Que decidan por mi
Ya lo superé
Qué factores son los que indican que un proceso está
superado. Por lo general hablamos de superación cuando ocurre algún hecho, inesperado
y que posee una connotación negativa y nos afecta. Un duelo, por ejemplo, el
perder a un ser querido requiere de un tiempo de procesamiento para ser
superado. Pero qué quiere decir realmente que algo esté “superado”.
Cuando era pequeña, mi sueño siempre fue tener un hijo. Ser
madre era para mí, la culminación de todo lo que había dado sentido a mi vida.
Fisiológicamente las mujeres venimos al mundo con un ciclo marcado en nuestro
cuerpo con el único objetivo de procrear. Un ciclo que, desde el inicio, de
acuerdo con información científica, ya viene con fecha de caducidad. Eso limita
nuestra postura frente a la maternidad y les pone un temporizador a nuestros
planes de desarrollarnos como seres individuales antes. Mi fin siempre fue ese,
ser madre y aunque se vio pospuesto muchas veces, nunca tuve en mis planes
desecharlo.
El día que me enteré de que ya no era mi decisión, debo
admitir que sentí un poco de alivio. La presión social que por tanto tiempo
sostuve sobre mis hombros, de aquí en adelante ya no sería una carga con la que
tenía que lidiar. Una preocupación menos, durante mucho tiempo, una responsabilidad de la cual la naturaleza, mi naturaleza como
mujer, me había dotado, y de algún modo me sentía responsable por sostener. Si
bien impactante en un principio, el tiempo ha dado cabida a la razón y ahora,
no sólo ya no soy capaz físicamente de procrear un hijo propio, sino que además
ese proceso fisiológico tan característico de la mujer, ya no se presenta cada
mes como era su costumbre. No es que lo extrañe, pero ahora que lo pienso ¿Era
eso lo que me hacía ser mujer?
Hay personas, seres humanos que desde que nacen sienten que fueron
designados con el género equivocado. ¿Qué es lo que hace que esas personas sientan
eso? ¿Acaso lo es el contar con un órgano reproductivo determinado? ¿O quizá lo
es la atracción al sexo opuesto? ¿Qué clasifica, en definitiva, quién es hombre
y quien mujer? ¿Es sólo un tema de etiquetas y finalmente todos tenemos la
capacidad de optar?
Nací mujer y fortalecí esa etiqueta durante todos estos
años, no por usar vestidos, mi gusto y atracción por el sexo opuesto, ni por mi
órgano genital femenino. Sino por que me sentí como una mujer, y todo lo que conceptualmente
en esa época y sociedad implicaba ser una; sensible, delicada, coqueta,
vulnerable, cambiante, introvertida. Todos conceptos que, en la actualidad
pudieran acuñarse a cualquier persona, independiente su sexo o género. Me
cuesta ir al ritmo de una sociedad tan cambiante como a la que hemos
evolucionado, me afectan las cosas y no puedo dejar pasar este hecho sin cuestionarme
y replantearme todo lo que había estipulado para mí. Partí mi vida siendo mujer
desde lado vulnerable, según los cánones de la época, y hoy soy mujer desde la
fortaleza y de algún u otro modo, desde la libertad.
Me declaro...culpable!
¿Qué tan culpable es uno por las decisiones que toma otro?
Porque uno puede aconsejarlos, darles el punto de vista personal de determinada situación, o simplemente juzgarlo. ¿Pero sea de la forma que sea, somos responsables de las decisiones que tomará al respecto nuestro interlocutor? Me niego rotundamente a creer esto. Uno no puede cargar el peso de otra vida, a menos claro que sea un hijo o alguna mascota que depende de ti. Pero si no es el caso, si es un amigo, una pareja o tu hermano, ¿Debes sentirte culpable si la decisión que le ayudaste a tomar no salió de buena manera? O simplemente te das la vuelta y sigues con tu vida.
Es complicado, ya que hay personas que, aunque no queramos admitirlo, sentimos la necesidad de validar nuestras decisiones con la opinión de los demás. Por algo preguntamos en primer lugar, para sentirnos apoyados. Así tendremos a alguien a quien culpar que no seamos nosotros mismos si algo sale mal. ¿Qué tan responsables somos de nuestras palabras cuando damos un consejo, al dar una opinión, o de reprochar ciertas conductas? ¿Hasta qué punto uno puede ser honesto y expresar su opinión sin caer en ser despiadado?
En esta era digital, donde una computadora parece ser la solución para responder, bajo un algoritmo desarrollado, a las dudas o consultas de un cliente en una empresa, me pregunto si esas máquinas serán capaces de resolver o determinar con qué tipo de personas es la que esta tratando. Si esa persona se sentirá ofendida o lastimada por alguna respuesta, o si será capaz de lidiar con la respuesta preparada para ella. ¿Estaremos tan desarrollados como para dejarle el trabajo emocional a una máquina, o peor aún, para que ella identifique un estado emocional y pueda responder acertadamente sin lastimar a nadie?
Será tan fácil poder desarrollar las emociones como ingresar los datos a una máquina y que bajo un aprendizaje automatizado pueda identificar una respuesta apropiada. Me gustaría pensar que sí, lo triste es justamente creer que podemos dejarle a una máquina nuestro desarrollo emocional y nuestro trato humanitario. Pensar quizá que lo único que nos diferenciaba del resto de los animales era justamente nuestra capacidad de pensar y de ser conscientes y que, si le delegamos ese trabajo a una máquina, ya solo seremos igual que el resto de ellos. Al menos la máquina no se sentirá culpable si alguna respuesta le arruina la vida a otra persona.
