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Que decidan por mi



    Una señal puede ser una situación, un símbolo, un momento, cualquier cosa que me ayude a inclinarme hacia una decisión que llevo dando vueltas en la cabeza y que, bajo mi incapacidad de verme a mí misma a través de mis logros, me vuelve frágil y a la espera de que la vida la tome por mí. 
Y lo cierto es que soy yo quien produzco esas señales, busco afuera aquella respuesta que siempre ha estado clara en mi interior. Cada pensamiento, cada sentimiento, cada emoción va modelando mi entorno y no es mas que la proyección de aquello que está dentro y que necesita ser validada.

    Lo cierto es, que cuando no sigo ese sentimiento, voy apagando esa llama, esa pasión, eso que le da el sentido a mi vida. Que aquello no es correcto, que soy egoísta, que eso no es para mí, todas esas barreras culturales bajo las cuales me acuño cuando mi autoestima es baja y mi seguridad se ha visto mermada.

    Las decisiones que tomamos en la vida, son tan personales, tan nuestras que nadie a nuestro alrededor puede sentirse con el derecho a tomarlas por uno. Y si lo hace, es porque yo se lo he entregado, el de manejar mi vida. Las decisiones, cualquiera que estas sean, siempre serán buenas en la medida en que sean propias, de otro modo, no será tu vida, sino la de alguien mas. 

   Las decisiones me abruman, en especial cuando hay mas de una opción. Todo un sin fin de pensamientos que se desencadenan dentro de mi mente y que, sin el debido tratamiento, terminan por enloquecerme. Es por esta razón que, cada día experimento un nivel nuevo de locura que siempre terminan llevándome al mismo lugar, hacia mi misma. Después de todo, de eso se trata la libertad, de tener varios caminos, de que puedas escoger cuál quieres seguir, si hubiera solo una opción, eso no sería libertad.

   Y en el fondo, muy en el fondo, tratando de sobrevivir bajo todas esas barreras, bajo esos cánones sociales que han formado a una persona ideal, que no soy yo, pero que encaja perfectamente en ese significado de perfección que otros esperan ver, estoy yo, esa que si soy yo y que sabe lo que quiere, pero teme ir por ello.

Y soy libre y no me sirve, 
para que quiere la libertad en la luna un tigre, 
no me sirve...
Ricardo Arjona - Libre

Ya lo superé

 


Qué factores son los que indican que un proceso está superado. Por lo general hablamos de superación cuando ocurre algún hecho, inesperado y que posee una connotación negativa y nos afecta. Un duelo, por ejemplo, el perder a un ser querido requiere de un tiempo de procesamiento para ser superado. Pero qué quiere decir realmente que algo esté “superado”.

Cuando era pequeña, mi sueño siempre fue tener un hijo. Ser madre era para mí, la culminación de todo lo que había dado sentido a mi vida. Fisiológicamente las mujeres venimos al mundo con un ciclo marcado en nuestro cuerpo con el único objetivo de procrear. Un ciclo que, desde el inicio, de acuerdo con información científica, ya viene con fecha de caducidad. Eso limita nuestra postura frente a la maternidad y les pone un temporizador a nuestros planes de desarrollarnos como seres individuales antes. Mi fin siempre fue ese, ser madre y aunque se vio pospuesto muchas veces, nunca tuve en mis planes desecharlo.

El día que me enteré de que ya no era mi decisión, debo admitir que sentí un poco de alivio. La presión social que por tanto tiempo sostuve sobre mis hombros, de aquí en adelante ya no sería una carga con la que tenía que lidiar. Una preocupación menos, durante mucho tiempo, una responsabilidad de la cual la naturaleza, mi naturaleza como mujer, me había dotado, y de algún modo me sentía responsable por sostener. Si bien impactante en un principio, el tiempo ha dado cabida a la razón y ahora, no sólo ya no soy capaz físicamente de procrear un hijo propio, sino que además ese proceso fisiológico tan característico de la mujer, ya no se presenta cada mes como era su costumbre. No es que lo extrañe, pero ahora que lo pienso ¿Era eso lo que me hacía ser mujer?

Hay personas, seres humanos que desde que nacen sienten que fueron designados con el género equivocado. ¿Qué es lo que hace que esas personas sientan eso? ¿Acaso lo es el contar con un órgano reproductivo determinado? ¿O quizá lo es la atracción al sexo opuesto? ¿Qué clasifica, en definitiva, quién es hombre y quien mujer? ¿Es sólo un tema de etiquetas y finalmente todos tenemos la capacidad de optar?

Nací mujer y fortalecí esa etiqueta durante todos estos años, no por usar vestidos, mi gusto y atracción por el sexo opuesto, ni por mi órgano genital femenino. Sino por que me sentí como una mujer, y todo lo que conceptualmente en esa época y sociedad implicaba ser una; sensible, delicada, coqueta, vulnerable, cambiante, introvertida. Todos conceptos que, en la actualidad pudieran acuñarse a cualquier persona, independiente su sexo o género. Me cuesta ir al ritmo de una sociedad tan cambiante como a la que hemos evolucionado, me afectan las cosas y no puedo dejar pasar este hecho sin cuestionarme y replantearme todo lo que había estipulado para mí. Partí mi vida siendo mujer desde lado vulnerable, según los cánones de la época, y hoy soy mujer desde la fortaleza y de algún u otro modo, desde la libertad.

Me declaro...culpable!

 

¿Qué tan culpable es uno por las decisiones que toma otro?

   Porque uno puede aconsejarlos, darles el punto de vista personal de determinada situación, o simplemente juzgarlo. ¿Pero sea de la forma que sea, somos responsables de las decisiones que tomará al respecto nuestro interlocutor? Me niego rotundamente a creer esto. Uno no puede cargar el peso de otra vida, a menos claro que sea un hijo o alguna mascota que depende de ti. Pero si no es el caso, si es un amigo, una pareja o tu hermano, ¿Debes sentirte culpable si la decisión que le ayudaste a tomar no salió de buena manera? O simplemente te das la vuelta y sigues con tu vida. 

   Es complicado, ya que hay personas que, aunque no queramos admitirlo, sentimos la necesidad de validar nuestras decisiones con la opinión de los demás. Por algo preguntamos en primer lugar, para sentirnos apoyados. Así tendremos a alguien a quien culpar que no seamos nosotros mismos si algo sale mal. ¿Qué tan responsables somos de nuestras palabras cuando damos un consejo, al dar una opinión, o de reprochar ciertas conductas? ¿Hasta qué punto uno puede ser honesto y expresar su opinión sin caer en ser despiadado?

   En esta era digital, donde una computadora parece ser la solución para responder, bajo un algoritmo desarrollado, a las dudas o consultas de un cliente en una empresa, me pregunto si esas máquinas serán capaces de resolver o determinar con qué tipo de personas es la que esta tratando. Si esa persona se sentirá ofendida o lastimada por alguna respuesta, o si será capaz de lidiar con la respuesta preparada para ella. ¿Estaremos tan desarrollados como para dejarle el trabajo emocional a una máquina, o peor aún, para que ella identifique un estado emocional y pueda responder acertadamente sin lastimar a nadie?

