, para que yo estuviera aquí, mi pregunta fue respondida que no debía tratar de entenderlo a través de este plano, pues todo esto había sucedido en un plano superior a la cual mi mente no podría acceder. Al principio sentí que fue una respuesta protocolar solo para indicarme que no sabía, ahora me doy cuenta que tiene toda la lógica que lo ilógico es capas de razonar.
Es como un trabalenguas que sólo debe repetirse aunque la frase no parezca coherente, jamás fue su objetivo el resultar coherente, mas bien como ejercicio para desarrollar el lenguaje humano. El amor es una de esas cosas que no necesita ser comprendido, ni siquiera ser descifrado, simplemente explorado a través de la propia dicha de sentirlo. La dicha y la desdicha, por cierto.
Aún tengo la curiosidad de saber si verdaderamente amé, si el objeto de mi deseo sintió que su individualidad se desarrollo gracias a ese amor, o por el contrario reprimí su ser con mi ego y el afán por sentirme amada. A veces me pregunto sólo si el amor se trata de un otro que te complete ya sea como pareja, amigo, hermano; o simplemente de uno mismo en soledad. Sentimientos y emociones se desarrollan dentro de mí y buscan cabida, buscan comprensión, buscan...a decir verdad no sé lo que buscan.
Confío en ti
¿Qué es lo que gatilla que las personas confiemos en otras personas? ¿Qué parámetros o cualidades debe tener alguien para que sea merecedor de nuestra confianza?
Yo creo en las personas por defecto, suelo comenzar poniendo la confianza en ellos sin cuestionarme si son merecedores o no. Parto de la base en que todos somos "buenas personas".
A lo largo de mi vida poco he aprendido de las personas, y es por esa misma razón que prefiero alejarme de ellas. La soledad me permite esa libertad a la que vuelvo cada tanto intentando encontrar paz sin tener que excusarme por mi comportamiento, ni pedir perdón por mis actos. En tema de relaciones humanas admito que soy una ignorante, no entiendo el comportamiento del ser humano, así como tampoco, he logrado entender mi propio comportamiento para con los demás. Vivo proclamando y aconsejando a los otros que se dosifiquen en cuanto a sus sentimientos y emociones, que guarden la mayor parte para sí mismos, no apostarlo todo y sin embargo, soy la primera que, en el entusiasmo de sentirme comprendida, me vuelco por completo no reservándome nada para mi.
Y sin duda que esto, como todo, no es mas que otra jugada de mi ego demostrando su superioridad. Qué más podría ser por ejemplo, cuando me siento traicionada. De qué traición hablo, si las otras personas tienen que lidiar con sus propios problemas, cuando deben descubrir ellas mismas qué es lo que sienten y no están allí planeando alguna estrategia para acabar con mis expectativas.
Aún así, el sentimiento se desencadena, la desilusión termina por sepultar la esperanza de sentir que sí podía ser un ser sociable y me deja nuevamente sumergida en ese sabor amargo que a veces suele tener la soledad. Sin duda que esta no será la última vez que lo sienta, aún me quedan muchas mas desilusiones que vivir, y ese no será un motivo, al menos no en esta oportunidad para dejar de creer en las personas. Es justo en esos momentos, en los que son más hirientes, en que se dan a conocer tal cual son, así transparentes con sus "buenos" y "malos" sentimientos, a eso debiera darle algún mérito; debiera poder lidiar con eso y sentirme privilegiada que tengan ese grado de confianza conmigo que sean capaces mostrarme sus dos caras.
A decir verdad, no son ellos quienes me traicionan, más bien es mi afán de creer, de querer creer que son diferentes, esa capacidad de mi mente de intentar transformar mi mundo y querer volverlo "ideal" para mi beneficio. Es poco lo que se aprende de aquello que sale bien y de acuerdo a lo esperado, las lecciones mas grandes las he obtenido de esos momentos en que no salió como lo había pensado, es en ese instante en que se libera mi creatividad y busco la mejor estrategia para lidiar con eso, es ahí donde me fortalezco y me hago de las herramientas para enfrentarlo.