Cómo saber si es amor
Lo irreverente de pensar que no necesitas amor, es justamente en aquellas ocasiones cuando te quedas reflexionando por largo tiempo si lo que te sucedió es por amor o no lo es.
Crecí bajo el
cuidado de una madre que entendía el concepto de amor como cuidado, seguridad y
abrigo. Y debido a ello es que no he sentido la necesidad de exigir algún
sentimiento más allá de eso, ni de expresarlo tampoco. Mas bien debo admitir
que hasta me incomodan las expresiones más elementales que, de acuerdo con esta
cultura, son consideradas como muestras de educación, como lo es el saludo de
beso o los abrazos en determinadas ocasiones.
Muy por el contrario, prefiero evitarlas. Eso, sin duda que
me ha traído mas de un problema en lo social tanto con mis relaciones
amistosas, como con mi propia familia. Lo bueno es que, con el tiempo, aquellos
que han permanecido a mi lado lo han llegado a aceptar.
Ciertamente, hay momentos en la vida en que, por algún motivo,
descuidas ese resguardo emocional con el cual te propusiste vivir, y que hay
ciertas personas que, con su actitud, logran provocar un quiebre y pueden
dejarte pensando horas, intentando definir cómo te sientes frente a eso. Una
vez fue una compañera de la universidad, que llegó con un obsequio inesperado
para navidad, que dejaba entrever su preocupación por la elección de aquel
regalo. Hoy, es mi sobrino que, de la nada me ofrece una membresía de la
plataforma Amazon Prime. Quizá este relato no logre reflejar en detalle, lo que
esto significa. Poco sé yo de emociones, menos sabré de cómo expresarlas
correctamente.
Ese, tal vez, ha sido el gatillante de los errores más
marcados que he tenido en mi vida. El no poder darle a entender a las personas a
las que quiero qué, efectivamente, siento eso por ellas. Ni mi actitud lo
demuestra ni mis palabras lo confirman. Por lo general soy una persona directa,
que no mide sus palabras y algo tosca en los sentimientos, una combinación que
más que atraer personas, mas bien las espanta y que intenta ser independiente
de otras personas y de esos sentimientos.
Bajo aquellas
circunstancias la soledad se ha presentado como una buena opción para
desarrollar la vida. Hubo una vez que probé una alternativa diferente, pero
que, sin embargo no terminó de buena manera.
Déjalo morir
En función de...
Volver a estudiar, debo confesar, ha sido mucho mas agotador que lo que había imaginado. Cuando lo planeé, consideré que ya mas madura y con mas experiencia que la primera vez, me sería mucho mas fácil de llevar a cabo. Una vez mas como en muchos otros aspectos de mi vida, me equivoqué. He tenido que dedicar mucho mas tiempo del que me propuse y ha sido una tarea muy extenuante.
Una de las tantas cosas que he aprendido, o mas bien, comprendido, es que en matemática, una función es una relación que se establece entre dos términos, a través de la cual, uno depende del otro y se define a partir de este. El primero sería entonces la variable independiente y el segundo, la dependiente, puesto que su valor obedece cualquier variabilidad que sufra el primero y se designa como f(x) lo que significa que esta en función de "x". Por mi formación debo aceptar que las matemáticas me acompañarán por el resto de mi vida, y de hecho desde un principio lo hacían, sólo que yo no lograba verlo. Ahora puedo verlo y, como dice una frase de Einstein que alguna vez leí, si puedo explicarlo, entonces significa que lo he comprendido.
A raíz de la película bohemian rhapsody, donde el protagonista y quien inspira este film, se le ve claramente influenciado por su representante. Freddie Mercury, vocalista de la banda "Queen" inconscientemente va permitiendo que este maneje sus decisiones no sólo en su carrera sino también en su vida personal, lo que origina el quiebre que tuvo la banda en los 80'. Tiempo más tarde y luego de una serie de sucesos en que el personaje se encuentra a sí mismo, logra ordenar su vida y retorna a la banda con el conocido éxito que hasta ahora tiene. Freddie, entonces, estaba en función de Paul, su representante. Y al igual que una función matemática, este elemento definía la posición que tomaba en el espacio. Puede que esto sea una película, que si bien resulta de una investigación biográfica, sigue respetando un guión y, por tanto responde a la intención del director. Sin embargo esto es algo más común de lo que me gustaría aceptar y si me pongo a reflexionar, en solo segundos se viene a mi memoria episodios de mi vida donde he estado en función de otra persona, donde yo he sido la variable dependiente. Sin duda que así fue, y cuando el elemento quien me definía partía, yo quedaba sin saber dónde estaba o donde me dirigía perdiendo completamente el rumbo. Pero por qué permitía que las cosas llegaran a ese punto, por qué dejaba que otro elemento, otra persona me determinara y definiera cómo iba a ser mi vida. Por qué dejaba mi vida en función de...