Será tan fácil poder desarrollar las emociones como ingresar los datos a una máquina y que bajo un aprendizaje automatizado pueda identificar una respuesta apropiada. Me gustaría pensar que sí, lo triste es justamente creer que podemos dejarle a una máquina nuestro desarrollo emocional y nuestro trato humanitario. Pensar quizá que lo único que nos diferenciaba del resto de los animales era justamente nuestra capacidad de pensar y de ser conscientes y que, si le delegamos ese trabajo a una máquina, ya solo seremos igual que el resto de ellos. Al menos la máquina no se sentirá culpable si alguna respuesta le arruina la vida a otra persona.


Cómo saber si es amor





 Lo irreverente de pensar que no necesitas amor, es justamente en aquellas ocasiones cuando te quedas reflexionando por largo tiempo si lo que te sucedió es por amor o no lo es.

   Crecí bajo el cuidado de una madre que entendía el concepto de amor como cuidado, seguridad y abrigo. Y debido a ello es que no he sentido la necesidad de exigir algún sentimiento más allá de eso, ni de expresarlo tampoco. Mas bien debo admitir que hasta me incomodan las expresiones más elementales que, de acuerdo con esta cultura, son consideradas como muestras de educación, como lo es el saludo de beso o los abrazos en determinadas ocasiones.

Muy por el contrario, prefiero evitarlas. Eso, sin duda que me ha traído mas de un problema en lo social tanto con mis relaciones amistosas, como con mi propia familia. Lo bueno es que, con el tiempo, aquellos que han permanecido a mi lado lo han llegado a aceptar.

Ciertamente, hay momentos en la vida en que, por algún motivo, descuidas ese resguardo emocional con el cual te propusiste vivir, y que hay ciertas personas que, con su actitud, logran provocar un quiebre y pueden dejarte pensando horas, intentando definir cómo te sientes frente a eso. Una vez fue una compañera de la universidad, que llegó con un obsequio inesperado para navidad, que dejaba entrever su preocupación por la elección de aquel regalo. Hoy, es mi sobrino que, de la nada me ofrece una membresía de la plataforma Amazon Prime. Quizá este relato no logre reflejar en detalle, lo que esto significa. Poco sé yo de emociones, menos sabré de cómo expresarlas correctamente.

Ese, tal vez, ha sido el gatillante de los errores más marcados que he tenido en mi vida. El no poder darle a entender a las personas a las que quiero qué, efectivamente, siento eso por ellas. Ni mi actitud lo demuestra ni mis palabras lo confirman. Por lo general soy una persona directa, que no mide sus palabras y algo tosca en los sentimientos, una combinación que más que atraer personas, mas bien las espanta y que intenta ser independiente de otras personas y de esos sentimientos.

 Bajo aquellas circunstancias la soledad se ha presentado como una buena opción para desarrollar la vida. Hubo una vez que probé una alternativa diferente, pero que, sin embargo no terminó de buena manera.

Pocas veces he dicho “te quiero” y a contadas personas, y no por que haya querido realmente decirlo, sino mas bien por que comprendía que era necesario. Pocas veces también me lo han dicho, pero lo lindo de un “te quiero” son aquellas ocasiones en que se dice sin decirlo. Estas actitudes, ciertos regalos navideños, mensajes o miradas, también lo dicen y mas claramente. Y lo bueno de todo esto, es que eso pueda sorprenderte y te motive a expresar ese sentimiento de alegría abiertamente.

Déjalo morir




    Hoy dejé morir a mi perrito. Salió corriendo tras un auto, sus patitas resbalaron y terminaron bajo una de las ruedas. Ya estaba muy viejito para someterlo a una cirugía para reemplazar su extremidad con fierros y pernos. La otra opción era la eutanasia.

   El veterinario me explicaba que el perrito estaba sintiendo mucho dolor, que de hecho se le notaba, todo su cuerpecito tiritaba, su patita le colgaba y sus quejidos iban en aumento. Tuve muy poco tiempo para tomar la decisión; su vida estaba en mis manos ahora. Si bien no me considero una persona creyente, tampoco puedo afirmar que soy atea. Estoy convencida que hay una energía superior que se encarga de echar a andar la vida, y así también de terminar con ella. Y de que uno poco puede intervenir en eso, y el pensar lo contrario, sólo devela nuestro propio egocentrismo.

   Cuando estaba ahí, tomando su cabeza mientras el veterinario lo preparaba para morir, no pude dejar de pensar que si esa decisión era por mi, o por él. Si el sufrimiento que quería evitar era el mío o el de mi perrito que yacía ahora durmiendo entre mis brazos. Quizá si lo hubiese sometido al tratamiento, su sufrimiento se hubiera extendido por unos días, pero con la esperanza que en algún momento pudiera recuperarse. Tal vez habría muerto durante la cirugía. Eso ya no podré saberlo, como tampoco sabré si él quería vivir.

   Tomé una decisión por ambos, más por él que por mí. O al menos eso quiero pensar, pues yo espero que, sea cual sea el destino del alma después de la muerte, al menos ya no este sufriendo. Y en lo que a mi respecta, sé que el dolor irá disminuyendo en cuanto su recuerdo permanezca conmigo.


   

En función de...


   Volver a estudiar, debo confesar, ha sido mucho mas agotador que lo que había imaginado. Cuando lo planeé, consideré que ya mas madura y con mas experiencia que la primera vez, me sería mucho mas fácil de llevar a cabo. Una vez mas como en muchos otros aspectos de mi vida, me equivoqué. He tenido que dedicar mucho mas tiempo del que me propuse y ha sido una tarea muy extenuante.

   Una de las tantas cosas que he aprendido, o mas bien, comprendido, es que en matemática, una función es una relación que se establece entre dos términos, a través de la cual, uno depende del otro y se define a partir de este. El primero sería entonces la variable independiente y el segundo, la dependiente, puesto que su valor obedece cualquier variabilidad que sufra el primero y se designa como f(x) lo que significa que esta en función de "x".  Por mi formación debo aceptar que las matemáticas me acompañarán por el resto de mi vida, y de hecho desde un principio lo hacían, sólo que yo no lograba verlo. Ahora puedo verlo y, como dice una frase de Einstein que alguna vez leí, si puedo explicarlo, entonces significa que lo he comprendido. 

   A raíz de la película bohemian rhapsody, donde el protagonista y quien inspira este film, se le ve claramente influenciado por su representante. Freddie Mercury, vocalista de la banda "Queen" inconscientemente va permitiendo que este maneje sus decisiones no sólo en su carrera sino también en su vida personal, lo que origina el quiebre que tuvo la banda en los 80'. Tiempo más tarde y luego de una serie de sucesos en que el personaje se encuentra a sí mismo, logra ordenar su vida y retorna a la banda con el conocido éxito que hasta ahora tiene. Freddie, entonces, estaba en función de Paul, su representante. Y al igual que una función matemática, este elemento definía la posición que tomaba en el espacio. Puede que esto sea una película, que si bien resulta de una investigación biográfica, sigue respetando un guión y, por tanto responde a la intención del director. Sin embargo esto es algo más común de lo que me gustaría aceptar y si me pongo a reflexionar, en solo segundos se viene a mi memoria episodios de mi vida donde he estado en función de otra persona, donde yo he sido la variable dependiente. Sin duda que así fue, y cuando el elemento quien me definía partía, yo quedaba sin saber dónde estaba o donde me dirigía perdiendo completamente el rumbo. Pero por qué permitía que las cosas llegaran a ese punto, por qué dejaba que otro elemento, otra persona me determinara y definiera cómo iba a ser mi vida. Por qué dejaba mi vida en función de...

