¿Quién soy realmente?

 

"¿Quién soy realmente? ¿Acaso soy la que se repliega en un rincón esperando pasar desapercibida? ¿O quizás la que se despliega sobre el escenario buscando la ovación de la concurrencia? ¿O quizás soy esa que ríe y busca cualquier momento para desplegar su personalidad hilarante y divertida? ¿O la reflexiva que analiza en silencio y cuidadosamente cada palabra, cada texto, a cada persona en su entorno? ¿Acaso soy alguna de ellas? ¿O todas en su momento?

Si tuviera que describirme sin dudarlo, diría que soy divertida, con mucho desplante y directa, tanto que a veces me paso de la raya. Pero es extraño, si le pido a otras personas, cada una describe a una persona diferente a mí, una la cual no reconozco. Algunas descripciones son mejores, otras son diametralmente distintas.

Pero ¿quién soy yo exactamente? ¿En qué momento me reconozco y puedo ser yo misma sin tener que filtrar alguna parte de mi personalidad?"



Que decidan por mi



    Una señal puede ser una situación, un símbolo, un momento, cualquier cosa que me ayude a inclinarme hacia una decisión que llevo dando vueltas en la cabeza y que, bajo mi incapacidad de verme a mí misma a través de mis logros, me vuelve frágil y a la espera de que la vida la tome por mí. 
Y lo cierto es que soy yo quien produzco esas señales, busco afuera aquella respuesta que siempre ha estado clara en mi interior. Cada pensamiento, cada sentimiento, cada emoción va modelando mi entorno y no es mas que la proyección de aquello que está dentro y que necesita ser validada.

    Lo cierto es, que cuando no sigo ese sentimiento, voy apagando esa llama, esa pasión, eso que le da el sentido a mi vida. Que aquello no es correcto, que soy egoísta, que eso no es para mí, todas esas barreras culturales bajo las cuales me acuño cuando mi autoestima es baja y mi seguridad se ha visto mermada.

    Las decisiones que tomamos en la vida, son tan personales, tan nuestras que nadie a nuestro alrededor puede sentirse con el derecho a tomarlas por uno. Y si lo hace, es porque yo se lo he entregado, el de manejar mi vida. Las decisiones, cualquiera que estas sean, siempre serán buenas en la medida en que sean propias, de otro modo, no será tu vida, sino la de alguien mas. 

   Las decisiones me abruman, en especial cuando hay mas de una opción. Todo un sin fin de pensamientos que se desencadenan dentro de mi mente y que, sin el debido tratamiento, terminan por enloquecerme. Es por esta razón que, cada día experimento un nivel nuevo de locura que siempre terminan llevándome al mismo lugar, hacia mi misma. Después de todo, de eso se trata la libertad, de tener varios caminos, de que puedas escoger cuál quieres seguir, si hubiera solo una opción, eso no sería libertad.

   Y en el fondo, muy en el fondo, tratando de sobrevivir bajo todas esas barreras, bajo esos cánones sociales que han formado a una persona ideal, que no soy yo, pero que encaja perfectamente en ese significado de perfección que otros esperan ver, estoy yo, esa que si soy yo y que sabe lo que quiere, pero teme ir por ello.

Y soy libre y no me sirve, 
para que quiere la libertad en la luna un tigre, 
no me sirve...
Ricardo Arjona - Libre

Ya lo superé

 


Qué factores son los que indican que un proceso está superado. Por lo general hablamos de superación cuando ocurre algún hecho, inesperado y que posee una connotación negativa y nos afecta. Un duelo, por ejemplo, el perder a un ser querido requiere de un tiempo de procesamiento para ser superado. Pero qué quiere decir realmente que algo esté “superado”.

Cuando era pequeña, mi sueño siempre fue tener un hijo. Ser madre era para mí, la culminación de todo lo que había dado sentido a mi vida. Fisiológicamente las mujeres venimos al mundo con un ciclo marcado en nuestro cuerpo con el único objetivo de procrear. Un ciclo que, desde el inicio, de acuerdo con información científica, ya viene con fecha de caducidad. Eso limita nuestra postura frente a la maternidad y les pone un temporizador a nuestros planes de desarrollarnos como seres individuales antes. Mi fin siempre fue ese, ser madre y aunque se vio pospuesto muchas veces, nunca tuve en mis planes desecharlo.

El día que me enteré de que ya no era mi decisión, debo admitir que sentí un poco de alivio. La presión social que por tanto tiempo sostuve sobre mis hombros, de aquí en adelante ya no sería una carga con la que tenía que lidiar. Una preocupación menos, durante mucho tiempo, una responsabilidad de la cual la naturaleza, mi naturaleza como mujer, me había dotado, y de algún modo me sentía responsable por sostener. Si bien impactante en un principio, el tiempo ha dado cabida a la razón y ahora, no sólo ya no soy capaz físicamente de procrear un hijo propio, sino que además ese proceso fisiológico tan característico de la mujer, ya no se presenta cada mes como era su costumbre. No es que lo extrañe, pero ahora que lo pienso ¿Era eso lo que me hacía ser mujer?