Como en las matemáticas hay cosas que aún debo dejar que decanten en mi mente para poder comprenderlas. Y como en las matemáticas las cosas se van revelando cuando uno es capas de entender lo básico, lo fundamental para poder pasar al siguiente nivel. Sólo puedo multiplicar una vez que he aprendido a sumar, a integrar cuando sepa derivar. No antes, al menos así esta estructurado el programa de enseñanza y así lo he logrado asimilar. Como en matemáticas, la vida esta formada de elementos, de personas con quienes interactúas, estos elementos se pueden combinar, pueden interactuar entre si, pueden crear distintas operaciones. Hay elementos que pueden sumar, pero también hay quienes te restan, lo importante no es que no interactúes con ellos, lo esencial para poder ir resolviendo cada problema que se presenta, es que seas capas de diferenciar entre una operación y otra, en que seas capas de discernir y resolver cuando sea necesario. Descubrir quien te suma y quien te resta, quien te potencia y quien divide. Que seas capas de determinar cuando eres la variable independiente y cuando la dependiente y sobre todo que descubras el valor que tienes y tu aporte a cada operación.
Mejor que no
Hoy decidí actuar sin cuestionar los por qué frente a la situación. Lo usual es que deje de hacer ciertas cosas por el simple hecho de darles demasiadas vueltas en mi cabeza intentando exponer los hechos, inexistentes en la realidad, pero muy probables en mi retorcida y creativa mente que me hacen desistir. Que si hago esto puede pensar esto otro, que si lo hago va a reaccionar de esta manera, que se lo puede tomar a mal, y otros tantos hechos catastróficos que solo mi mente suele dar cabida. Y es así como me he perdido de hacer tantas cosas. bien lo decía alguien, de lo único que me arrepiento es de aquello que no he hecho.
En momentos soy tan espontánea y en otros tan insegura. Me temo que ahora estoy en lo segundo; esperando que las cosas pasen, y cuando no pasan, me desilusiono y con la desilusión mi inseguridad aumenta y así se me van los días hundida en una melancolía que me agobia. Hoy fue uno de esos días en que decidí cortar con ese patrón y ser yo la responsable de que las cosas pasen. Dejé a un lado el orgullo, abrí mi corazón y tomé la iniciativa. Lo mejor de todo, es que nada resultó como lo había pensado, y digo lo mejor por que cuando uno pasa por un proceso de negatividad en su vida, en lo único en que le va bien pensar, es en que todo saldrá mal. Pues no, me fue bien. Desde mi partida, con mi madre las relaciones han estado un poco distantes, sus juicios y mi soberbia nos han distanciado mas de lo que pretendía y ya casi ni hablábamos. Desde mi partida sentía que ella había perdido el interés por mi bienestar y mi orgullo me mantenía en un estado de frialdad que me llevó a tomar distancia. Pues bien la invité a mi nueva casa, me esmeré en que todo estuviera perfecto para que viera lo bien y feliz que estaba ahora con mi nueva vida. Cabe destacar que efectivamente estoy muy feliz, sin embargo este distanciamiento familiar era algo que no permitía disfrutar a cabalidad con este nuevo proyecto de vida. Al principio fue todo muy coloquial, como una reunión entre desconocidos. Al pasar las horas, uno que otro comentario motivó una bocanada de sentimientos por parte de mi madre con sus reproches de mala hija con un tono displicente que en otro momento me hubieran hundido. Frente a ello tenía dos opciones, o le contestaba en el mismo tono defendiéndome, o la escuchaba sin sentirme ofendida. El objetivo del almuerzo era acercarme a ella y si me inclinaba por la primera opción, el esfuerzo de dejar mi orgullo a un lado no hubiese servido de nada. Escuché cada palabra que salía disparada de su boca, observé cada figura de su rostro, el brillo de sus ojos, el quiebre de su voz, sus sollozantes pausas, hasta que se detuvo. No fue necesario decir nada, el silencio, en ese momento dijo más de nosotras que todo lo que no habíamos hablado en meses y finalmente nos acercamos.
Es extraño como funciona la mente intentado llenar espacios en cada historia. Lo que no sabemos, creemos que puede ser de determinada manera dependiendo el estado en que nos encontremos. Si estamos bien, jamás pensaremos mal del resto. Es cuando nos volvemos inseguros cuando nos sentimos perseguidos y creemos que el mundo es un lugar de personas que se mueven bajo esos mismos parámetros. El mundo que nos rodea es un reflejo de nuestro propio mundo interior. Las personas a nuestro alrededor vienen a mostrarnos aspectos de nosotros mismos. Si dejamos que nuestro orgullo nos aleje de ello, nos estamos separando más de nosotros mismos negando nuestra propia existencia. De cuánto nos hemos perdido escudándonos en un "mejor que no". Cuántas historias no se han contado por nuestras inseguridades, historias que hubiesen podido haber dado otra dirección a nuestras vidas, quien sabe. Sin duda que este es el primero de muchos actos donde tomo mas protagonismo en mi vida haciendo que las cosas sucedan, actuando mas, esperando menos; escuchando mas, hablando menos. Disfrutando mas, cuestionando menos; mas que escribiendo la historia, viviéndola.
El amor es así
La motivación donde menos la esperas
Cuando uno emprende un proyecto, cualquiera sea la naturaleza de este, la motivación y la voluntad serán clave para llegar a puerto. Lo lógico es que la primera se presente de manera inherente por el sólo hecho de "querer hacer algo", sin embargo, en ocasiones esto no se da espontáneamente por lo que debemos acudir a energías superiores que mantengan ese ánimo por el tiempo que dure dicho proceso.La voluntad no es algo con lo que uno nazca, si no se tiene, puede desarrollarse. En un principio y alineada con la motivación puede facilitarse dicho proceso.