   Como en las matemáticas hay cosas que aún debo dejar que decanten en mi mente para poder comprenderlas. Y como en las matemáticas las cosas se van revelando cuando uno es capas de entender lo básico, lo fundamental para poder pasar al siguiente nivel. Sólo puedo multiplicar una vez que he aprendido a sumar, a integrar cuando sepa derivar. No antes, al menos así esta estructurado el programa de enseñanza y así lo he logrado asimilar. Como en matemáticas, la vida esta formada de elementos, de personas con quienes interactúas, estos elementos se pueden combinar, pueden interactuar entre si, pueden crear distintas operaciones. Hay elementos que pueden sumar, pero también hay quienes te restan, lo importante no es que no interactúes con ellos, lo esencial para poder ir resolviendo cada problema que se presenta, es que seas capas de diferenciar entre una operación y otra, en que seas capas de discernir y resolver cuando sea necesario. Descubrir quien te suma y quien te resta, quien te potencia y quien divide. Que seas capas de determinar cuando eres la variable independiente y cuando la dependiente y sobre todo que descubras el valor que tienes y tu aporte a cada operación. 

Mejor que no




   Hoy decidí actuar sin cuestionar los por qué frente a la situación. Lo usual es que deje de hacer ciertas cosas por el simple hecho de darles demasiadas vueltas en mi cabeza intentando exponer los hechos, inexistentes en la realidad, pero muy probables en mi retorcida y creativa mente que me hacen desistir. Que si hago esto puede pensar esto otro, que si lo hago va a reaccionar de esta manera, que se lo puede tomar a mal, y otros tantos hechos catastróficos que solo mi mente suele dar cabida. Y es así como me he perdido de hacer tantas cosas. bien lo decía alguien, de lo único que me arrepiento es de aquello que no he hecho.

   En momentos soy tan espontánea y en otros tan insegura. Me temo que ahora estoy en lo segundo; esperando que las cosas pasen, y cuando no pasan, me desilusiono y con la desilusión mi inseguridad aumenta y así se me van los días hundida en una melancolía que me agobia. Hoy fue uno de esos días en que decidí cortar con ese patrón y ser yo la responsable de que las cosas pasen. Dejé a un lado el orgullo, abrí mi corazón y tomé la iniciativa. Lo mejor de todo, es que nada resultó como lo había pensado, y digo lo mejor por que cuando uno pasa por un proceso de negatividad en su vida, en lo único en que le va bien pensar, es en que todo saldrá mal. Pues no, me fue bien. Desde mi partida, con mi madre las relaciones han estado un poco distantes, sus juicios y mi soberbia nos han distanciado mas de lo que pretendía y ya casi ni hablábamos. Desde mi partida sentía que ella había perdido el interés por mi bienestar y mi orgullo me mantenía en un estado de frialdad que me llevó a tomar distancia. Pues bien la invité a mi nueva casa, me esmeré en que todo estuviera perfecto para que viera lo bien y feliz que estaba ahora con mi nueva vida. Cabe destacar que efectivamente estoy muy feliz, sin embargo este distanciamiento familiar era algo que no permitía disfrutar a cabalidad con este nuevo proyecto de vida. Al principio fue todo muy coloquial, como una reunión entre desconocidos. Al pasar las horas, uno que otro comentario motivó una bocanada de sentimientos por parte de mi madre con sus reproches de mala hija con un tono displicente que en otro momento me hubieran hundido. Frente a ello tenía dos opciones, o le contestaba en el mismo tono defendiéndome, o la escuchaba sin sentirme ofendida. El objetivo del almuerzo era acercarme a ella y si me inclinaba por la primera opción, el esfuerzo de dejar mi orgullo a un lado no hubiese servido de nada. Escuché cada palabra que salía disparada de su boca, observé cada figura de su rostro, el brillo de sus ojos, el quiebre de su voz, sus sollozantes pausas, hasta que se detuvo. No fue necesario decir nada, el silencio, en ese momento dijo más de nosotras que todo lo que no habíamos hablado en meses y finalmente nos acercamos.

    Es extraño como funciona la mente intentado llenar espacios en cada historia. Lo que no sabemos, creemos que puede ser de determinada manera dependiendo el estado en que nos encontremos. Si estamos bien, jamás pensaremos mal del resto. Es cuando nos volvemos inseguros cuando nos sentimos perseguidos y creemos que el mundo es un lugar de personas que se mueven bajo esos mismos parámetros. El mundo que nos rodea es un reflejo de nuestro propio mundo interior. Las personas a nuestro alrededor vienen a mostrarnos aspectos de nosotros mismos. Si dejamos que nuestro orgullo nos aleje de ello, nos estamos separando más de nosotros mismos negando nuestra propia existencia. De cuánto nos hemos perdido escudándonos en un "mejor que no". Cuántas historias no se han contado por nuestras inseguridades, historias que hubiesen podido haber dado otra dirección a nuestras vidas, quien sabe. Sin duda que este es el primero de muchos actos donde tomo mas protagonismo en mi vida haciendo que las cosas sucedan, actuando mas, esperando menos; escuchando mas, hablando menos. Disfrutando mas, cuestionando menos; mas que escribiendo la historia, viviéndola.

El amor es así

   El amor ha sido un tema recurrente dentro de mis reflexiones, y motivo de la mayoría de mis publicaciones. Esta vez no es diferente. El amor, una palabra he podido encontrarle tantos significados, tantas aseveraciones como momentos he vivido. Es como si cada día aprendiera a amar de una manera diferente o más bien comprendiera que el amor contempla tantas formas como personas hay en el mundo.

   Hoy me atreví, después de mucho tiempo, a amar otra vez. A amar así tal cual, sin miedos, sin ataduras, sin resentimientos, completamente ajena a las consecuencias. El amor es así, me dije y aunque titubeé al principio al decirlo, no lo hice por que sintiera temor sino por que quería disfrutar de ese momento, quería darme el tiempo que todos mis sentidos estuvieran atentos a ello, me dejé llevar, fui libre otra vez.

   Hace un año ya que trabajo con una persona que es un tanto difícil en su trato. Difiero con la forma que tiene para dirigir al equipo, y con cualquier persona en general con la que tiene que lidiar, y esto ha sido motivo de frecuentes quejas, y discusiones dentro de la empresa donde el es director de proyecto y, cabe mencionar que mi jefe. Mantenemos una relación muy particular en donde yo me expreso frente a lo que no me parece, y el, por su parte me escucha, de este modo hemos logrado convivir en lo laboral en un ambiente en el cual si bien me he mantenido desde hace un año, frecuentemente la hostilidad ha sido protagonista en reuniones de pauta y conversaciones periódicas.