Hay personas, seres humanos que desde que nacen sienten que fueron designados con el género equivocado. ¿Qué es lo que hace que esas personas sientan eso? ¿Acaso lo es el contar con un órgano reproductivo determinado? ¿O quizá lo es la atracción al sexo opuesto? ¿Qué clasifica, en definitiva, quién es hombre y quien mujer? ¿Es sólo un tema de etiquetas y finalmente todos tenemos la capacidad de optar?

Nací mujer y fortalecí esa etiqueta durante todos estos años, no por usar vestidos, mi gusto y atracción por el sexo opuesto, ni por mi órgano genital femenino. Sino por que me sentí como una mujer, y todo lo que conceptualmente en esa época y sociedad implicaba ser una; sensible, delicada, coqueta, vulnerable, cambiante, introvertida. Todos conceptos que, en la actualidad pudieran acuñarse a cualquier persona, independiente su sexo o género. Me cuesta ir al ritmo de una sociedad tan cambiante como a la que hemos evolucionado, me afectan las cosas y no puedo dejar pasar este hecho sin cuestionarme y replantearme todo lo que había estipulado para mí. Partí mi vida siendo mujer desde lado vulnerable, según los cánones de la época, y hoy soy mujer desde la fortaleza y de algún u otro modo, desde la libertad.

Me declaro...culpable!

 

¿Qué tan culpable es uno por las decisiones que toma otro?

   Porque uno puede aconsejarlos, darles el punto de vista personal de determinada situación, o simplemente juzgarlo. ¿Pero sea de la forma que sea, somos responsables de las decisiones que tomará al respecto nuestro interlocutor? Me niego rotundamente a creer esto. Uno no puede cargar el peso de otra vida, a menos claro que sea un hijo o alguna mascota que depende de ti. Pero si no es el caso, si es un amigo, una pareja o tu hermano, ¿Debes sentirte culpable si la decisión que le ayudaste a tomar no salió de buena manera? O simplemente te das la vuelta y sigues con tu vida. 

   Es complicado, ya que hay personas que, aunque no queramos admitirlo, sentimos la necesidad de validar nuestras decisiones con la opinión de los demás. Por algo preguntamos en primer lugar, para sentirnos apoyados. Así tendremos a alguien a quien culpar que no seamos nosotros mismos si algo sale mal. ¿Qué tan responsables somos de nuestras palabras cuando damos un consejo, al dar una opinión, o de reprochar ciertas conductas? ¿Hasta qué punto uno puede ser honesto y expresar su opinión sin caer en ser despiadado?

   En esta era digital, donde una computadora parece ser la solución para responder, bajo un algoritmo desarrollado, a las dudas o consultas de un cliente en una empresa, me pregunto si esas máquinas serán capaces de resolver o determinar con qué tipo de personas es la que esta tratando. Si esa persona se sentirá ofendida o lastimada por alguna respuesta, o si será capaz de lidiar con la respuesta preparada para ella. ¿Estaremos tan desarrollados como para dejarle el trabajo emocional a una máquina, o peor aún, para que ella identifique un estado emocional y pueda responder acertadamente sin lastimar a nadie?

Será tan fácil poder desarrollar las emociones como ingresar los datos a una máquina y que bajo un aprendizaje automatizado pueda identificar una respuesta apropiada. Me gustaría pensar que sí, lo triste es justamente creer que podemos dejarle a una máquina nuestro desarrollo emocional y nuestro trato humanitario. Pensar quizá que lo único que nos diferenciaba del resto de los animales era justamente nuestra capacidad de pensar y de ser conscientes y que, si le delegamos ese trabajo a una máquina, ya solo seremos igual que el resto de ellos. Al menos la máquina no se sentirá culpable si alguna respuesta le arruina la vida a otra persona.


Déjame llorar

 


Es impresionante notar cómo algunas cosas se conectan, y sólo cuando ocurren, logras ser consciente de ello. Recuerdo una vez, que una compañera del colegio contó que cuando uno lloraba, las lágrimas también salían por la nariz, y por eso suele salir agua de la nariz en ciertas ocasiones. Ahora que sufro de sinusitis frecuentemente, aprendí que la causa emocional de esta enfermedad era justamente porque las lágrimas quedaban retenidas en los senos paranasales y congestionaban esta zona, y luego de un tiempo acumulados, suelen infectarse y desarrollar así esta enfermedad.

Cuando leí el artículo, una profunda pena me inundó y quise recordar qué lágrimas no expulsadas pudieron haber sido la causa de mi malestar y congestión. En qué ocasiones las retuve para demostrar o quizá demostrarme a mí misma, que soy valiente. La verdad es que lloré durante mucho tiempo en una etapa en mi vida en que mi seguridad se desplomó y sentí que todo lo que había construido, lo hacía también. En esa oportunidad creí que lo había llorado todo, creí que a cada persona le estaba designado ciertos litros de lágrimas durante toda su vida, y yo ya había agotado esa cuota. Pero la verdad es que me he ido dando cuenta que el nivel de lágrimas no es la misma cantidad para cada persona. Las lágrimas, en realidad, son proporcionales a la vida que lleve cada uno, y a las decisiones que vayamos tomando y que van formando nuestra personalidad y nuestra independencia emocional. Tal vez ciertas creencias nos lleven a pensar que cargamos con los registros heredados de nuestros progenitores y de toda la procedencia familiar. Tal vez podamos atribuir nuestra melancolía a aquello que nos tocó vivir, o a las personas que llegaron a nosotros y a las que ya no están. Lo cierto es que ello puede marcarnos, pero lo que no puede hacer, es determinarnos.