No dejo de confiar en la gente por que siento que me han desilusionado, veo en cada uno, una parte de mí que se personifica en ellos, un reflejo de lo que yo misma siento y soy capaz de hacer y eso me brinda de cierta propiedad para entenderlos, mas bien debo decir para entenderme a mí misma. En kabbalah me explicaron que la clave para llegar al siguiente nivel de trascendencia es uno de los tres mandamientos presentes en las tablas que entrega Yahvé a Moises: "ama a tu prójimo como a ti mismo". Eso implica experimentar, en carne propia, lo que el otro siente. Va más allá de la empatía, es sentir al otro tan parte de ti mismo, que vivas sus emociones. No me alejo de las personas por que me hayan desilusionado, si me alejo es mas bien por que en soledad puedo asimilar sus enseñanzas y lidiar con esa parte de mi que ellos vinieron a mostrarme.
Yo creo en las personas por defecto, suelo comenzar poniendo la confianza en ellos sin cuestionarme si son merecedores o no. Parto de la base en que todos somos "buenas personas".
A lo largo de mi vida poco he aprendido de las personas, y es por esa misma razón que prefiero alejarme de ellas. La soledad me permite esa libertad a la que vuelvo cada tanto intentando encontrar paz sin tener que excusarme por mi comportamiento, ni pedir perdón por mis actos. En tema de relaciones humanas admito que soy una ignorante, no entiendo el comportamiento del ser humano, así como tampoco, he logrado entender mi propio comportamiento para con los demás. Vivo proclamando y aconsejando a los otros que se dosifiquen en cuanto a sus sentimientos y emociones, que guarden la mayor parte para sí mismos, no apostarlo todo y sin embargo, soy la primera que, en el entusiasmo de sentirme comprendida, me vuelco por completo no reservándome nada para mi.
Y sin duda que esto, como todo, no es mas que otra jugada de mi ego demostrando su superioridad. Qué más podría ser por ejemplo, cuando me siento traicionada. De qué traición hablo, si las otras personas tienen que lidiar con sus propios problemas, cuando deben descubrir ellas mismas qué es lo que sienten y no están allí planeando alguna estrategia para acabar con mis expectativas.
Aún así, el sentimiento se desencadena, la desilusión termina por sepultar la esperanza de sentir que sí podía ser un ser sociable y me deja nuevamente sumergida en ese sabor amargo que a veces suele tener la soledad. Sin duda que esta no será la última vez que lo sienta, aún me quedan muchas mas desilusiones que vivir, y ese no será un motivo, al menos no en esta oportunidad para dejar de creer en las personas. Es justo en esos momentos, en los que son más hirientes, en que se dan a conocer tal cual son, así transparentes con sus "buenos" y "malos" sentimientos, a eso debiera darle algún mérito; debiera poder lidiar con eso y sentirme privilegiada que tengan ese grado de confianza conmigo que sean capaces mostrarme sus dos caras.
A decir verdad, no son ellos quienes me traicionan, más bien es mi afán de creer, de querer creer que son diferentes, esa capacidad de mi mente de intentar transformar mi mundo y querer volverlo "ideal" para mi beneficio. Es poco lo que se aprende de aquello que sale bien y de acuerdo a lo esperado, las lecciones mas grandes las he obtenido de esos momentos en que no salió como lo había pensado, es en ese instante en que se libera mi creatividad y busco la mejor estrategia para lidiar con eso, es ahí donde me fortalezco y me hago de las herramientas para enfrentarlo.
No dejo de confiar en la gente por que siento que me han desilusionado, veo en cada uno, una parte de mí que se personifica en ellos, un reflejo de lo que yo misma siento y soy capaz de hacer y eso me brinda de cierta propiedad para entenderlos, mas bien debo decir para entenderme a mí misma. En kabbalah me explicaron que la clave para llegar al siguiente nivel de trascendencia es uno de los tres mandamientos presentes en las tablas que entrega Yahvé a Moises: "ama a tu prójimo como a ti mismo". Eso implica experimentar, en carne propia, lo que el otro siente. Va más allá de la empatía, es sentir al otro tan parte de ti mismo, que vivas sus emociones. No me alejo de las personas por que me hayan desilusionado, si me alejo es mas bien por que en soledad puedo asimilar sus enseñanzas y lidiar con esa parte de mi que ellos vinieron a mostrarme.