   Sin embargo, aquí estoy, quizá por masoquismo o por que veo algo mas allá en ciertas personas que llegan a mi vida. No es que esté enamorada de él o algo así que, cabe mencionar que sospecho que no le gustan las mujeres, pero de si en algo estoy segura, es que he llegado a encariñarme con él. Sucedió que sentí hostilidad en su trato y, como siempre, lo encaré apelando al buen ambiente laboral que la empresa a impuesto establecer. Al poco tiempo después me pregunta si aún lo quiero a lo que le contesto "el amor es así" y entre risas distendemos nuevamente la comunicación entre nosotros. El amor es así. Cuando uno realmente quiere a una persona, debiera quererla tal y cual es, con sus defectos y virtudes, con sus pataletas y sus buenos momentos. Querer sin conocer es sólo una ilusión de la cual después intentas explicar con la frase cliché de "el amor es ciego". Pues difiero de ello, el amor no es ciego, es mas, el verdadero amor contempla cada rasgo del ser que se dice querer, los distingue claramente, los acepta y decide compatibilizar con ello. El amor es una consecuencia del análisis de los datos con los que se cuenta y de su respectiva conclusión un "te quiero" y surge de una decisión espontánea y voluntaria por darle un espacio a esa persona, dentro de nuestros sentimientos. Por que tal vez no decidimos quien llega a nuestras vidas, pero si quien permanecerá dentro de ella.
   

La motivación donde menos la esperas

 Cuando uno emprende un proyecto, cualquiera sea la naturaleza de este, la motivación y la voluntad serán clave para llegar a puerto. Lo lógico es que la primera se presente de manera inherente por el sólo hecho de "querer hacer algo", sin embargo, en ocasiones esto no se da espontáneamente por lo que debemos acudir a energías superiores que mantengan ese ánimo por el tiempo que dure dicho proceso.

   La voluntad no es algo con lo que uno nazca, si no se tiene, puede desarrollarse. En un principio y alineada con la motivación puede facilitarse dicho proceso. 

   Hoy encontré mi motivación en una desilusión. Cuando esperas que suceda cierto episodio en tu vida y trabajas arduamente y con paciencia para que ello ocurra y, aún así resulta que nada se desenvuelve según lo previsto; ahí suele desencadenarse un sentimiento de desilusión del cual pueden desprenderse dos opciones: una es que te hundas en una tristeza que absorbe tus energías dejándote sin fuerzas para continuar y de lo único que seas capaz de lamentar tu situación. Y otra, por la que he decidido optar esta vez, tomar tu desilusión a los hombros y utilizarla como una inyección de energía para aquello que te planteaste alguna vez emprender pero que ya hacía dormido junto con otros proyectos que han sido abandonados por la pereza.

   Tal vez de eso se trate el madurar, he aquí el libre albedrío en todo su esplendor. La capacidad de tomar decisiones, de poder lidiar con esas decisiones y con las consecuencias que ello trae consigo. Hoy quizá tome una de esas decisiones de las que podría decirse que llegue a arrepentirme, nada que hacer, el acto se consumó y es hora de hacerse cargo. No puedo pensar en lamentarme, es tiempo de actuar. Es el resultado de tratar con seres humanos, muchas veces mas animales de lo que uno pudiera pensar. En otro momento quizá este episodio hubiera sido motivo de alegría y no estaría escribiendo estas letras que por mas madura que puedan parecer, guardan consigo una profunda tristeza que en otras circunstancias me hubieran arrojado en lo profundo.

   Lo acepto, le doy un par de vueltas en mi cabeza y luego lo dejo pasar. Ahora cuento con otra herramienta, con otra motivación que me permite seguir adelante resolviendo e intentando componer mi vida acorde con lo que siento es el mejor camino.

Mientras pueda, voy a reir



"No se ría tanto, que mañana va a llorar"

  Una frase recurrente de mi nana la cual me repetía cada vez que estallaba en una risa incontrolable. 

   Suelo poner atención a los mensajes que vienen desde mi entorno, en especial aquellos que provienen de personas mayores, bajo la sensación que por más desgastados e ingenuos que puedan parecerme, sus palabras contienen toda una vida de las mas diversas y enriquecedoras experiencias que su cerebro, ya deteriorado por el tiempo, aún logra mantener y que sin vacilaciones son lanzadas cada vez que se presenta una oportunidad.

Confío en ti

   ¿Qué es lo que gatilla que las personas confiemos en otras personas? ¿Qué parámetros o cualidades debe tener alguien para que sea merecedor de nuestra confianza? 

   Yo creo en las personas por defecto, suelo comenzar poniendo la confianza en ellos sin cuestionarme si son merecedores o no. Parto de la base en que todos somos "buenas personas".

   A lo largo de mi vida poco he aprendido de las personas, y es por esa misma razón que prefiero alejarme de ellas. La soledad me permite esa libertad a la que vuelvo cada tanto intentando encontrar paz sin tener que excusarme por mi comportamiento, ni pedir perdón por mis actos. En tema de relaciones humanas admito que soy una ignorante, no entiendo el comportamiento del ser humano, así como tampoco, he logrado entender mi propio comportamiento para con los demás. Vivo proclamando y aconsejando a los otros que se dosifiquen en cuanto a sus sentimientos y emociones, que guarden la mayor parte para sí mismos, no apostarlo todo y sin embargo, soy la primera que, en el entusiasmo de sentirme comprendida, me vuelco por completo no reservándome nada para mi.

   Y sin duda que esto, como todo, no es  mas que otra jugada de mi ego demostrando su superioridad. Qué más podría ser por ejemplo, cuando me siento traicionada. De qué traición hablo, si las otras personas tienen que lidiar con sus propios problemas, cuando deben descubrir ellas mismas qué es lo que sienten y no están allí planeando alguna estrategia para acabar con mis expectativas.

   Aún así, el sentimiento se desencadena, la desilusión termina por sepultar la esperanza de sentir que sí podía ser un ser sociable y me deja nuevamente sumergida en ese sabor amargo que a veces suele tener la soledad. Sin duda que esta no será la última vez que lo sienta, aún me quedan muchas mas desilusiones que vivir, y ese no será un motivo, al menos no en esta oportunidad para dejar de creer en las personas. Es justo en esos momentos, en los que son más hirientes, en que se dan a conocer tal cual son, así transparentes con sus "buenos" y "malos" sentimientos, a eso debiera darle algún mérito; debiera poder lidiar con eso y sentirme privilegiada que tengan ese grado de confianza conmigo que sean capaces mostrarme sus dos caras.   

   A decir verdad, no son ellos quienes me traicionan, más bien es mi afán de creer, de querer creer que son diferentes, esa capacidad de mi mente de intentar transformar mi mundo y querer volverlo "ideal" para mi beneficio. Es poco lo que se aprende de aquello que sale bien y de acuerdo a lo esperado, las lecciones mas grandes las he obtenido de esos momentos en que no salió como lo había pensado, es en ese instante en que se libera mi creatividad y busco la mejor estrategia para lidiar con eso, es ahí donde me fortalezco y me hago de las herramientas para enfrentarlo.

   No dejo de confiar en la gente por que siento que me han desilusionado, veo en cada uno, una parte de mí que se personifica en ellos, un reflejo de lo que yo misma siento y soy capaz de hacer y eso me brinda de cierta propiedad para entenderlos, mas bien debo decir para entenderme a mí misma. En kabbalah me explicaron que la clave para llegar al siguiente nivel de trascendencia es uno de los tres mandamientos presentes en las tablas que entrega Yahvé a Moises: "ama a tu prójimo como a ti mismo". Eso implica experimentar, en carne propia, lo que el otro siente. Va más allá de la empatía, es sentir al otro tan parte de ti mismo, que vivas sus emociones. No me alejo de las personas por que me hayan desilusionado, si me alejo es mas bien por que en soledad puedo asimilar sus enseñanzas y lidiar con esa parte de mi que ellos vinieron a mostrarme.