Hoy encontré mi motivación en una desilusión. Cuando esperas que suceda cierto episodio en tu vida y trabajas arduamente y con paciencia para que ello ocurra y, aún así resulta que nada se desenvuelve según lo previsto; ahí suele desencadenarse un sentimiento de desilusión del cual pueden desprenderse dos opciones: una es que te hundas en una tristeza que absorbe tus energías dejándote sin fuerzas para continuar y de lo único que seas capaz de lamentar tu situación. Y otra, por la que he decidido optar esta vez, tomar tu desilusión a los hombros y utilizarla como una inyección de energía para aquello que te planteaste alguna vez emprender pero que ya hacía dormido junto con otros proyectos que han sido abandonados por la pereza.
Tal vez de eso se trate el madurar, he aquí el libre albedrío en todo su esplendor. La capacidad de tomar decisiones, de poder lidiar con esas decisiones y con las consecuencias que ello trae consigo. Hoy quizá tome una de esas decisiones de las que podría decirse que llegue a arrepentirme, nada que hacer, el acto se consumó y es hora de hacerse cargo. No puedo pensar en lamentarme, es tiempo de actuar. Es el resultado de tratar con seres humanos, muchas veces mas animales de lo que uno pudiera pensar. En otro momento quizá este episodio hubiera sido motivo de alegría y no estaría escribiendo estas letras que por mas madura que puedan parecer, guardan consigo una profunda tristeza que en otras circunstancias me hubieran arrojado en lo profundo.
Lo acepto, le doy un par de vueltas en mi cabeza y luego lo dejo pasar. Ahora cuento con otra herramienta, con otra motivación que me permite seguir adelante resolviendo e intentando componer mi vida acorde con lo que siento es el mejor camino.
Mientras pueda, voy a reir
Suelo poner atención a los mensajes que vienen desde mi entorno, en especial aquellos que provienen de personas mayores, bajo la sensación que por más desgastados e ingenuos que puedan parecerme, sus palabras contienen toda una vida de las mas diversas y enriquecedoras experiencias que su cerebro, ya deteriorado por el tiempo, aún logra mantener y que sin vacilaciones son lanzadas cada vez que se presenta una oportunidad.
Confío en ti
Yo creo en las personas por defecto, suelo comenzar poniendo la confianza en ellos sin cuestionarme si son merecedores o no. Parto de la base en que todos somos "buenas personas".
A lo largo de mi vida poco he aprendido de las personas, y es por esa misma razón que prefiero alejarme de ellas. La soledad me permite esa libertad a la que vuelvo cada tanto intentando encontrar paz sin tener que excusarme por mi comportamiento, ni pedir perdón por mis actos. En tema de relaciones humanas admito que soy una ignorante, no entiendo el comportamiento del ser humano, así como tampoco, he logrado entender mi propio comportamiento para con los demás. Vivo proclamando y aconsejando a los otros que se dosifiquen en cuanto a sus sentimientos y emociones, que guarden la mayor parte para sí mismos, no apostarlo todo y sin embargo, soy la primera que, en el entusiasmo de sentirme comprendida, me vuelco por completo no reservándome nada para mi.
Y sin duda que esto, como todo, no es mas que otra jugada de mi ego demostrando su superioridad. Qué más podría ser por ejemplo, cuando me siento traicionada. De qué traición hablo, si las otras personas tienen que lidiar con sus propios problemas, cuando deben descubrir ellas mismas qué es lo que sienten y no están allí planeando alguna estrategia para acabar con mis expectativas.
Aún así, el sentimiento se desencadena, la desilusión termina por sepultar la esperanza de sentir que sí podía ser un ser sociable y me deja nuevamente sumergida en ese sabor amargo que a veces suele tener la soledad. Sin duda que esta no será la última vez que lo sienta, aún me quedan muchas mas desilusiones que vivir, y ese no será un motivo, al menos no en esta oportunidad para dejar de creer en las personas. Es justo en esos momentos, en los que son más hirientes, en que se dan a conocer tal cual son, así transparentes con sus "buenos" y "malos" sentimientos, a eso debiera darle algún mérito; debiera poder lidiar con eso y sentirme privilegiada que tengan ese grado de confianza conmigo que sean capaces mostrarme sus dos caras.
A decir verdad, no son ellos quienes me traicionan, más bien es mi afán de creer, de querer creer que son diferentes, esa capacidad de mi mente de intentar transformar mi mundo y querer volverlo "ideal" para mi beneficio. Es poco lo que se aprende de aquello que sale bien y de acuerdo a lo esperado, las lecciones mas grandes las he obtenido de esos momentos en que no salió como lo había pensado, es en ese instante en que se libera mi creatividad y busco la mejor estrategia para lidiar con eso, es ahí donde me fortalezco y me hago de las herramientas para enfrentarlo.
No dejo de confiar en la gente por que siento que me han desilusionado, veo en cada uno, una parte de mí que se personifica en ellos, un reflejo de lo que yo misma siento y soy capaz de hacer y eso me brinda de cierta propiedad para entenderlos, mas bien debo decir para entenderme a mí misma. En kabbalah me explicaron que la clave para llegar al siguiente nivel de trascendencia es uno de los tres mandamientos presentes en las tablas que entrega Yahvé a Moises: "ama a tu prójimo como a ti mismo". Eso implica experimentar, en carne propia, lo que el otro siente. Va más allá de la empatía, es sentir al otro tan parte de ti mismo, que vivas sus emociones. No me alejo de las personas por que me hayan desilusionado, si me alejo es mas bien por que en soledad puedo asimilar sus enseñanzas y lidiar con esa parte de mi que ellos vinieron a mostrarme.