El amor en sí
No son los errores que comete los que indican si es buena o no, es mas bien la actitud como lo enfrenta lo que hace la diferencia. Una frase extraída durante una conversación con mi actual jefe cuando intentaba explicarme el por qué de su regalo.
Comencé a tomarle el valor a aquellas situaciones difíciles que ocurren en la vida, aquellas que no logro entender por qué suceden, cuando empecé a cultivar la paciencia y a esperar que la suciedad decantara y dejara ver la claridad del agua.
Hasta ahora, he sido promovedora de el actuar por sobre el dejar que se actúe sobre nosotros, sin embargo, es justamente el tiempo con su maestría el que me ha mostrado el panorama con mayor amplitud. Muchas veces me vi envuelta en la terquedad que se desprende del dolor y el despecho declarando lo injusta que es la vida con quien no lo merece. Lo cierto es que cada cosa que ocurre no es mas que la consecuencia de una causa inicial que lo desencadenó; la tierra sólo te proveerá de aquello que cultivaste y cuidaste durante un determinado período de tiempo; no puedes esperar manzanas cuando sembraste peras.
Comencé a tomarle el valor a aquellas situaciones difíciles que ocurren en la vida, aquellas que no logro entender por qué suceden, cuando empecé a cultivar la paciencia y a esperar que la suciedad decantara y dejara ver la claridad del agua.
Hasta ahora, he sido promovedora de el actuar por sobre el dejar que se actúe sobre nosotros, sin embargo, es justamente el tiempo con su maestría el que me ha mostrado el panorama con mayor amplitud. Muchas veces me vi envuelta en la terquedad que se desprende del dolor y el despecho declarando lo injusta que es la vida con quien no lo merece. Lo cierto es que cada cosa que ocurre no es mas que la consecuencia de una causa inicial que lo desencadenó; la tierra sólo te proveerá de aquello que cultivaste y cuidaste durante un determinado período de tiempo; no puedes esperar manzanas cuando sembraste peras.
Una vida por derecho
El aborto, un tema tan controversial como sensible. Justificaciones como si es por violación o por inviabilidad del feto o riesgo de la vida de la madre, son argumentos que apoyan esta medida y que intentan enmarcarla dentro de la ley. Personalmente estoy en contra. Creo firmemente que la vida se va desarrollando de manera muy asertiva, inclusive esas veces en que nos sentimos incomprendidos e injustamente tratados a pesar de nuestras buenas acciones y comportamiento, no estoy de acuerdo con aquello. Soy partidaria que cada uno tiene lo que merece y que lo que vives no es más que el resultado de las acciones que has ido desarrollando.
Con esto no quiero decir que estoy a favor de la violación ni del sufrimiento físico y emocional que provoca la gestación de un ser que tu cuerpo rechaza y que a toda costa intenta expulsar, o que por otros motivos ese ser no se formará correctamente pudiendo traer complicaciones a el mismo o a su madre. La naturaleza se va desarrollando de manera muy sabia, entregándote solamente situaciones que eres capas de sostener y de este modo entrenándote para lo que viene. Henos aquí, el resultado de millones de años de evolución producto de esa misma sabiduría que nos ha situado en este período de tiempo y en este lugar. Ella es quien tiene la facultad de discriminar la permanencia o no de un ser aquí en esta tierra.
Acaso cientos de exámenes médicos pueden revelar con exactitud cuándo morirá una persona. Esos exámenes están basados en las estadísticas y en las experiencias de casos médicos similares anteriores y ninguno de ellos puede predecir con 100% de certeza cuál será el resultado. Pueden recomendarte, guiarte y aconsejarte, pero en ningún caso determinan qué debe hacerse por el sólo hecho de tomar las precauciones ante futuras acciones legales.
Y todas estas situaciones solamente se desprenden de nuestro individualismo. Con cada nuevo avance tecnológico vamos alimentando nuestro ego, en ese afán siempre presente, cualidad inherente del ser humano de creerse el ser superior, de querer controlarlo todo. Nos hemos vuelto una sociedad preocupantemente egoista, donde todas nuestras energías se concentran en el cómo evitar el dolor y alargar nuestra existencia física a cualquier precio.