Podemos acumular tristezas en nuestras cavidades nasales y paranasales con la idea de que no tenemos opción de cambiar ciertas situaciones en nuestra vida. Podemos pensar que no somos dignos de otra vida ya sea porque no la merecemos o por que algún ser superior decidió por nosotros. La verdad es que haya sido por la existencia de un creador o por evolución de las especies, los que decidimos cómo vamos a vivir esta vida somos cada uno de nosotros. Cada acción que emprendemos y las que no, van forjando nuestra personalidad y modelando nuestra vida. Si no nos sentimos satisfechos con ello, es tiempo de empezar a tomar decisiones diferentes, pero siempre hay algo que ya no debemos hacer más, y que es acumular lagrimas en nuestro interior. Tarde o temprano, esas lágrimas comenzaran a pudrirse y acabaran infectando nuestro sistema.

En lo personal, suelo expresar una cantidad variada de emociones, a través de lágrimas. Lloro cuando estoy muy feliz, y también cuando estoy muy triste. Lloro por miedo, por nerviosismo, por el frío, por el aire denso, de rabia, de impotencia. Lloro con la cebolla, con el alcohol y también con ciertas películas. Una cantidad innumerable de emociones que no fueron expresadas y que ahora no me permiten respirar bien ¿Será que, si lloro ahora, aún sin un motivo claro, pueda lograr descongestionar mi alma?

Cómo saber si es amor





 Lo irreverente de pensar que no necesitas amor, es justamente en aquellas ocasiones cuando te quedas reflexionando por largo tiempo si lo que te sucedió es por amor o no lo es.

   Crecí bajo el cuidado de una madre que entendía el concepto de amor como cuidado, seguridad y abrigo. Y debido a ello es que no he sentido la necesidad de exigir algún sentimiento más allá de eso, ni de expresarlo tampoco. Mas bien debo admitir que hasta me incomodan las expresiones más elementales que, de acuerdo con esta cultura, son consideradas como muestras de educación, como lo es el saludo de beso o los abrazos en determinadas ocasiones.

Muy por el contrario, prefiero evitarlas. Eso, sin duda que me ha traído mas de un problema en lo social tanto con mis relaciones amistosas, como con mi propia familia. Lo bueno es que, con el tiempo, aquellos que han permanecido a mi lado lo han llegado a aceptar.

Ciertamente, hay momentos en la vida en que, por algún motivo, descuidas ese resguardo emocional con el cual te propusiste vivir, y que hay ciertas personas que, con su actitud, logran provocar un quiebre y pueden dejarte pensando horas, intentando definir cómo te sientes frente a eso. Una vez fue una compañera de la universidad, que llegó con un obsequio inesperado para navidad, que dejaba entrever su preocupación por la elección de aquel regalo. Hoy, es mi sobrino que, de la nada me ofrece una membresía de la plataforma Amazon Prime. Quizá este relato no logre reflejar en detalle, lo que esto significa. Poco sé yo de emociones, menos sabré de cómo expresarlas correctamente.

Ese, tal vez, ha sido el gatillante de los errores más marcados que he tenido en mi vida. El no poder darle a entender a las personas a las que quiero qué, efectivamente, siento eso por ellas. Ni mi actitud lo demuestra ni mis palabras lo confirman. Por lo general soy una persona directa, que no mide sus palabras y algo tosca en los sentimientos, una combinación que más que atraer personas, mas bien las espanta y que intenta ser independiente de otras personas y de esos sentimientos.

 Bajo aquellas circunstancias la soledad se ha presentado como una buena opción para desarrollar la vida. Hubo una vez que probé una alternativa diferente, pero que, sin embargo no terminó de buena manera.

Pocas veces he dicho “te quiero” y a contadas personas, y no por que haya querido realmente decirlo, sino mas bien por que comprendía que era necesario. Pocas veces también me lo han dicho, pero lo lindo de un “te quiero” son aquellas ocasiones en que se dice sin decirlo. Estas actitudes, ciertos regalos navideños, mensajes o miradas, también lo dicen y mas claramente. Y lo bueno de todo esto, es que eso pueda sorprenderte y te motive a expresar ese sentimiento de alegría abiertamente.

Déjalo morir




    Hoy dejé morir a mi perrito. Salió corriendo tras un auto, sus patitas resbalaron y terminaron bajo una de las ruedas. Ya estaba muy viejito para someterlo a una cirugía para reemplazar su extremidad con fierros y pernos. La otra opción era la eutanasia.

   El veterinario me explicaba que el perrito estaba sintiendo mucho dolor, que de hecho se le notaba, todo su cuerpecito tiritaba, su patita le colgaba y sus quejidos iban en aumento. Tuve muy poco tiempo para tomar la decisión; su vida estaba en mis manos ahora. Si bien no me considero una persona creyente, tampoco puedo afirmar que soy atea. Estoy convencida que hay una energía superior que se encarga de echar a andar la vida, y así también de terminar con ella. Y de que uno poco puede intervenir en eso, y el pensar lo contrario, sólo devela nuestro propio egocentrismo.

