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¿Sabes que te quiero?
Uno no tendría que hacer esta pregunta si eso estuviera realmente claro.
Durante estos últimos años, he podido llegar a la conclusión que el mensaje que enviamos a nuestro receptor no es siempre comprendido al ciento por ciento por este. Mas bien, me atrevería a declarar que nuestro interlocutor muchas veces ni siquiera sabe que es para él.
Los malos entendidos suelen ser una de las causas más frecuentes de discusiones y en el peor de los casos de peleas entre las personas cualquiera sea la relación que tengan. Uno manifiesta un mensaje, ya sea por vía oral a través del lenguaje, o a través de los gestos y muecas, y no reparamos en que si este fue recibido como esperábamos que fuera, siquiera nos ocupamos de si entendió lo que quisimos decir.
El salto de la vida
Temor, ese fue el primer sentimiento que experimenté a medida que me iba acercando a ella. Siempre me han fascinado las cascadas, tan majestuosas, tan puras imponiéndose en el paisaje y, sin embargo, me atemorizan.
Fue durante mi último viaje, a Coyhaique, un viaje tan espontáneo como determinado. Una fotografía en un calendario de hace algunos años atrás, capturó una escena del paisaje de la cascada Coyhaique, que en invierno se congelaba, la vi y decidí que algún día iría allá.
Y así sucedió, debía planificar mis vacaciones, y las oportunidades de las promociones de LAN, me motivaron a tomar este destino para mi viaje.
Junto con este atractivo, para mi fortuna, fui espectadora de otros tantos saltos de agua que decoraban las faldas y quebradas de los cerros al interior de la reserva Cerro Castillo y alrededores de Coyhaique y Puerto Aysén. No alcancé a capturar en una fotografía cada una de las cascadas que pude divisar, pero sin duda que quedan guardadas en mi memoria.
Me di el tiempo de visitar dos cascadas situadas entre Coyhaique y Puerto Aysén, señaladas como atractivos turísticos de la zona: Cascada la virgen y velo de novia. Es esta última la que originó mi temor y que inspiró este relato. Un sentimiento situado entre el miedo y la intrepidez que dificultaban el acercarme hasta su base. Aún así, llegué hasta ella, me quedé observándola detenidamente intentando descifrar el origen de mi sobresalto y mi admiración simultáneas, qué ironía.
Una falla de la naturaleza, un salto en el correr de esos ríos tan apacibles a veces, tan violentos otras. Un atajo en el camino al enfrentar una quebrada donde se abren nuevas posibilidades de continuar. Una representación ostensible de los principios con los cuales se ha sostenido mi existencia.
Dos situaciones han determinado y modelado mi vida: el temor y la osadía. El primero volviendo prudente mis decisiones, recatando mi andar y dotándome de una comodidad, a veces difícil de abandonar. El segundo, me ha llevado por caminos insospechados que jamás creí capaz de transitar y que sin duda han marcado cada etapa de mi crecimiento. Cuando logro ir más allá, cuando soy capaz de vencer el miedo y me aventuro a lo desconocido, son esas instancias las que más he disfrutado. Momentos que le dan sentido y motivación a mi vida, por los cuales me decido a emprender, son los saltos que dan origen a estas majestuosas cascadas a las cuales me lanzo con temor sin tener claro donde me llevarán pero que le otorgan ese atractivo al paisaje de mi existencia.
Tuve miedo y aún así llegué hasta la base de esta cascada, 30 metros de altura de cientos de litros de agua que se precipitaban ante mi recordándome lo maravilloso que puede ser el desenlace de un obstáculo en el recorrido como pudiera verse a simple vista una quebrada.
He llegado a pensar que, mi ferviente interés por este atractivo natural no es mas que el reflejo implícito de cómo me siento. Deseando, muchas veces volverme cascada cuando al final del camino no veo otra salida.
Fue durante mi último viaje, a Coyhaique, un viaje tan espontáneo como determinado. Una fotografía en un calendario de hace algunos años atrás, capturó una escena del paisaje de la cascada Coyhaique, que en invierno se congelaba, la vi y decidí que algún día iría allá.
Y así sucedió, debía planificar mis vacaciones, y las oportunidades de las promociones de LAN, me motivaron a tomar este destino para mi viaje.
Junto con este atractivo, para mi fortuna, fui espectadora de otros tantos saltos de agua que decoraban las faldas y quebradas de los cerros al interior de la reserva Cerro Castillo y alrededores de Coyhaique y Puerto Aysén. No alcancé a capturar en una fotografía cada una de las cascadas que pude divisar, pero sin duda que quedan guardadas en mi memoria.