El amor en sí

   No son los errores que comete los que indican si es buena o no, es mas bien la actitud como lo enfrenta lo que hace la diferencia. Una frase extraída durante una conversación con mi actual jefe cuando intentaba explicarme el por qué de su regalo. 

   Comencé a tomarle el valor a aquellas situaciones difíciles que ocurren en la vida, aquellas que no logro entender por qué suceden, cuando empecé a cultivar la paciencia y a esperar que la suciedad decantara y dejara ver la claridad del agua.

   Hasta ahora, he sido promovedora de el actuar por sobre el dejar que se actúe sobre nosotros, sin embargo, es justamente el tiempo con su maestría el que me ha mostrado el panorama con mayor amplitud. Muchas veces me vi envuelta en la terquedad que se desprende del dolor y el despecho declarando lo injusta que es la vida con quien no lo merece. Lo cierto es que cada cosa que ocurre no es mas que la consecuencia de una causa inicial que lo desencadenó; la tierra sólo te proveerá de aquello que cultivaste y cuidaste durante un determinado período de tiempo; no puedes esperar manzanas cuando sembraste peras.

Vuelves a mi

   En yoga, el estado de meditación se consigue no cuando se pone la mente en blanco, como solía creer, sino más bien es cuando no te detienes en ningún pensamiento, de manera que estos no perturben tu mente.

   En la película: "Comer, rezar, amar"; en una de las escenas en que la protagonista, interpretada por Julia Roberts se encuentra en India intentando meditar, uno de sus compañeros le indica que no debe en evitar los pensamientos, sino seleccionarlos.

   Tal vez a los monjes budistas en la tranquilidad del Himalaya, o a Julia Roberts en la grabación de una película esto pueda resultar una tarea fácil, para mí se ha convertido en todo un desafío. Si bien soy una promovedora de la idea de lograr control mental en cada una de las acciones que realicemos, de manera que sea uno quien controla su mente y no al revés; debo admitir que yo, hasta ahora, no lo he logrado. Diversos pensamientos se suceden caprichosamente en mi cabeza, muchas veces perturbando mi tranquilidad.

   Un estudio científico concluyó que el cerebro suele reciclar ciertos recuerdos de manera de dar cabida a otros nuevos . Es así como no recordamos, por ejemplo vivencias más allá de los 5 años de edad. La experiencia debe marcarte de alguna manera para que este logre permanecer a través del tiempo en la memoria, de otro modo se convertirán en un candidato para ser borrado en un acto inconsciente de eficiencia del cerebro. De este estudio me surge la interrogante: qué criterio utilizará el cerebro para determinar con cuál recuerdo se queda. Qué acciones serán tan decidoras que se ganarán el espacio para permanecer. Si tuviera más consciencia de este proceso, sin duda que hubiera escogido aquellos recuerdos en donde conseguí exitosa lo que me había propuesto como aprender a caminar, por ejemplo. Pero, a decir verdad, recuerdo vagamente algún episodio especifico de aquellos inocentes años en que ni siquiera imaginaba lo que estaba por venir.

   Hoy resultó ser uno de esos días en que quisiera controlar ese don y poder seleccionar mis pensamientos a quienes les quiero dar cabida en mi mente. Desearía no tener que seguir dándole vueltas una y otra vez en mi cabeza y mortificándome con aquellos que ni me prestan ninguna utilidad, ni me hacen sentir bien. Es como cuando traes una canción pegada que ni te agrada y que te sabes hasta la letra y la tarareas una y otra vez con disgusto. 

   Más allá de una canción que se te repite, existen ciertos pensamientos que vuelven a ti, en una actitud masoquista rememoran incluso, el dolor que sentiste cuando viviste esa experiencia. Es tan vívido el recuerdo que no logras lidiar con las reacciones que ese dolor te provoca, tales como escalofríos en la piel y lágrimas incontrolables asomándose en tus ojos. 

   El eterno resplandor de una mente sin recuerdos, es una de esas películas que podrían explicar esos  momentos en particular. Ese, en que de ser real esa posibilidad, sin duda, en algún momento, hubiese recurrido a ella. No es bueno olvidar, pues en ello se basa el aprendizaje, pero hay ciertos momentos en que no piensas en otra alternativa, y es que en el amor, todo se vale o no?. En palabras generales la película trata de un hombre que recurre a un particular método para borrar en parte de su memoria, los recuerdos de una mujer de la cual se había enamorado y que ya no esta en su vida.

   Cual sea el caso, la capacidad de elegir con qué pensamiento me voy a quedar es sólo una habilidad que se puede lograr con mucha práctica y ayuda, en un principio. Mientras menos recurras a esos pensamientos, mientras menos atención le prestes, solos se irán desvaneciendo quedando relegados y en el mejor de los casos,serán reciclados para darle espacio a esos momentos que si valen la pena recordar y que traerlos a tu memoria sólo te generarían satisfacción.

Una vida por derecho

   El aborto, un tema tan controversial como sensible. Justificaciones como si es por violación o por inviabilidad del feto o riesgo de la vida de la madre, son argumentos que apoyan esta medida y que intentan enmarcarla dentro de la ley. Personalmente estoy en contra. Creo firmemente que la vida se va desarrollando de manera muy asertiva, inclusive esas veces en que nos sentimos incomprendidos e injustamente tratados a pesar de nuestras buenas acciones y comportamiento, no estoy de acuerdo con aquello. Soy partidaria que cada uno tiene lo que merece y que lo que vives no es más que el resultado de las acciones que has ido desarrollando.

   Con esto no quiero decir que estoy a favor de la violación ni del sufrimiento físico y emocional que provoca la gestación de un ser que tu cuerpo rechaza y que a toda costa intenta expulsar, o que por otros motivos ese ser no se formará correctamente pudiendo traer complicaciones a el mismo o a su madre. La naturaleza se va desarrollando de manera muy sabia, entregándote solamente situaciones que eres capas de sostener y de este modo entrenándote para lo que viene. Henos aquí, el resultado de millones de años de evolución producto de esa misma sabiduría que nos ha situado en este período de tiempo y en este lugar. Ella es quien tiene la facultad de discriminar la permanencia o no de un ser aquí en esta tierra.

      Acaso cientos de exámenes médicos pueden revelar con exactitud cuándo morirá una persona. Esos exámenes están basados en las estadísticas y en las experiencias de casos médicos similares anteriores y ninguno de ellos puede predecir con 100% de certeza cuál será el resultado. Pueden recomendarte, guiarte y aconsejarte, pero en ningún caso determinan qué debe hacerse por el sólo hecho de tomar las precauciones ante futuras acciones legales.

   Y todas estas situaciones solamente se desprenden de nuestro individualismo. Con cada nuevo avance tecnológico vamos alimentando nuestro ego, en ese afán siempre presente, cualidad inherente del ser humano de creerse el ser superior, de querer controlarlo todo. Nos hemos vuelto una sociedad preocupantemente egoista, donde todas nuestras energías se concentran en el cómo evitar el dolor y alargar nuestra existencia física a cualquier precio.