   Cuando estaba ahí, tomando su cabeza mientras el veterinario lo preparaba para morir, no pude dejar de pensar que si esa decisión era por mi, o por él. Si el sufrimiento que quería evitar era el mío o el de mi perrito que yacía ahora durmiendo entre mis brazos. Quizá si lo hubiese sometido al tratamiento, su sufrimiento se hubiera extendido por unos días, pero con la esperanza que en algún momento pudiera recuperarse. Tal vez habría muerto durante la cirugía. Eso ya no podré saberlo, como tampoco sabré si él quería vivir.

   Tomé una decisión por ambos, más por él que por mí. O al menos eso quiero pensar, pues yo espero que, sea cual sea el destino del alma después de la muerte, al menos ya no este sufriendo. Y en lo que a mi respecta, sé que el dolor irá disminuyendo en cuanto su recuerdo permanezca conmigo.


   

Mi propio valor




Pon un vaso con agua en el velador junto a tu cama durante toda una noche.
Si al día siguiente el vaso tiene burbujas en su interior, es por que hay personas a tu alrededor que sienten envidia de ti.

Este truco lo oí mas de alguna vez de distintas personas que, en algún momento de sus vidas, se sintieron angustiadas. Debo admitir que hice un par de pruebas al respecto y hubo veces en las que el vaso estaba lleno de burbujas; y otras en las que no. Y no es que con esto quiera poner en duda la efectividad de este tipo de experimentos que, a decir verdad no conozco alguna base científica que lo respalde. Es más bien el trasfondo que nos motiva a realizarlo lo que pongo en cuestionamiento.

Que pensemos que la gente sienta envidia de nosotros habla más de nuestro propio ego que el de ellos. El simple hecho de creer que somos objeto de interés para otra persona, nos devela un aspecto de nuestra propia personalidad narcisista a tal punto, que es causa de preocupación.

            Necesitamos medir el nivel de interés que generamos en otros, para validar nuestra propia autoestima. Y en qué ocasiones sentimos necesario hacerlo, justamente en aquellos momentos en que nos cuestionamos nuestro propio valor.

            Hay veces que he oído hablar de la buena envidia o envidia sana y de la envidia en general acuñándole una connotación positiva a sentir cierto grado de envidia cuando en realidad el término en sí se refiere a lo mismo, independiente su grado, al malestar que uno siente por el bien de otro. Muchas veces he sentido envidia. Siento que hay personas que no merecen lo que tienen y que, sin esfuerzo alguno, lo tienen y yo, que me he esforzado mucho más para obtenerlo, no. Y ahí es donde reflexiono profundamente sobre la injusticia y me cuestiono no sólo mi propio valor, sino también intento engrandecerlo, disminuyendo el de los demás potenciando sus defectos.
                       
            En esos momentos en que me siento mínima, es cuando necesito medir el nivel de envidia que siente por mi el resto y de algún modo elevar mi propia estima. Lo cierto es que por más que este experimento pueda revelarme algún resultado al respecto, lo que el agua esta midiendo en realidad es lo que hay en mi propio ambiente y no lo que sienten los demás que, incluso pudieran estar en zonas geográficas distintas. La envidia no es mas que sólo un indicador de que mi autoestima es pobre y que mis propias capacidades no son suficiente para validarme ante mi misma, a tal punto que necesito empobrecer a los demás para yo poder brillar.

En función de...


   Volver a estudiar, debo confesar, ha sido mucho mas agotador que lo que había imaginado. Cuando lo planeé, consideré que ya mas madura y con mas experiencia que la primera vez, me sería mucho mas fácil de llevar a cabo. Una vez mas como en muchos otros aspectos de mi vida, me equivoqué. He tenido que dedicar mucho mas tiempo del que me propuse y ha sido una tarea muy extenuante.

   Una de las tantas cosas que he aprendido, o mas bien, comprendido, es que en matemática, una función es una relación que se establece entre dos términos, a través de la cual, uno depende del otro y se define a partir de este. El primero sería entonces la variable independiente y el segundo, la dependiente, puesto que su valor obedece cualquier variabilidad que sufra el primero y se designa como f(x) lo que significa que esta en función de "x".  Por mi formación debo aceptar que las matemáticas me acompañarán por el resto de mi vida, y de hecho desde un principio lo hacían, sólo que yo no lograba verlo. Ahora puedo verlo y, como dice una frase de Einstein que alguna vez leí, si puedo explicarlo, entonces significa que lo he comprendido. 

   A raíz de la película bohemian rhapsody, donde el protagonista y quien inspira este film, se le ve claramente influenciado por su representante. Freddie Mercury, vocalista de la banda "Queen" inconscientemente va permitiendo que este maneje sus decisiones no sólo en su carrera sino también en su vida personal, lo que origina el quiebre que tuvo la banda en los 80'. Tiempo más tarde y luego de una serie de sucesos en que el personaje se encuentra a sí mismo, logra ordenar su vida y retorna a la banda con el conocido éxito que hasta ahora tiene. Freddie, entonces, estaba en función de Paul, su representante. Y al igual que una función matemática, este elemento definía la posición que tomaba en el espacio. Puede que esto sea una película, que si bien resulta de una investigación biográfica, sigue respetando un guión y, por tanto responde a la intención del director. Sin embargo esto es algo más común de lo que me gustaría aceptar y si me pongo a reflexionar, en solo segundos se viene a mi memoria episodios de mi vida donde he estado en función de otra persona, donde yo he sido la variable dependiente. Sin duda que así fue, y cuando el elemento quien me definía partía, yo quedaba sin saber dónde estaba o donde me dirigía perdiendo completamente el rumbo. Pero por qué permitía que las cosas llegaran a ese punto, por qué dejaba que otro elemento, otra persona me determinara y definiera cómo iba a ser mi vida. Por qué dejaba mi vida en función de...