Quiénes somos nosotros para decidir sobre la vida de otro, que del aborto, que de la pena de muerte. Por que no lo merecemos en el primer caso, y por que se lo merece en el segundo. Tal vez sobre la vida de cada cual, uno tenga la libertad de elegir. Pero es cuando nos sentimos con la libertad de decidir sobre otro lo que me perturba.
En vez de estar discutiendo si debemos legislar sobre estos temas solo para acallar nuestra consciencia, quizá sería mas apropiado preguntarnos no el porqué me sucedió, sino el para qué, de este modo dejamos de volvernos víctimas de las circunstancias, aprender de ello y volvernos protagonistas de nuestro propio desarrollo. Por qué le tememos tanto al dolor y a la miseria, si es ahí donde mas aprendemos. Por qué le tememos a la muerte, más bien a nuestra propia muerte.
Yo no sé con exactitud cuándo un feto es una persona, ni cuándo una persona ya formada que comete algún crimen deja de ser persona. Pero sé que ambos, sea cual fuere las circunstancias en que se vean envueltos, gozan de los mismos derechos que yo, y no hablo de derechos legales, que eso es sólo un invento del hombre para intentar ponerse de acuerdo y regular la vida en sociedad, mas bien me refiero a ese derecho natural que te puso en este lugar y que te da hoy la posibilidad de continuar con tu desarrollo.
Con esto no quiero decir que estoy a favor de la violación ni del sufrimiento físico y emocional que provoca la gestación de un ser que tu cuerpo rechaza y que a toda costa intenta expulsar, o que por otros motivos ese ser no se formará correctamente pudiendo traer complicaciones a el mismo o a su madre. La naturaleza se va desarrollando de manera muy sabia, entregándote solamente situaciones que eres capas de sostener y de este modo entrenándote para lo que viene. Henos aquí, el resultado de millones de años de evolución producto de esa misma sabiduría que nos ha situado en este período de tiempo y en este lugar. Ella es quien tiene la facultad de discriminar la permanencia o no de un ser aquí en esta tierra.
Acaso cientos de exámenes médicos pueden revelar con exactitud cuándo morirá una persona. Esos exámenes están basados en las estadísticas y en las experiencias de casos médicos similares anteriores y ninguno de ellos puede predecir con 100% de certeza cuál será el resultado. Pueden recomendarte, guiarte y aconsejarte, pero en ningún caso determinan qué debe hacerse por el sólo hecho de tomar las precauciones ante futuras acciones legales.
Y todas estas situaciones solamente se desprenden de nuestro individualismo. Con cada nuevo avance tecnológico vamos alimentando nuestro ego, en ese afán siempre presente, cualidad inherente del ser humano de creerse el ser superior, de querer controlarlo todo. Nos hemos vuelto una sociedad preocupantemente egoista, donde todas nuestras energías se concentran en el cómo evitar el dolor y alargar nuestra existencia física a cualquier precio.
Quiénes somos nosotros para decidir sobre la vida de otro, que del aborto, que de la pena de muerte. Por que no lo merecemos en el primer caso, y por que se lo merece en el segundo. Tal vez sobre la vida de cada cual, uno tenga la libertad de elegir. Pero es cuando nos sentimos con la libertad de decidir sobre otro lo que me perturba.
En vez de estar discutiendo si debemos legislar sobre estos temas solo para acallar nuestra consciencia, quizá sería mas apropiado preguntarnos no el porqué me sucedió, sino el para qué, de este modo dejamos de volvernos víctimas de las circunstancias, aprender de ello y volvernos protagonistas de nuestro propio desarrollo. Por qué le tememos tanto al dolor y a la miseria, si es ahí donde mas aprendemos. Por qué le tememos a la muerte, más bien a nuestra propia muerte.
Yo no sé con exactitud cuándo un feto es una persona, ni cuándo una persona ya formada que comete algún crimen deja de ser persona. Pero sé que ambos, sea cual fuere las circunstancias en que se vean envueltos, gozan de los mismos derechos que yo, y no hablo de derechos legales, que eso es sólo un invento del hombre para intentar ponerse de acuerdo y regular la vida en sociedad, mas bien me refiero a ese derecho natural que te puso en este lugar y que te da hoy la posibilidad de continuar con tu desarrollo.