   Quiénes somos nosotros para decidir sobre la vida de otro, que del aborto, que de la pena de muerte. Por que no lo merecemos en el primer caso, y por que se lo merece en el segundo. Tal vez sobre la vida de cada cual, uno tenga la libertad de elegir. Pero es cuando nos sentimos con la libertad de decidir sobre otro lo que me perturba.

   En vez de estar discutiendo si debemos legislar sobre estos temas solo para acallar nuestra consciencia, quizá sería mas apropiado preguntarnos no el porqué me sucedió, sino el para qué, de este modo dejamos de volvernos víctimas de las circunstancias, aprender de ello y volvernos protagonistas de nuestro propio desarrollo. Por qué le tememos tanto al dolor y a la miseria, si es ahí donde mas aprendemos. Por qué le tememos a la muerte, más bien a nuestra propia muerte.

   Yo no sé con exactitud cuándo un feto es una persona, ni cuándo una persona ya formada que comete algún crimen deja de ser persona. Pero sé que ambos, sea cual fuere las circunstancias en que se vean envueltos, gozan de los mismos derechos que yo, y no hablo de derechos legales, que eso es sólo un invento del hombre para intentar ponerse de acuerdo y regular la vida en sociedad, mas bien me refiero a ese derecho natural que te puso en este lugar y que te da hoy la posibilidad de continuar con tu desarrollo.

El salto de la vida

   Temor, ese fue el primer sentimiento que experimenté a medida que me iba acercando a ella. Siempre me han fascinado las cascadas, tan majestuosas, tan puras imponiéndose en el paisaje y, sin embargo, me atemorizan.

   Fue durante mi último viaje, a Coyhaique, un viaje tan espontáneo como determinado. Una fotografía en un calendario de hace algunos años atrás, capturó una escena del paisaje de la cascada Coyhaique, que en invierno se congelaba, la vi y decidí que algún día iría allá. 

   Y así sucedió, debía planificar mis vacaciones, y las oportunidades de las promociones de LAN, me motivaron a tomar este destino para mi viaje.

   Junto con este atractivo, para mi fortuna, fui espectadora de otros tantos saltos de agua que decoraban las faldas y quebradas de los cerros al interior de la reserva Cerro Castillo y alrededores de Coyhaique y Puerto Aysén. No alcancé a capturar en una fotografía cada una de las cascadas que pude divisar, pero sin duda  que quedan guardadas en mi memoria.

   Me di el tiempo de visitar dos cascadas situadas entre Coyhaique y Puerto Aysén, señaladas como atractivos turísticos de la zona: Cascada la virgen y velo de novia. Es esta última la que originó mi temor y que inspiró este relato. Un sentimiento situado entre el miedo y la intrepidez que dificultaban el acercarme hasta su base. Aún así, llegué hasta ella, me quedé observándola detenidamente intentando descifrar el origen de mi sobresalto y mi admiración simultáneas, qué ironía.


   Una falla de la naturaleza, un salto en el correr de esos ríos tan apacibles a veces, tan violentos otras. Un atajo en el camino al enfrentar una quebrada donde se abren nuevas posibilidades de continuar. Una representación ostensible de los principios con los cuales se ha sostenido mi existencia.

   Dos situaciones han determinado y modelado mi vida: el temor y la osadía. El primero volviendo prudente mis decisiones, recatando mi andar y dotándome de una comodidad, a veces difícil de abandonar. El segundo, me ha llevado por caminos insospechados que jamás creí capaz de transitar y que sin duda han marcado cada etapa de mi crecimiento. Cuando logro ir más allá, cuando soy capaz de vencer el miedo y me aventuro a lo desconocido, son esas instancias las que más he disfrutado. Momentos que le dan sentido y motivación a mi vida, por los cuales me decido a emprender, son los saltos que dan origen a estas majestuosas cascadas a las cuales me lanzo con temor sin tener claro donde me llevarán pero que le otorgan ese atractivo al paisaje de mi existencia.

   Tuve miedo y aún así llegué hasta la base de esta cascada, 30 metros de altura de cientos de litros de agua que se precipitaban ante mi recordándome lo maravilloso que puede ser el desenlace de un obstáculo en el recorrido como pudiera verse a simple vista una quebrada.

   He llegado a pensar que, mi ferviente interés por este atractivo natural no es mas que el reflejo implícito de cómo me siento. Deseando, muchas veces volverme cascada cuando al final del camino no veo otra salida.

   

Llegar a ser

   Pensar en que existe la posibilidad de que todo está conectado, me sorprende y atermoriza simultáneamente. Rechazo la idea de la existencia de un destino rígido e inalterable, puesto que estoy convencida de que los actos, decisiones y actitudes con las que nos vamos presentando ante la vida, pueden determinar uno u otro resultado.

   Momentos, situaciones, particularidades e inclusive personas que se presentan en nuestra vida, pudiera pensarse que de forma espontánea, llegan ahí para modificar los resultados, brindándole al destino cierta flexibilidad. Se convierten en ese factor sorpresa que vuelve interesante al diario vivir, como una oportunidad para reafirmar o cambiar ese destino el cual desconocemos pero que muchas veces, se vuelve predecible y aburrido.

   Cualquiera sea el caso, la decisión de cambiarlo es personal. El querer otro rumbo, continuar en otra dirección, será sólo el resultado de nuestra entereza, y claro, puesto que hacerlo es apostar todo lo que hemos construido, a un destino completamente desconocido e inesperado. Es abandonarlo todo sin tener la menor certeza de éxito. Y bueno, ese es, después de todo, el encanto de la vida, es ese aventurarse con la esperanza de obtener un buen resultado; y con "buen resultado" me refiero a ese final feliz que anhelamos alcanzar con nuestros actos, por que, muchas veces no es en lo que habíamos pensado, suele no ser lo que habíamos planeado, pero cuando obtenemos esa sorpresa al final del camino, parece ser que era justo lo que necesitábamos.

   Es una constante en mi vida, cambio de planes y una nueva jugada. Quisiera no sólo parecer segura de mi misma, para variar, me gustaría también estarlo. Desearía creer en mis propias palabras y, por un instante estar tranquila de que "todo saldrá bien". Podría sentarme a analizar todos mis logros, todos esos triunfos, momentos en que sentí desvancerme y perder la esperanza, para luego darme cuenta que todo se resolvía mágica y perfectamente a mi satisfacción.

   Aún no logro desprenderme de lo que he perdido, todo aquello que ha quedado atrás y que ahora me persigue como un fantasma atormentando cada nueva decisión que pretendo tomar en pro de un camino diferente. Cuando me doy cuenta que la dirección que sigo me lleva a una vida que no quiero, una a la cual no pertenezco y me siento ajena e intranquila. Disfrazada de éxito, se presenta tentadora la oferta de continuar, parece ser un atajo que puede acortar la brecha entre lo que soy ahora y lo que debiera llegar a ser.

   Pero esa no soy yo, y cada paso hacia allá me va modificando, voy mutando a un ser que no logro identificar, tan ajeno, tan solitario, tan ausente. Tal vez no tengo claro quien soy y que quiero hacer, pero de lo que si estoy segura es que en lo que me estoy convirtiendo, no me agrada.