   Como en las matemáticas hay cosas que aún debo dejar que decanten en mi mente para poder comprenderlas. Y como en las matemáticas las cosas se van revelando cuando uno es capas de entender lo básico, lo fundamental para poder pasar al siguiente nivel. Sólo puedo multiplicar una vez que he aprendido a sumar, a integrar cuando sepa derivar. No antes, al menos así esta estructurado el programa de enseñanza y así lo he logrado asimilar. Como en matemáticas, la vida esta formada de elementos, de personas con quienes interactúas, estos elementos se pueden combinar, pueden interactuar entre si, pueden crear distintas operaciones. Hay elementos que pueden sumar, pero también hay quienes te restan, lo importante no es que no interactúes con ellos, lo esencial para poder ir resolviendo cada problema que se presenta, es que seas capas de diferenciar entre una operación y otra, en que seas capas de discernir y resolver cuando sea necesario. Descubrir quien te suma y quien te resta, quien te potencia y quien divide. Que seas capas de determinar cuando eres la variable independiente y cuando la dependiente y sobre todo que descubras el valor que tienes y tu aporte a cada operación. 

Mejor que no




   Hoy decidí actuar sin cuestionar los por qué frente a la situación. Lo usual es que deje de hacer ciertas cosas por el simple hecho de darles demasiadas vueltas en mi cabeza intentando exponer los hechos, inexistentes en la realidad, pero muy probables en mi retorcida y creativa mente que me hacen desistir. Que si hago esto puede pensar esto otro, que si lo hago va a reaccionar de esta manera, que se lo puede tomar a mal, y otros tantos hechos catastróficos que solo mi mente suele dar cabida. Y es así como me he perdido de hacer tantas cosas. bien lo decía alguien, de lo único que me arrepiento es de aquello que no he hecho.

   En momentos soy tan espontánea y en otros tan insegura. Me temo que ahora estoy en lo segundo; esperando que las cosas pasen, y cuando no pasan, me desilusiono y con la desilusión mi inseguridad aumenta y así se me van los días hundida en una melancolía que me agobia. Hoy fue uno de esos días en que decidí cortar con ese patrón y ser yo la responsable de que las cosas pasen. Dejé a un lado el orgullo, abrí mi corazón y tomé la iniciativa. Lo mejor de todo, es que nada resultó como lo había pensado, y digo lo mejor por que cuando uno pasa por un proceso de negatividad en su vida, en lo único en que le va bien pensar, es en que todo saldrá mal. Pues no, me fue bien. Desde mi partida, con mi madre las relaciones han estado un poco distantes, sus juicios y mi soberbia nos han distanciado mas de lo que pretendía y ya casi ni hablábamos. Desde mi partida sentía que ella había perdido el interés por mi bienestar y mi orgullo me mantenía en un estado de frialdad que me llevó a tomar distancia. Pues bien la invité a mi nueva casa, me esmeré en que todo estuviera perfecto para que viera lo bien y feliz que estaba ahora con mi nueva vida. Cabe destacar que efectivamente estoy muy feliz, sin embargo este distanciamiento familiar era algo que no permitía disfrutar a cabalidad con este nuevo proyecto de vida. Al principio fue todo muy coloquial, como una reunión entre desconocidos. Al pasar las horas, uno que otro comentario motivó una bocanada de sentimientos por parte de mi madre con sus reproches de mala hija con un tono displicente que en otro momento me hubieran hundido. Frente a ello tenía dos opciones, o le contestaba en el mismo tono defendiéndome, o la escuchaba sin sentirme ofendida. El objetivo del almuerzo era acercarme a ella y si me inclinaba por la primera opción, el esfuerzo de dejar mi orgullo a un lado no hubiese servido de nada. Escuché cada palabra que salía disparada de su boca, observé cada figura de su rostro, el brillo de sus ojos, el quiebre de su voz, sus sollozantes pausas, hasta que se detuvo. No fue necesario decir nada, el silencio, en ese momento dijo más de nosotras que todo lo que no habíamos hablado en meses y finalmente nos acercamos.

    Es extraño como funciona la mente intentado llenar espacios en cada historia. Lo que no sabemos, creemos que puede ser de determinada manera dependiendo el estado en que nos encontremos. Si estamos bien, jamás pensaremos mal del resto. Es cuando nos volvemos inseguros cuando nos sentimos perseguidos y creemos que el mundo es un lugar de personas que se mueven bajo esos mismos parámetros. El mundo que nos rodea es un reflejo de nuestro propio mundo interior. Las personas a nuestro alrededor vienen a mostrarnos aspectos de nosotros mismos. Si dejamos que nuestro orgullo nos aleje de ello, nos estamos separando más de nosotros mismos negando nuestra propia existencia. De cuánto nos hemos perdido escudándonos en un "mejor que no". Cuántas historias no se han contado por nuestras inseguridades, historias que hubiesen podido haber dado otra dirección a nuestras vidas, quien sabe. Sin duda que este es el primero de muchos actos donde tomo mas protagonismo en mi vida haciendo que las cosas sucedan, actuando mas, esperando menos; escuchando mas, hablando menos. Disfrutando mas, cuestionando menos; mas que escribiendo la historia, viviéndola.