El amor en sí
Comencé a tomarle el valor a aquellas situaciones difíciles que ocurren en la vida, aquellas que no logro entender por qué suceden, cuando empecé a cultivar la paciencia y a esperar que la suciedad decantara y dejara ver la claridad del agua.
Hasta ahora, he sido promovedora de el actuar por sobre el dejar que se actúe sobre nosotros, sin embargo, es justamente el tiempo con su maestría el que me ha mostrado el panorama con mayor amplitud. Muchas veces me vi envuelta en la terquedad que se desprende del dolor y el despecho declarando lo injusta que es la vida con quien no lo merece. Lo cierto es que cada cosa que ocurre no es mas que la consecuencia de una causa inicial que lo desencadenó; la tierra sólo te proveerá de aquello que cultivaste y cuidaste durante un determinado período de tiempo; no puedes esperar manzanas cuando sembraste peras.
Vuelves a mi
En la película: "Comer, rezar, amar"; en una de las escenas en que la protagonista, interpretada por Julia Roberts se encuentra en India intentando meditar, uno de sus compañeros le indica que no debe en evitar los pensamientos, sino seleccionarlos.
Tal vez a los monjes budistas en la tranquilidad del Himalaya, o a Julia Roberts en la grabación de una película esto pueda resultar una tarea fácil, para mí se ha convertido en todo un desafío. Si bien soy una promovedora de la idea de lograr control mental en cada una de las acciones que realicemos, de manera que sea uno quien controla su mente y no al revés; debo admitir que yo, hasta ahora, no lo he logrado. Diversos pensamientos se suceden caprichosamente en mi cabeza, muchas veces perturbando mi tranquilidad.
Un estudio científico concluyó que el cerebro suele reciclar ciertos recuerdos de manera de dar cabida a otros nuevos . Es así como no recordamos, por ejemplo vivencias más allá de los 5 años de edad. La experiencia debe marcarte de alguna manera para que este logre permanecer a través del tiempo en la memoria, de otro modo se convertirán en un candidato para ser borrado en un acto inconsciente de eficiencia del cerebro. De este estudio me surge la interrogante: qué criterio utilizará el cerebro para determinar con cuál recuerdo se queda. Qué acciones serán tan decidoras que se ganarán el espacio para permanecer. Si tuviera más consciencia de este proceso, sin duda que hubiera escogido aquellos recuerdos en donde conseguí exitosa lo que me había propuesto como aprender a caminar, por ejemplo. Pero, a decir verdad, recuerdo vagamente algún episodio especifico de aquellos inocentes años en que ni siquiera imaginaba lo que estaba por venir.
Hoy resultó ser uno de esos días en que quisiera controlar ese don y poder seleccionar mis pensamientos a quienes les quiero dar cabida en mi mente. Desearía no tener que seguir dándole vueltas una y otra vez en mi cabeza y mortificándome con aquellos que ni me prestan ninguna utilidad, ni me hacen sentir bien. Es como cuando traes una canción pegada que ni te agrada y que te sabes hasta la letra y la tarareas una y otra vez con disgusto.
Más allá de una canción que se te repite, existen ciertos pensamientos que vuelven a ti, en una actitud masoquista rememoran incluso, el dolor que sentiste cuando viviste esa experiencia. Es tan vívido el recuerdo que no logras lidiar con las reacciones que ese dolor te provoca, tales como escalofríos en la piel y lágrimas incontrolables asomándose en tus ojos.
El eterno resplandor de una mente sin recuerdos, es una de esas películas que podrían explicar esos momentos en particular. Ese, en que de ser real esa posibilidad, sin duda, en algún momento, hubiese recurrido a ella. No es bueno olvidar, pues en ello se basa el aprendizaje, pero hay ciertos momentos en que no piensas en otra alternativa, y es que en el amor, todo se vale o no?. En palabras generales la película trata de un hombre que recurre a un particular método para borrar en parte de su memoria, los recuerdos de una mujer de la cual se había enamorado y que ya no esta en su vida.
Cual sea el caso, la capacidad de elegir con qué pensamiento me voy a quedar es sólo una habilidad que se puede lograr con mucha práctica y ayuda, en un principio. Mientras menos recurras a esos pensamientos, mientras menos atención le prestes, solos se irán desvaneciendo quedando relegados y en el mejor de los casos,serán reciclados para darle espacio a esos momentos que si valen la pena recordar y que traerlos a tu memoria sólo te generarían satisfacción.
Una vida por derecho
Con esto no quiero decir que estoy a favor de la violación ni del sufrimiento físico y emocional que provoca la gestación de un ser que tu cuerpo rechaza y que a toda costa intenta expulsar, o que por otros motivos ese ser no se formará correctamente pudiendo traer complicaciones a el mismo o a su madre. La naturaleza se va desarrollando de manera muy sabia, entregándote solamente situaciones que eres capas de sostener y de este modo entrenándote para lo que viene. Henos aquí, el resultado de millones de años de evolución producto de esa misma sabiduría que nos ha situado en este período de tiempo y en este lugar. Ella es quien tiene la facultad de discriminar la permanencia o no de un ser aquí en esta tierra.