   Todo lo que he deseado me ha sido concedido. El problema radica en que, soy tan caprichosa que muchas veces pido lo que se necesita, más que lo que realmente deseo llegar a ser.


El mundo como somos

   A veces suelo pensar que el mundo es alguien ajeno a mí, que me hace querer sumergirme en la soledad y abstraerme de él, ese mundo el cual no comprendo y que siento tan distante, aunque me esfuerce, siento que no pertenezco a él. Vivo en la ilusión que soy diferente, especial, un ser de otro planeta que sólo viene a aprender de este mundo aquellas cosas que podrían volverme un ser humano. Al principio buscaba encajar en él, ser parte de él y vivir bajo sus fundamentos. Luego comencé a crecer y a cuestionarme muchos de esos principios tan ilógicos algunos, tan irónicos otros siempre intentando descubrirme bajo sus etiquetas, pero ahora me doy cuenta que como todo, no es más que una ilusión, el reflejo de todas mis dudas y cuestionamientos, la extensión de mi propia mente personificada en almas itinerantes que vagan sin sentido.

   Parecen tan seguras que a ratos me hacen pensar que ya lo han descubierto. El sentido de sus vidas, digo, eso me hace sentir una ignorante y ermitaña en un mundo que no me necesita. Pero luego pienso en las hormigas, parecen tan insignificantes, tan diminutas e inservibles que llegaba a preguntarme el porqué de su existencia. Quien diría que ellas inician el ciclo del cual se desprende mi propia vida y cual engranaje contribuyen al equilibrio en la tierra.

   No vemos el mundo como es, sino como somos es una frase que extraje de un sitio web de frases y citas que me inspiró. Cada uno ve lo que ve de acuerdo a su propia experiencia, la explicación del mundo es a través de unos ojos que no vieron las mismas cosas que yo, y de acuerdo a eso es cómo lo damos a conocer. Prejuicios y etiquetas suelen enturbiar esos pensamientos alterando la realidad, pero qué realidad, ni idea. Ya no sé lo que es real de lo que no, vivo inmersa en la ilusión, mí perspectiva del mundo. Un mundo que he creado para mí donde no soy parte de él y donde tampoco quiero serlo.
   

Decir nada

   Que tenga algo que decir, no significa necesariamente que siempre tengo que decirlo, muchas veces sólo con no decir nada, estoy comunicando lo necesario. Esta es una lección que recién ahora estoy aprendiendo. 

   Mi costumbre era siempre decir lo que pienso, me exponían un tema y esperaba poder dar mi opinión al respecto. Me preguntaban acerca de alguna situación en particular y ansiosa me apresuraba a contestar. Fue durante un suceso cotidiano, que empecé a darme cuenta que en ocasiones es mejor simplemente quedarme callada y tomar atención, que expresar abiertamente mis pensamientos. Mi sobrina preparaba un hot cake muy entusiasmada, luego de algunos intentos en la sartén uno finalmente le había quedado decente, ella muy emocionada me llamó para mostrarme como había quedado. A mí no me pareció gran cosa, la forma de aquel bocado era irregular y estaba algo quemado, cosa que inmediatamente le hice saber. Satisfecha me devolví a atender lo que había dejado. De lejos pude oír a mi sobrina hablarle al hot cake muy tiernamente consolándolo por aquellas duras palabras. 

   Hace un par de días mi tía había recibido la noticia que era muy probable que tuviera cáncer a una de sus mamas. Pasó después de su cita con el médico a contarme intentando buscar consuelo en mis palabras, esperando quizá sentirse apoyada en tan duro momento. Sin pensarlo demasiado le expuse toda una charla de lo que debía hacer de ahora en adelante y de cómo debía tomarlo. Su reacción, simplemente fue dar media vuelta y se marchó sin decir nada.

   Unos días más tarde, ya angustiada llamó a casa diciendo que ya no podía más, acto seguido cortó comunicación. Mientras conducía hacia allá, pensaba en qué debía decirle, en aquel otro momento en que sabía que no se había sentido apoyada, y cómo remediarlo en esta oportunidad. Cuando llegué a su casa, simplemente me acerqué a ella y cayó descompuesta a mis brazos en un mar de lágrimas incontrolables, de sollozos sin aliento y de miles de preguntas que no intenté responder, solo en silencio me apresuré a sostenerla. Habló durante mas de una hora donde permanecí siempre atenta simplemente escuchándola. De apoco fui sintiendo cómo este silencio era mucho mas acogedor que mis rebuscadas palabras y fue así como se fue calmando hasta volver a incorporarse.

   Había olvidado lo bien que se siente que te escuchen, que se den el tiempo simplemente para hacerte sentir el centro de la atención. Así también olvidé que las otras personas también tienen algo que decir, algo tan valioso e interesante como mi propia opinión. A veces uno no importa, y si el otro, un otro que necesita ser escuchado, que le basta solo con una mirada atenta y un hombro cálido que lo reciba. ¿O acaso importa que el hot cake haya quedado deforme o en un punto de cocción sobrepasado, o que un vestido no se amolde por completo a una silueta femenina, o que una corbata no combine con los pantalones, a veces lo más simple es lo suficiente, una mirada, un asentimiento con la cabeza, una sonrisa o simplemente un silencio dicen exactamente lo que se necesita.

El cáncer y el entendimiento de la vida

   Entender cómo funciona la vida, de qué se trata y cuál es nuestro objetivo en ella es un pendiente que nos toma toda nuestra existencia. Cada situación, cada experiencia y cada suceso nos van develando un poco de este enigma y está enfocado a hacer de nuestro entorno un lugar mejor. Sin embargo, cuando estas incógnitas se nos van develando comprendemos las dimensiones de lo que nos queda aún por descubrir, al mismo tiempo en que nos damos cuenta de que es en realidad algo que ya sabíamos, por eso se le llama descubrimiento, es información con la que siempre hemos convivido, desde un principio, pero que su entendimiento paulatino y segmentado es quien nos facilita su comprensión y su asimilación.

   A qué viene toda esta profunda reflexión a esta hora de la madrugada, pues simplemente a un hecho, entre tantos que han llamado mi atención. El título de esta publicación, el cáncer y el entendimiento de la vida, se debe a la conexión de puntos que justamente hoy me hicieron sentido. Tiempo atrás, cuando estaba en un proceso mental y espiritual inestable, en una de las citas con la terapeuta holística, ella me comentó que la explicación espiritual del cáncer no era otra que la pérdida de identidad. Eso a raíz de mi historial familiar en el que ya 3 parientes cercanos habían muerto aquejados por esta enfermedad. 

   A raíz de este comentario es que comencé a investigar más a fondo el tema de las enfermedades en términos espirituales, buscando y corrigiendo el origen más que el síntoma que nos aqueja. Un origen que tengo la certeza se encuentra en la condición espiritual más que en lo físico y que es en este último en que se manifiesta como llamado de alerta para atender alguna deficiencia emocional.

   Hoy, por primera vez y a raíz de una situación de emergencia que vive un pariente cercano operado de un tumor canceroso, es que decidí conocer qué es y cómo funciona el cáncer en el cuerpo humano.