Si los alimentas, permanecen vivos

Creo que es igual que nuestros sueños y pesadillas; Si los alimentas, permanecen vivos.
                                                                           Película: "A Beautiful mind"


   Heme aquí otra vez, buscando refugio en estas palabras que no pueden salir de mi boca pero que mis manos liberan con facilidad, esperando que las encuentres algún día, tal vez por error, tal vez por curiosidad. Cual sea el motivo me intriga la idea en que te des por enterado. Aún no soy lo suficientemente valiente para decírtelas cara a cara, presiento que eso no ocurrirá jamás, en fin, eso ya no importa. A estas alturas este desahogo es suficiente para mi.

   Recuerdo que una vez acudí desesperada a ti implorando consuelo. En aquella época éramos amigos. Te mencioné lo que en mi cabeza me atormentaba y no podía dejar de pensar en ello. Tu consejo aunque simple fue muy sabio: pero no pienses más. En aquel momento lo encontré absurdo; hoy le tomo la seriedad que trasciende de ello: nuestros pensamientos son nuestros porque nosotros decidimos pensar en ellos, nosotros le damos cabida para que se desarrollen, si no los alimentamos, tarde o temprano desaparecerán. Es así como pretendo sacarte de una vez de mis pensamientos, de todos modos lentamente pasaste de ser de carne y hueso, y te volviste virtual. Y lo bueno de lo virtual es que con sólo una tecla, desapareces.

   Aunque en lo emocional el proceso es mas lento, al menos lo es para mi, llega el día en que te detienes a evaluar aquello en que vale la pena ocupar tu tiempo de lo que no. Evalúas los pros y contra para tomar una decisión y como mi actual formación de ingeniera me ha estado enseñando, te inclinas por aquello que te genera mas beneficios con menos recursos. Contigo los recursos se volvieron no renovables y eso si lo analizamos desde la perspectiva económica, no es rentable. Y algo que no es rentable, no vale la pena invertir. Como podrás darte cuenta, esta semejanza con los negocios puede parecerte una forma fría y calculadora cuando de lo que se esta hablando es de sentimientos y emociones; pues bien, eso es en lo que me he convertido ahora. Si estoy satisfecha con ello o no, es algo que aún estoy decidiendo.

   Es tan agobiante tener que estar constantemente buscando justificación para permanecer a tu lado, que ya estoy cansada. Tu mismo lo dijiste, busca estar tranquila, eso haré, sacaré de mi vida todo aquello que está perturbándola, comenzando por ti. He sido capas de hacerlo en el trabajo con una entereza y osadía irreconocible, actitud que celebras cada vez que te lo cuento y no podía ser capas de aplicarlo contigo hasta ahora. Una vez recuerdo haber escrito de las relaciones desechables y me declaraba abiertamente opositora de ello. Y ahora estoy haciendo exactamente lo contrario a lo que defendía en aquella oportunidad. Mi conducta se a vuelto errática e inconsecuente, y ese patrón es el que ha desencadenado en mi un descontrol no sólo de mi mente, sino también de mi cuerpo. Las señales son claras y ahora finalmente las veo. Esta vez no encuentro mas justificaciones. "O te adaptas o te vas", y ya sabes que no soy una persona flexible en lo emocional. Así que prefiero salir de esto y rearmar mi vida. Tal vez no tengo claro lo que quiero pero si lo que no quiero y no quiero seguir así por más sentimientos que tenga hacia ti. Me alejo así, en silencio, sin dar explicaciones, sin escándalos ni dramatizaciones como acostumbraba, tal vez si estoy mas madura, quizá solo un poco, quien sabe, eso lo decidirá el tiempo y cuando logre descifrar tal vez, solo tal vez pueda compartirlo contigo.
   

Amigos...y nada más



   Cuando decidí aceptar tu proposición, no imaginé lo lejos que nos llevaría eso.
Has estado casi toda una vida a mi lado; siempre estuviste ahí en los momentos solemnes de la vida en los que o necesité desahogarme o simplemente compartir una alegría. 

   Poco a poco mi timidez se iba doblegando a las entusiastas preguntas que solían enfocarse mas en aquellos episodios con algún tono sexual. Era evidente que ese tema llamaba particularmente tu atención, en especial si se trataba de quebrar con mi celibato que si bien a esa edad no era intencional, si poseía cierto misticismo de inocencia y religiosidad en mi afán por querer guardar mi virginidad al príncipe azul que yacía en algún lugar del mundo esperando por mí. 