Perderme en ti
No era el miedo a volver a amar lo que me impedía involucrarme, más bien era el temor a perderme a mi misma en ello.
Hubo una vez en que ame, una vez en que me entregué tanto que me perdí, y al final, cuando todas mis partes quedaron destrozadas, es que no supe cómo volver a reunirlas, no reconocí ninguna de aquellas piezas esparcidas, ni una me pareció siquiera familiar. Pero qué me pasó, en qué momento sucedió y cómo es que llegue a permitirlo.
No he vuelto a aferrarme a nadie mas, no de la manera que quisiera. No he tenido el valor para volver a crear lazos, ni amigos, ni parejas ni siquiera con mi familia y no por miedo a perderlos, es más bien el miedo a perderme a mi misma. Eso me ha llevado a temer aún más de la gente, a alejarme de todos intentando no perder la voz, no dejar de escucharme, de mirarme, de sentirme feliz. En todo lo que hago pretendo la felicidad y lo que me aleja de ello, procuro alejarlo de mi vida también. Muchas veces me ha pasado que me he equivocado, y por ese temor es que he abandonado relaciones importantes, con mi trabajo, con mis compañeros, y con mis amigos y familiares.
No creí que alguna vez pudiera dimensionar lo egocéntrica que me he vuelto desde que decidí emprender este viaje por mi misma. He descubierto lo pequeña y frágil que soy, y eso me ha vuelto mas fuerte y grande. Me siento muy satisfecha con lo que he logrado y lo que he descubierto.
Hoy descubrí que temo perderme otra vez, perder esa libertad de ser yo misma, por eso es que me inclino a la soledad, sólo por miedo, y aunque la disfruto me asusta pensar que sólo se debe a ese temor, no por quedarme sola, sino por quedarme sin mi.
Decir nada
Que tenga algo que decir, no significa necesariamente que siempre tengo que decirlo, muchas veces sólo con no decir nada, estoy comunicando lo necesario. Esta es una lección que recién ahora estoy aprendiendo.
Mi costumbre era siempre decir lo que pienso, me exponían un tema y esperaba poder dar mi opinión al respecto. Me preguntaban acerca de alguna situación en particular y ansiosa me apresuraba a contestar. Fue durante un suceso cotidiano, que empecé a darme cuenta que en ocasiones es mejor simplemente quedarme callada y tomar atención, que expresar abiertamente mis pensamientos. Mi sobrina preparaba un hot cake muy entusiasmada, luego de algunos intentos en la sartén uno finalmente le había quedado decente, ella muy emocionada me llamó para mostrarme como había quedado. A mí no me pareció gran cosa, la forma de aquel bocado era irregular y estaba algo quemado, cosa que inmediatamente le hice saber. Satisfecha me devolví a atender lo que había dejado. De lejos pude oír a mi sobrina hablarle al hot cake muy tiernamente consolándolo por aquellas duras palabras.
Hace un par de días mi tía había recibido la noticia que era muy probable que tuviera cáncer a una de sus mamas. Pasó después de su cita con el médico a contarme intentando buscar consuelo en mis palabras, esperando quizá sentirse apoyada en tan duro momento. Sin pensarlo demasiado le expuse toda una charla de lo que debía hacer de ahora en adelante y de cómo debía tomarlo. Su reacción, simplemente fue dar media vuelta y se marchó sin decir nada.
Unos días más tarde, ya angustiada llamó a casa diciendo que ya no podía más, acto seguido cortó comunicación. Mientras conducía hacia allá, pensaba en qué debía decirle, en aquel otro momento en que sabía que no se había sentido apoyada, y cómo remediarlo en esta oportunidad. Cuando llegué a su casa, simplemente me acerqué a ella y cayó descompuesta a mis brazos en un mar de lágrimas incontrolables, de sollozos sin aliento y de miles de preguntas que no intenté responder, solo en silencio me apresuré a sostenerla. Habló durante mas de una hora donde permanecí siempre atenta simplemente escuchándola. De apoco fui sintiendo cómo este silencio era mucho mas acogedor que mis rebuscadas palabras y fue así como se fue calmando hasta volver a incorporarse.