Acaso cientos de exámenes médicos pueden revelar con exactitud cuándo morirá una persona. Esos exámenes están basados en las estadísticas y en las experiencias de casos médicos similares anteriores y ninguno de ellos puede predecir con 100% de certeza cuál será el resultado. Pueden recomendarte, guiarte y aconsejarte, pero en ningún caso determinan qué debe hacerse por el sólo hecho de tomar las precauciones ante futuras acciones legales.
Y todas estas situaciones solamente se desprenden de nuestro individualismo. Con cada nuevo avance tecnológico vamos alimentando nuestro ego, en ese afán siempre presente, cualidad inherente del ser humano de creerse el ser superior, de querer controlarlo todo. Nos hemos vuelto una sociedad preocupantemente egoista, donde todas nuestras energías se concentran en el cómo evitar el dolor y alargar nuestra existencia física a cualquier precio.
Quiénes somos nosotros para decidir sobre la vida de otro, que del aborto, que de la pena de muerte. Por que no lo merecemos en el primer caso, y por que se lo merece en el segundo. Tal vez sobre la vida de cada cual, uno tenga la libertad de elegir. Pero es cuando nos sentimos con la libertad de decidir sobre otro lo que me perturba.
En vez de estar discutiendo si debemos legislar sobre estos temas solo para acallar nuestra consciencia, quizá sería mas apropiado preguntarnos no el porqué me sucedió, sino el para qué, de este modo dejamos de volvernos víctimas de las circunstancias, aprender de ello y volvernos protagonistas de nuestro propio desarrollo. Por qué le tememos tanto al dolor y a la miseria, si es ahí donde mas aprendemos. Por qué le tememos a la muerte, más bien a nuestra propia muerte.
Yo no sé con exactitud cuándo un feto es una persona, ni cuándo una persona ya formada que comete algún crimen deja de ser persona. Pero sé que ambos, sea cual fuere las circunstancias en que se vean envueltos, gozan de los mismos derechos que yo, y no hablo de derechos legales, que eso es sólo un invento del hombre para intentar ponerse de acuerdo y regular la vida en sociedad, mas bien me refiero a ese derecho natural que te puso en este lugar y que te da hoy la posibilidad de continuar con tu desarrollo.
El salto de la vida
Fue durante mi último viaje, a Coyhaique, un viaje tan espontáneo como determinado. Una fotografía en un calendario de hace algunos años atrás, capturó una escena del paisaje de la cascada Coyhaique, que en invierno se congelaba, la vi y decidí que algún día iría allá.
Y así sucedió, debía planificar mis vacaciones, y las oportunidades de las promociones de LAN, me motivaron a tomar este destino para mi viaje.
Junto con este atractivo, para mi fortuna, fui espectadora de otros tantos saltos de agua que decoraban las faldas y quebradas de los cerros al interior de la reserva Cerro Castillo y alrededores de Coyhaique y Puerto Aysén. No alcancé a capturar en una fotografía cada una de las cascadas que pude divisar, pero sin duda que quedan guardadas en mi memoria.
Me di el tiempo de visitar dos cascadas situadas entre Coyhaique y Puerto Aysén, señaladas como atractivos turísticos de la zona: Cascada la virgen y velo de novia. Es esta última la que originó mi temor y que inspiró este relato. Un sentimiento situado entre el miedo y la intrepidez que dificultaban el acercarme hasta su base. Aún así, llegué hasta ella, me quedé observándola detenidamente intentando descifrar el origen de mi sobresalto y mi admiración simultáneas, qué ironía.
Una falla de la naturaleza, un salto en el correr de esos ríos tan apacibles a veces, tan violentos otras. Un atajo en el camino al enfrentar una quebrada donde se abren nuevas posibilidades de continuar. Una representación ostensible de los principios con los cuales se ha sostenido mi existencia.
Dos situaciones han determinado y modelado mi vida: el temor y la osadía. El primero volviendo prudente mis decisiones, recatando mi andar y dotándome de una comodidad, a veces difícil de abandonar. El segundo, me ha llevado por caminos insospechados que jamás creí capaz de transitar y que sin duda han marcado cada etapa de mi crecimiento. Cuando logro ir más allá, cuando soy capaz de vencer el miedo y me aventuro a lo desconocido, son esas instancias las que más he disfrutado. Momentos que le dan sentido y motivación a mi vida, por los cuales me decido a emprender, son los saltos que dan origen a estas majestuosas cascadas a las cuales me lanzo con temor sin tener claro donde me llevarán pero que le otorgan ese atractivo al paisaje de mi existencia.
Tuve miedo y aún así llegué hasta la base de esta cascada, 30 metros de altura de cientos de litros de agua que se precipitaban ante mi recordándome lo maravilloso que puede ser el desenlace de un obstáculo en el recorrido como pudiera verse a simple vista una quebrada.
He llegado a pensar que, mi ferviente interés por este atractivo natural no es mas que el reflejo implícito de cómo me siento. Deseando, muchas veces volverme cascada cuando al final del camino no veo otra salida.
Llegar a ser
Momentos, situaciones, particularidades e inclusive personas que se presentan en nuestra vida, pudiera pensarse que de forma espontánea, llegan ahí para modificar los resultados, brindándole al destino cierta flexibilidad. Se convierten en ese factor sorpresa que vuelve interesante al diario vivir, como una oportunidad para reafirmar o cambiar ese destino el cual desconocemos pero que muchas veces, se vuelve predecible y aburrido.