Me di el tiempo de visitar dos cascadas situadas entre Coyhaique y Puerto Aysén, señaladas como atractivos turísticos de la zona: Cascada la virgen y velo de novia. Es esta última la que originó mi temor y que inspiró este relato. Un sentimiento situado entre el miedo y la intrepidez que dificultaban el acercarme hasta su base. Aún así, llegué hasta ella, me quedé observándola detenidamente intentando descifrar el origen de mi sobresalto y mi admiración simultáneas, qué ironía.
Una falla de la naturaleza, un salto en el correr de esos ríos tan apacibles a veces, tan violentos otras. Un atajo en el camino al enfrentar una quebrada donde se abren nuevas posibilidades de continuar. Una representación ostensible de los principios con los cuales se ha sostenido mi existencia.
Dos situaciones han determinado y modelado mi vida: el temor y la osadía. El primero volviendo prudente mis decisiones, recatando mi andar y dotándome de una comodidad, a veces difícil de abandonar. El segundo, me ha llevado por caminos insospechados que jamás creí capaz de transitar y que sin duda han marcado cada etapa de mi crecimiento. Cuando logro ir más allá, cuando soy capaz de vencer el miedo y me aventuro a lo desconocido, son esas instancias las que más he disfrutado. Momentos que le dan sentido y motivación a mi vida, por los cuales me decido a emprender, son los saltos que dan origen a estas majestuosas cascadas a las cuales me lanzo con temor sin tener claro donde me llevarán pero que le otorgan ese atractivo al paisaje de mi existencia.
Tuve miedo y aún así llegué hasta la base de esta cascada, 30 metros de altura de cientos de litros de agua que se precipitaban ante mi recordándome lo maravilloso que puede ser el desenlace de un obstáculo en el recorrido como pudiera verse a simple vista una quebrada.
He llegado a pensar que, mi ferviente interés por este atractivo natural no es mas que el reflejo implícito de cómo me siento. Deseando, muchas veces volverme cascada cuando al final del camino no veo otra salida.
¿Por qué yo?
Hoy participé de "La marcha de los enfermos" convocada por un periodista de la televisión chilena diagnosticado de cáncer hace unos años y que hoy en día se ha transformado en un símbolo para personas luchan en contra de una enfermedad que los aqueja y que, por circunstancias económicas no pueden costearse un buen tratamiento.
Todo a su tiempo
Al igual que todo en la naturaleza, el hombre como parte está condicionado a parámetros temporales que suceden de acuerdo a un "programa". Una niña solo desde cierta edad puede procrear y esto se debe a que su cuerpo debe prepararse tanto física como emocionalmente para ello. Tiene que tener cierta amplitud de caderas para sostener al bebé, tiene que haber desarrollado hormonas especiales para este fin, etc.
Momentos
Derrepente me puse a reflexionar en lo desilusionada que me sentía con las personas que habían formado parte importante a lo largo de mi vida y me dio mucha tristeza pensar en ello, en que ya no están aquí por esa misma razón, por me me habían desilusionado y me había encargado de que ellos sintieran lo que yo había pasado en ese momento.
Mas desdichada me sentí cuando recordé lo que durante "los buenos momentos" pasamos juntos y cuestionarme, mas tarde si habían sido buenos para ellos también.
Ahora comienzo a preguntarme si tengo amigos, si algún día los tuve y si eso significó algo para mí y para ellos.
Mas desdichada me sentí cuando recordé lo que durante "los buenos momentos" pasamos juntos y cuestionarme, mas tarde si habían sido buenos para ellos también.
Ahora comienzo a preguntarme si tengo amigos, si algún día los tuve y si eso significó algo para mí y para ellos.
¿Miedo al Cambio?
No puedo dejar de comentar lo difícil que nos pone enfrentar un panorama distinto al que ya estamos habituados. Es obvio que tengamos cierto temor al cambio, pero en realidad no es el cambio el que nos asusta sino el como vamos a enfrentarlo. Un cambio drástico en nuestra rutina "normal" de vida implica una disposición particular con la cual, pasado un tiempo nos familiarizamos y en algún momento llegamos a dominarla.
Cuando nos cambia el escenario ahí la cosa se pone mas difícil, entonces llegamos a una bifurcación en el camino y debemos "elegir" por cual de ellas vamos a continuar. El tema de elegir siempre nos ha complicado la existencia, nos cuestionamos la vida, o lo que hemos vivido de ella, nos planteamos cosas que antes ni siquiera las habíamos pensado. Pero claro resultaría mas sencillo si el camino tuviera una sola dirección, por que allí no tenemos que hacer otra cosa si no seguir por ella y no debemos darnos el trabajo de "pensar".
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