Había olvidado lo bien que se siente que te escuchen, que se den el tiempo simplemente para hacerte sentir el centro de la atención. Así también olvidé que las otras personas también tienen algo que decir, algo tan valioso e interesante como mi propia opinión. A veces uno no importa, y si el otro, un otro que necesita ser escuchado, que le basta solo con una mirada atenta y un hombro cálido que lo reciba. ¿O acaso importa que el hot cake haya quedado deforme o en un punto de cocción sobrepasado, o que un vestido no se amolde por completo a una silueta femenina, o que una corbata no combine con los pantalones, a veces lo más simple es lo suficiente, una mirada, un asentimiento con la cabeza, una sonrisa o simplemente un silencio dicen exactamente lo que se necesita.
Mi costumbre era siempre decir lo que pienso, me exponían un tema y esperaba poder dar mi opinión al respecto. Me preguntaban acerca de alguna situación en particular y ansiosa me apresuraba a contestar. Fue durante un suceso cotidiano, que empecé a darme cuenta que en ocasiones es mejor simplemente quedarme callada y tomar atención, que expresar abiertamente mis pensamientos. Mi sobrina preparaba un hot cake muy entusiasmada, luego de algunos intentos en la sartén uno finalmente le había quedado decente, ella muy emocionada me llamó para mostrarme como había quedado. A mí no me pareció gran cosa, la forma de aquel bocado era irregular y estaba algo quemado, cosa que inmediatamente le hice saber. Satisfecha me devolví a atender lo que había dejado. De lejos pude oír a mi sobrina hablarle al hot cake muy tiernamente consolándolo por aquellas duras palabras.
Hace un par de días mi tía había recibido la noticia que era muy probable que tuviera cáncer a una de sus mamas. Pasó después de su cita con el médico a contarme intentando buscar consuelo en mis palabras, esperando quizá sentirse apoyada en tan duro momento. Sin pensarlo demasiado le expuse toda una charla de lo que debía hacer de ahora en adelante y de cómo debía tomarlo. Su reacción, simplemente fue dar media vuelta y se marchó sin decir nada.
Unos días más tarde, ya angustiada llamó a casa diciendo que ya no podía más, acto seguido cortó comunicación. Mientras conducía hacia allá, pensaba en qué debía decirle, en aquel otro momento en que sabía que no se había sentido apoyada, y cómo remediarlo en esta oportunidad. Cuando llegué a su casa, simplemente me acerqué a ella y cayó descompuesta a mis brazos en un mar de lágrimas incontrolables, de sollozos sin aliento y de miles de preguntas que no intenté responder, solo en silencio me apresuré a sostenerla. Habló durante mas de una hora donde permanecí siempre atenta simplemente escuchándola. De apoco fui sintiendo cómo este silencio era mucho mas acogedor que mis rebuscadas palabras y fue así como se fue calmando hasta volver a incorporarse.
Había olvidado lo bien que se siente que te escuchen, que se den el tiempo simplemente para hacerte sentir el centro de la atención. Así también olvidé que las otras personas también tienen algo que decir, algo tan valioso e interesante como mi propia opinión. A veces uno no importa, y si el otro, un otro que necesita ser escuchado, que le basta solo con una mirada atenta y un hombro cálido que lo reciba. ¿O acaso importa que el hot cake haya quedado deforme o en un punto de cocción sobrepasado, o que un vestido no se amolde por completo a una silueta femenina, o que una corbata no combine con los pantalones, a veces lo más simple es lo suficiente, una mirada, un asentimiento con la cabeza, una sonrisa o simplemente un silencio dicen exactamente lo que se necesita.
Pierde la fe
No sabría cómo explicarlo. Pero es una sensación muy similar a la que veo en el video. Uno se esfuerza todo el tiempo en generar una actitud de confianza, de control en si mismo y en las cosas que deseas, cuando te das cuenta que a pesar de todo no da resultado. Ahí, cuando te ves superado por la situación y te das por vencido, ahí, recién ahí, llega lo que anhelaste.