Cualquiera sea el caso, la decisión de cambiarlo es personal. El querer otro rumbo, continuar en otra dirección, será sólo el resultado de nuestra entereza, y claro, puesto que hacerlo es apostar todo lo que hemos construido, a un destino completamente desconocido e inesperado. Es abandonarlo todo sin tener la menor certeza de éxito. Y bueno, ese es, después de todo, el encanto de la vida, es ese aventurarse con la esperanza de obtener un buen resultado; y con "buen resultado" me refiero a ese final feliz que anhelamos alcanzar con nuestros actos, por que, muchas veces no es en lo que habíamos pensado, suele no ser lo que habíamos planeado, pero cuando obtenemos esa sorpresa al final del camino, parece ser que era justo lo que necesitábamos.
Es una constante en mi vida, cambio de planes y una nueva jugada. Quisiera no sólo parecer segura de mi misma, para variar, me gustaría también estarlo. Desearía creer en mis propias palabras y, por un instante estar tranquila de que "todo saldrá bien". Podría sentarme a analizar todos mis logros, todos esos triunfos, momentos en que sentí desvancerme y perder la esperanza, para luego darme cuenta que todo se resolvía mágica y perfectamente a mi satisfacción.
Aún no logro desprenderme de lo que he perdido, todo aquello que ha quedado atrás y que ahora me persigue como un fantasma atormentando cada nueva decisión que pretendo tomar en pro de un camino diferente. Cuando me doy cuenta que la dirección que sigo me lleva a una vida que no quiero, una a la cual no pertenezco y me siento ajena e intranquila. Disfrazada de éxito, se presenta tentadora la oferta de continuar, parece ser un atajo que puede acortar la brecha entre lo que soy ahora y lo que debiera llegar a ser.
Pero esa no soy yo, y cada paso hacia allá me va modificando, voy mutando a un ser que no logro identificar, tan ajeno, tan solitario, tan ausente. Tal vez no tengo claro quien soy y que quiero hacer, pero de lo que si estoy segura es que en lo que me estoy convirtiendo, no me agrada.
Todo lo que he deseado me ha sido concedido. El problema radica en que, soy tan caprichosa que muchas veces pido lo que se necesita, más que lo que realmente deseo llegar a ser.
El mundo como somos
Parecen tan seguras que a ratos me hacen pensar que ya lo han descubierto. El sentido de sus vidas, digo, eso me hace sentir una ignorante y ermitaña en un mundo que no me necesita. Pero luego pienso en las hormigas, parecen tan insignificantes, tan diminutas e inservibles que llegaba a preguntarme el porqué de su existencia. Quien diría que ellas inician el ciclo del cual se desprende mi propia vida y cual engranaje contribuyen al equilibrio en la tierra.
No vemos el mundo como es, sino como somos es una frase que extraje de un sitio web de frases y citas que me inspiró. Cada uno ve lo que ve de acuerdo a su propia experiencia, la explicación del mundo es a través de unos ojos que no vieron las mismas cosas que yo, y de acuerdo a eso es cómo lo damos a conocer. Prejuicios y etiquetas suelen enturbiar esos pensamientos alterando la realidad, pero qué realidad, ni idea. Ya no sé lo que es real de lo que no, vivo inmersa en la ilusión, mí perspectiva del mundo. Un mundo que he creado para mí donde no soy parte de él y donde tampoco quiero serlo.
Decir nada
Mi costumbre era siempre decir lo que pienso, me exponían un tema y esperaba poder dar mi opinión al respecto. Me preguntaban acerca de alguna situación en particular y ansiosa me apresuraba a contestar. Fue durante un suceso cotidiano, que empecé a darme cuenta que en ocasiones es mejor simplemente quedarme callada y tomar atención, que expresar abiertamente mis pensamientos. Mi sobrina preparaba un hot cake muy entusiasmada, luego de algunos intentos en la sartén uno finalmente le había quedado decente, ella muy emocionada me llamó para mostrarme como había quedado. A mí no me pareció gran cosa, la forma de aquel bocado era irregular y estaba algo quemado, cosa que inmediatamente le hice saber. Satisfecha me devolví a atender lo que había dejado. De lejos pude oír a mi sobrina hablarle al hot cake muy tiernamente consolándolo por aquellas duras palabras.
Hace un par de días mi tía había recibido la noticia que era muy probable que tuviera cáncer a una de sus mamas. Pasó después de su cita con el médico a contarme intentando buscar consuelo en mis palabras, esperando quizá sentirse apoyada en tan duro momento. Sin pensarlo demasiado le expuse toda una charla de lo que debía hacer de ahora en adelante y de cómo debía tomarlo. Su reacción, simplemente fue dar media vuelta y se marchó sin decir nada.
Unos días más tarde, ya angustiada llamó a casa diciendo que ya no podía más, acto seguido cortó comunicación. Mientras conducía hacia allá, pensaba en qué debía decirle, en aquel otro momento en que sabía que no se había sentido apoyada, y cómo remediarlo en esta oportunidad. Cuando llegué a su casa, simplemente me acerqué a ella y cayó descompuesta a mis brazos en un mar de lágrimas incontrolables, de sollozos sin aliento y de miles de preguntas que no intenté responder, solo en silencio me apresuré a sostenerla. Habló durante mas de una hora donde permanecí siempre atenta simplemente escuchándola. De apoco fui sintiendo cómo este silencio era mucho mas acogedor que mis rebuscadas palabras y fue así como se fue calmando hasta volver a incorporarse.