   Fuiste un pilar fundamental en mi maduración sexual, no porque tuviéramos encuentros de ese tipo, y cabe mencionar en este punto que nuestras conversaciones se limitaban al programa de mensajería instantánea vigente; sino mas bien por que te dedicabas a ilustrarme en las más diversas posibilidades que pudieran presentarse en un encuentro entre dos personas. Con mi primer acercamiento, mi destape sexual, fuimos distanciándonos por periodos prolongados. El tema de tener una pareja me excitaba tanto que enfocaba mis energías y tiempo sólo en complacerlo. Con el quiebre de esa relación, también se quebraron mis emociones y las bases en que había decidido fundar mis principios. Hasta ese entonces el haberme guardado para aquel hombre especial durante tanto tiempo, y el haber retrasado mi iniciación sexual por ello, ahora me hacían pensar que había sido una pérdida de tiempo. Con frenesí busqué durante mucho tiempo poder llenar ese vacío no solo sexual, sino también y mas bien emocional sin resultados positivos. Cuando mi esperanza se vio mermada por las circunstancias y por mi carácter; surgió lo impensado: podía hacerlo sin sentirme una mesalina pecadora. Tu fuiste el primero en celebrar conmigo aquel episodio ipso facto con tu particular interés.

   A pesar de que te lo sugerí abiertamente en mas de alguna oportunidad y en los mas diversos estados emocionales, tú nunca accediste a tener algo conmigo. Nuestros encuentros frente a frente, siempre se limitaron a lo que durara una película o una comida rápida en el camino.

   Por algún motivo que aún desconozco, el quiebre de tu relación de pareja gatillo cierta curiosidad por conocerme en otra faceta, por llevar nuestra amistad a un plano distinto, no a un nivel mas profundo en lo emocional sino mas bien a un nivel mas banal. Fue de este modo en que llegamos a involucrarnos sexualmente. Nuestro primer encuentro si bien no fue lo que esperé todo este tiempo, si fue fundamental para que se desencadenara una relación donde el sexo ahora se volvía la razón esencial de nuestros encuentros. 

   Sumergidos en el deseo y la pasión nos olvidamos de la amistad y la relación se fue tornando lentamente carnal, fría y calculada. Nuestras conversaciones se volvieron insignificantes, casi una excusa para romper el hielo y disimular de cierto modo la verdadera causa que nos convocaba. Si en este momento pudiera escoger entre tu amistad y tu pasión, no dudaría en escoger la primera. Aquella me entregaba satisfacciones mas duraderas; a largo plazo y con esto no digo que no me sienta satisfecha en lo sexual, sin embargo necesitaba que lo hiciéramos mas frecuentemente sólo para sentirte cerca por mas tiempo y antes eso se daba como consecuencia de nuestras largas conversaciones, ahora inexistentes. Ahora te necesito como amigo mas que nunca. Quiero oír tu consuelo y que me digas que este hombre tampoco vale la pena y que puedo seguir adelante. Siempre fuiste ese hakunamatata que me devolvía la alegría cuando mis emociones flaqueaban y lo irónico ahora es que tú las provocas y que lo mas seguro es que ni te hayas dado cuenta.


El amor es así

   El amor ha sido un tema recurrente dentro de mis reflexiones, y motivo de la mayoría de mis publicaciones. Esta vez no es diferente. El amor, una palabra he podido encontrarle tantos significados, tantas aseveraciones como momentos he vivido. Es como si cada día aprendiera a amar de una manera diferente o más bien comprendiera que el amor contempla tantas formas como personas hay en el mundo.

   Hoy me atreví, después de mucho tiempo, a amar otra vez. A amar así tal cual, sin miedos, sin ataduras, sin resentimientos, completamente ajena a las consecuencias. El amor es así, me dije y aunque titubeé al principio al decirlo, no lo hice por que sintiera temor sino por que quería disfrutar de ese momento, quería darme el tiempo que todos mis sentidos estuvieran atentos a ello, me dejé llevar, fui libre otra vez.

   Hace un año ya que trabajo con una persona que es un tanto difícil en su trato. Difiero con la forma que tiene para dirigir al equipo, y con cualquier persona en general con la que tiene que lidiar, y esto ha sido motivo de frecuentes quejas, y discusiones dentro de la empresa donde el es director de proyecto y, cabe mencionar que mi jefe. Mantenemos una relación muy particular en donde yo me expreso frente a lo que no me parece, y el, por su parte me escucha, de este modo hemos logrado convivir en lo laboral en un ambiente en el cual si bien me he mantenido desde hace un año, frecuentemente la hostilidad ha sido protagonista en reuniones de pauta y conversaciones periódicas.

   Sin embargo, aquí estoy, quizá por masoquismo o por que veo algo mas allá en ciertas personas que llegan a mi vida. No es que esté enamorada de él o algo así que, cabe mencionar que sospecho que no le gustan las mujeres, pero de si en algo estoy segura, es que he llegado a encariñarme con él. Sucedió que sentí hostilidad en su trato y, como siempre, lo encaré apelando al buen ambiente laboral que la empresa a impuesto establecer. Al poco tiempo después me pregunta si aún lo quiero a lo que le contesto "el amor es así" y entre risas distendemos nuevamente la comunicación entre nosotros. El amor es así. Cuando uno realmente quiere a una persona, debiera quererla tal y cual es, con sus defectos y virtudes, con sus pataletas y sus buenos momentos. Querer sin conocer es sólo una ilusión de la cual después intentas explicar con la frase cliché de "el amor es ciego". Pues difiero de ello, el amor no es ciego, es mas, el verdadero amor contempla cada rasgo del ser que se dice querer, los distingue claramente, los acepta y decide compatibilizar con ello. El amor es una consecuencia del análisis de los datos con los que se cuenta y de su respectiva conclusión un "te quiero" y surge de una decisión espontánea y voluntaria por darle un espacio a esa persona, dentro de nuestros sentimientos. Por que tal vez no decidimos quien llega a nuestras vidas, pero si quien permanecerá dentro de ella.
   