Cuando tuve que explicarlo esta vez, fue algo así como, cuando pierdas la fe, ahí llegará. Es todo un proceso que parte en uno mismo, en el ego, en el control, en el afán de superioridad y autosuficiencia propio del ser humano, propio de mí, es algo más que confianza en si mismo, es ego en plena manifestación. Cuando crees tener el control, de ti mismo, de tus acciones y de tu entorno, ahí, en el límite de pronto te niegas a aceptar que no lo tienes, y que tal vez nunca lo tuviste y que la ilusión, esa esperanza de creer que si lo tenías, es la que te mantuvo en pié hasta ese momento. Tiempo después lo aceptas, y esa aceptación es más bien como una resignación, acompañado de congoja que te envuelve y te debilita, se sientes frágil y vulnerable, enojado y luego ya calmado, aceptas que eres sólo un ser humano, mortal, sensible, solitario. Y ahí, en esa humildad espiritual, de pronto, cuando ya no lo esperabas, sucede, sorpresivamente vuelves a creer, la desesperanza se vuelve esperanza y todo vuelve a comenzar.
No tengo miedo
No me he detenido precisamente en este punto a atender su significado y cómo es que funciona realmente, me he visto reducida ante él y ese indicio es suficiente para querer aminorar esa sensación de inseguridad que me impide tomar las decisiones que me he propuesto.
El amor es libertad
El contexto de esta frase pueda quizá confundirse, sin embargo, es válido para cualquier situación en la se experimente ese sentimiento.
Intentar definir el significado del amor es algo que, en este momento no me compete, una por que no tengo idea y otra por que no es el asunto que me convoca. Sé que existe por que lo he experimentado, o al menos tengo una vaga idea respecto de sus manifestaciones tanto físicas como emocionales. Más allá de querer explicar de qué se trata, solamente prefiero, por ahora enfocarme a sentirlo, vivirlo y disfrutarlo...
Aprender a amar
"Con cada palabra vuelvo a vivir
a través de los ojos de otro.
Nos encontraremos por la noche
empapados por la lluvia
y nos sorprenderemos
por cómo nos calmamos
mutuamente el dolor.
Serás tú el que me encuentre sana y salva?
El amor es lo que se pierde
no lo que se encuentra. leer todo...
Tal como soy
Me gusta el arte y el diseño, ambos permiten expresarse, cada uno a su modo, expresión al fin y al cabo. Con el arte puedo decir lo que que se me plazca, de la forma en que mejor me parezca. Con el diseño, intento interpretar lo que los demás quieren escuchar, lo que creo que necesitan, lo que yo necesito oír en realidad y que llega a mí a través de las personas.
Trabajo como diseñadora por que me gusta crear, me gusta que a la gente le guste lo que hago y lo aprecie, a través de mis diseños me siento estimada. No sabría exactamente si es por que quiero hacerlos felices a ellos, o porque lo que en realidad busco es encontrar lo que me hace feliz a mí.
Trabajo como diseñadora por que me gusta crear, me gusta que a la gente le guste lo que hago y lo aprecie, a través de mis diseños me siento estimada. No sabría exactamente si es por que quiero hacerlos felices a ellos, o porque lo que en realidad busco es encontrar lo que me hace feliz a mí.
¿Y no soy el centro del universo?
Quien no se equivoca, no aprende
Al parecer, la única forma efectiva de obtener resultados legítimos es a través del ensayo-error. Cabe destacar que en la ciencia este método es infalible; cientos de probabilidades y teorías son comprobadas sólo a partir de su experimentación.Si bien parece un escenario poco alentador, me atrevo a decretar que podemos encontrar beneficios que de otro modo no obtendríamos y, aunque esta suerte de azar al cual nos vemos sometidos arrastra consigo la amargura del sufrimiento, ese sentimiento que a cualquier precio buscamos evitar, la ganancia es inversamente proporcionalmente a ese dolor.
Autoretrato
Piensa en tres animales con los cuales te identificas o quisieras ser en alguna otra vida si te dieran a escoger. Elíjelos jerárquicamente desde el que más te parece al que menos. Este simple ejercicio puede demostrarnos a nosotros mismos lo equivocados que estamos cuando intentamos vernos a través de los ojos de los demás.
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