Había olvidado lo bien que se siente que te escuchen, que se den el tiempo simplemente para hacerte sentir el centro de la atención. Así también olvidé que las otras personas también tienen algo que decir, algo tan valioso e interesante como mi propia opinión. A veces uno no importa, y si el otro, un otro que necesita ser escuchado, que le basta solo con una mirada atenta y un hombro cálido que lo reciba. ¿O acaso importa que el hot cake haya quedado deforme o en un punto de cocción sobrepasado, o que un vestido no se amolde por completo a una silueta femenina, o que una corbata no combine con los pantalones, a veces lo más simple es lo suficiente, una mirada, un asentimiento con la cabeza, una sonrisa o simplemente un silencio dicen exactamente lo que se necesita.
El cáncer y el entendimiento de la vida
A qué viene toda esta profunda reflexión a esta hora de la madrugada, pues simplemente a un hecho, entre tantos que han llamado mi atención. El título de esta publicación, el cáncer y el entendimiento de la vida, se debe a la conexión de puntos que justamente hoy me hicieron sentido. Tiempo atrás, cuando estaba en un proceso mental y espiritual inestable, en una de las citas con la terapeuta holística, ella me comentó que la explicación espiritual del cáncer no era otra que la pérdida de identidad. Eso a raíz de mi historial familiar en el que ya 3 parientes cercanos habían muerto aquejados por esta enfermedad.
A raíz de este comentario es que comencé a investigar más a fondo el tema de las enfermedades en términos espirituales, buscando y corrigiendo el origen más que el síntoma que nos aqueja. Un origen que tengo la certeza se encuentra en la condición espiritual más que en lo físico y que es en este último en que se manifiesta como llamado de alerta para atender alguna deficiencia emocional.
Hoy, por primera vez y a raíz de una situación de emergencia que vive un pariente cercano operado de un tumor canceroso, es que decidí conocer qué es y cómo funciona el cáncer en el cuerpo humano.
La primera persona que vi enferma de cáncer fue una escena impactante que aún permanece fresca en mi memoria. La vecina de una tía había sido diagnosticada de cáncer de mamas en aquellos tiempos en que aún no se sabía mucho y eran muy pocos quienes lo padecían. Recuerdo el olor a putrefacción que sentí al entrar en su habitación y aún más la herida, similar a una quemadura grado 3 que rodeaba su pecho el cual mantenía al descubierto de manera que el aire en algo lograra aliviar su intenso dolor. La pus hervía en algunos sectores más afectados dejando ver lo monstruoso de esta enfermedad.
El cuerpo funciona en base a células, éstas almacenan y controlan la información para la superviviencia. En condiciones de diagnóstico de cáncer, las células se aferran a su continuidad y aún muertas no son desechadas, se acumulan formando un bulto o tumor denso en la zona afectada. El descontrol también afecta su reproducción que siendo innecesaria continúa multiplicándose y entorpeciendo el normal funcionamiento de él o los órganos afectados.
Entender este proceso me motivó a entablar algunas teorías de sus causas. La vida nos ha sido entregada para vivirla, en ella, cada cosa que hagamos cuenta. El tiempo es solo una ilusión, y frente a esta base es que las cosas que hagamos aquí no tienen mucho sentido si es que no somos felices haciéndolas. Las células, el origen de nuestra existencia entienden esto claramente, al parecer más claro que nosotros, que ante cualquier eventualidad, cualquier desvío, cualquier merma en nuestro amor propio actúa y se pone en alerta haciéndonos un llamado de atención.
Muchos pacientes que son diagnosticados de cáncer suelen tomar serias medidas frente a la forma de vida que llevaban hasta ese momento. Comienzan a ponerle atención a las metas u objetivos que se habían planteado y, hacen a un lado todas aquellas cosas en las que no se sentían cómodos, comienzan recién ahí a vivir sus vidas.
Por qué esperar a que nos diga un doctor que tenemos cáncer para comenzar a vivir. Por qué cambiamos inmediatamente la forma en que habíamos visto la vida y de pronto nos damos cuenta que en todo este tiempo no habíamos tenido la capacidad de tomar las riendas de nuestro propio destino y que somos capaces de hacer que las cosas sucedan.
Entender esta enfermedad me ayudó a mirar la vida con otros ojos. Y a darme cuenta que no quiero que me diagnostiquen una enfermedad terminal para cambiar drásticamente la forma en que estoy viviendo mi vida. No quiero que mi cuerpo se pudra en un intento por vivir una vida en la que no soy la protagonista. No quiero sentir ese malestar físico de un espíritu putrefacto que se aferra a la ilusión del tiempo en pro de darme una oportunidad para vivir como realmente soy.
El cáncer me ha enseñado lo más importante, me ha mostrado con su devastadora intervención que el presente es lo único que cuenta y que no hay otro tiempo mejor que el ahora para decidir qué hacer con esta vida, mi vida.
Me gustaría pensar que este llamado de atención llega a tiempo para quienes ya padecen cáncer, me gustaría pensar que ellos ya han descubierto quienes son y han tomado esta experiencia como una oportunidad y no como el final de su existencia. Aún cuando he vivido de cerca el proceso con mis parientes, estoy consciente que el dolor y la incertidumbre es algo que no voy a saber de qué se trata solo hasta sentirlo en carne propia. No pretendo, con estas palabras, desentenderme de su dolor, muy por el contrario es justamente por que quiero entenderlo el motivo de compartir esta reflexión con quien quiera recibirla.

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