   La primera persona que vi enferma de cáncer fue una escena impactante que aún permanece fresca en mi memoria. La vecina de una tía había sido diagnosticada de cáncer de mamas en aquellos tiempos en que aún no se sabía mucho y eran muy pocos quienes lo padecían. Recuerdo el olor a putrefacción que sentí al entrar en su habitación y aún más la herida, similar a una quemadura grado 3 que rodeaba su pecho el cual mantenía al descubierto de manera que el aire en algo lograra aliviar su intenso dolor. La pus hervía en algunos sectores más afectados dejando ver lo monstruoso de esta enfermedad.

    El cuerpo funciona en base a células, éstas almacenan y controlan la información para la superviviencia. En condiciones de diagnóstico de cáncer, las células se aferran a su continuidad y aún muertas no son desechadas, se acumulan formando un bulto o tumor denso en la zona afectada. El descontrol también afecta su reproducción que siendo innecesaria continúa multiplicándose y entorpeciendo el normal funcionamiento de él o los órganos afectados.

   Entender este proceso me motivó a entablar algunas teorías de sus causas. La vida nos ha sido entregada para vivirla, en ella, cada cosa que hagamos cuenta. El tiempo es solo una ilusión, y frente a esta base es que las cosas que hagamos aquí no tienen mucho sentido si es que no somos felices haciéndolas. Las células, el origen de nuestra existencia entienden esto claramente, al parecer más claro que nosotros, que ante cualquier eventualidad, cualquier desvío, cualquier merma en nuestro amor propio actúa y se pone en alerta haciéndonos un llamado de atención.

   Muchos pacientes que son diagnosticados de cáncer suelen tomar serias medidas frente a la forma de vida que llevaban hasta ese momento. Comienzan a ponerle atención a las metas u objetivos que se habían planteado y, hacen a un lado todas aquellas cosas en las que no se sentían cómodos, comienzan recién ahí a vivir sus vidas.

   Por qué esperar a que nos diga un doctor que tenemos cáncer para comenzar a vivir. Por qué cambiamos inmediatamente la forma en que habíamos visto la vida y de pronto nos damos cuenta que en todo este tiempo no habíamos tenido la capacidad de tomar las riendas de nuestro propio destino y que somos capaces de hacer que las cosas sucedan.

   Entender esta enfermedad me ayudó a mirar la vida con otros ojos. Y a darme cuenta que no quiero que me diagnostiquen una enfermedad terminal para cambiar drásticamente la forma en que estoy viviendo mi vida. No quiero que mi cuerpo se pudra en un intento por vivir una vida en la que no soy la protagonista. No quiero sentir ese malestar físico de un espíritu putrefacto que se aferra a la ilusión del tiempo en pro de darme una oportunidad para vivir como realmente soy.

  El cáncer me ha enseñado lo más importante, me ha mostrado con su devastadora intervención que el presente es lo único que cuenta y que no hay otro tiempo mejor que el ahora para decidir qué hacer con esta vida, mi vida.

   Me gustaría pensar que este llamado de atención llega a tiempo para quienes ya padecen cáncer, me gustaría pensar que ellos ya han descubierto quienes son y han tomado esta experiencia como una oportunidad y no como el final de su existencia. Aún cuando he vivido de cerca el proceso con mis parientes, estoy consciente que el dolor y la incertidumbre es algo que no voy a saber de qué se trata solo hasta sentirlo en carne propia. No pretendo, con estas palabras, desentenderme de su dolor, muy por el contrario es justamente por que quiero entenderlo el motivo de compartir esta reflexión con quien quiera recibirla.

Falta amor

   Hoy, como tantas veces, fui sorprendida. Eso es justamente lo que me gusta de la vida, mi vida, que cada día algo logra sorprenderme, cautivarme y me deja reflexiva y conmovida. Suelo ir atenta a los mensajes que puedo obtener y que, en su mayoría provienen de lugares insospechados. Esta vez no fue la excepción. Ocurrió durante una de las reuniones habituales de los viernes en la fábrica donde trabajo. El tema en discusión, la deficiente calidad de las terminaciones de los muebles laminados.

   Diversas opiniones surgieron al respecto por parte de los concurrentes: escasa supervisión, menor grado de destreza del maestro, falta de maquinaria especializada, entre otros. Pero fue el mismo dueño de la empresa quien manifestó como causal la falta de amor.

   Me hicieron mucho sentido las palabras de mi jefe, quien expuso este tema con una humanidad que no sospeché que tendría. Tanto como su expresión, sus palabras calaron hondo dentro de mi y siguieron resonando durante toda la jornada inclusive cuando ya había terminado mi horario laboral.

   He divulgado casi como un credo la importancia de poner amor en cada cosa que uno haga, pero hasta ese momento no habría comprendido del todo lo que eso significaba y sus repercusiones en el día a día. Lo veía como una frase utópica inaplicable a la cotidianidad, pero que sonaba bien al hablar. 

   Con esta frase logré capturar la esencia de todo cuanto me he esmerado en aplicar en mi vida. Amar debiera estar implícito en cada cosa que uno se proponga emprender, cual sea la naturaleza del asunto, finalmente será la clave del éxito. Desde una tarea cotidiana en casa, un puesto en el trabajo y hasta cuestiones familiares, el cuánto amor ponga cada quien es el que hará finalmente la diferencia de quien lo hace mejor.

   Fue tal el nivel de iluminación que alcancé con esta experiencia, que entendí por qué algunas cosas no habían funcionado en mi vida, situaciones en las que me esmeré entregando todo mi esfuerzo por conseguirlas y que terminaron siendo destruidas y junto a ellas destruyendo parte de mi. Analicé cada aspecto de mi vida, los buenos y malos momentos; y descubrí en cada uno de ellos que el amor que había puesto durante su ejecución fue quien determinó el éxito o fracaso del mismo. Relaciones fallidas, trabajos abandonados, actividades simplemente dejadas a un lado. En todos ellos la constante, la falta de amor.

   Me propuse, sin comprender bien qué significaba, que de ahora en adelante todo cuanto hiciera con mi vida debía haber amor, desbordante, apasionado, sincero, amor al fin y al cabo. Volver a enamorarme aún de esos hechos en los que me sentí herida y que juré jamás volver a repetir. Y aún así me envolví en una relación que sólo me satisfacía en el ámbito físico, intentando prescindir del verdadero propósito de una relación, al menos del que yo busco cada vez que me involucro.

   Pedí a gritos la oportunidad de volver a enamorarme, enamorarme de las cosas, de los libros, de las personas, de mi misma. Enamorarse es una decisión consciente que tomo cada día cuando me siento involucrada, cuando pretendo extraer lo máximo de cada cosa que me rodea, de cada persona, de cada lugar. Vivir enamorada es aceptar y desprenderse, comprometerse y no adueñarse, es simplemente disfrutar el presente aprendiendo del pasado sin pensar en el futuro, es vivir el aquí y el ahora con la confianza de que a fin de cuentas obtendrás lo mejor.

   Lo profeso, lo grito, lo espero y lo deseo con toda mi energía, quiero volver a enamorarme, así como lo estoy de mi trabajo y de mi familia, encontrar el amor en cada aspecto de mi vida, compartir esa satisfacción y poder influir en que otros también la encuentren.