Los límites de la seducción

    Hablar de seducción hoy es un tema delicado. Cualquier confesión al respecto puede despertar las susceptibilidades de personas que por un lado son acusados como agresores y por otro como víctimas de situaciones que podrían encasillarse bajo el concepto de acoso sexual.

   Quise desarrollar este tema por una razón en particular; las declaraciones de 2 personas que leí en publicaciones en el periódico. Por un lado la de Luis C.K, comediante americano de 50 años quien recientemente fue acusado de acoso sexual por 5 mujeres quienes lo buscaron por que sentían admiración por él por su fama y renombre. Y la otra, una mujer de 18 años a quien dejaremos en el anonimato pero quien el año pasado fue víctima de "la manada", un grupo de 5 hombres que actúan en las festividades intimidando sexualmente a mujeres en las aglomeraciones en España.

   Respecto de la primera publicación, lo que llamó mi atención fue una carta, escrita por comediante "acosador" donde afirma: “Pero aprendí después con la vida, demasiado tarde, que cuando tienes poder sobre otra persona, preguntarles si quieren ver tu pene no es una pregunta” .

   En el otro reportaje, se cuenta una de las historias que ha remecido a España y que se produjo el año pasado en la fiesta de San Fermín. Allí 5 sujetos hicieron amistad con una mujer que habían conocido y posteriormente procedieron a tener relaciones  sexuales simultáneamente, grabando el hecho en videos donde, a conclusión de la fiscalía que lleva el caso, la mujer se muestra con una actitud "pasiva y neutra". En su defensa los acusados apelan a que la muchacha nunca se negó al acto y que no mostró resistencia al presunto ataque. Ante ello la víctima declara que no pudo resistirse al número de agresores y que entró en shock deseando que "todo terminara cuanto antes"

   Debo admitir que en lo personal, me es difícil poder establecer cuáles son los límites que pueden diferenciar un acto de seducción de un acoso sexual. Yo misma sufrí de un abuso sexual hace algunos años y es un tema aún estoy intentando superar. No puedo ponerme del lugar ni de víctima y lapidar a un acosador que tal vez ni siquiera es consciente de lo que hace, o tal vez si, no lo sé. 

   Veo en las calles cómo las mujeres hemos perdido el respeto por nosotras mismas. Abiertamente permitimos el toqueteo, pues lo vemos como un juego y de cierta manera nos eso no alienta a ser cada vez mas osadas. Vemos como los hombres responden a esas provocaciones y nosotras mismas después no sabemos cómo parar. En las fiestas el sexo ya es hasta un tema que se ovaciona y que se tararea a viva voz en letras de canciones populares donde día a día se hace cada vez más explícito. El arranque femenino que tuvimos las mujeres luego de siglos de represión ha resultado una carga que no hemos sabido manejar. Y no culpo a la mujer por ello, mi crítica es mas bien social. Los hombres también deber aprender a ser mas civilizados y a contener esos bajos instintos, sus necesidades más básicas, al ver a una mujer caminando con ropa ligera en una tarde acalorada. 

   Apunto, en especial a aquellas mujeres que no hemos sabido manejar lo que la libertad implica. Libertad para poder decir NO frente a determinadas situaciones, la seguridad para frenar una situación en la que no nos sentimos cómodas. Ya no somos el sexo débil que se queda "pasiva y neutra" esperando "que todo termine cuanto antes". Una de las recomendaciones que me indicó la terapeuta y que es la que más me ha hecho sentido es "aprender a poner límites". Ser capas de jugar, de coquetear pero siempre teniendo claro hasta donde queremos llegar, o hasta dónde queremos que el otro llegue.
No sólo debemos vanagloriarnos del destape femenino, ello lleva consigo responsabilidad que aún no hemos aprendido a asumir. El piropo callejero, por ejemplo, que en sí mismo nos denigra y que a vista de algunos se realiza inocentemente. No nos quedemos calladas, aprendamos a responder, establezcamos los límites. 

   Yo no quiero que a futuro los hombres frenen su actitud avasalladora que tanto me excita y me arriesgo a que tal vez esta declaración pueda ocasionarme alguna que otra mirada pervertida, pero de eso se trata, de separar las cosas. Muchas veces los hombres no comprenden, por que hay ocasiones en que nos enojamos y preferimos quedarnos calladas a explicarles qué fue en concreto lo que nos molestó. Debemos empezar a hablar, y tal vez a explicarles que nos parece adecuado de lo que no. Responder a situaciones donde nos sentimos reprimidas. Ya que si no respondemos a ese "acoso" puede que llegue el día en que esa situación te marque para toda tu vida.

La motivación donde menos la esperas

 Cuando uno emprende un proyecto, cualquiera sea la naturaleza de este, la motivación y la voluntad serán clave para llegar a puerto. Lo lógico es que la primera se presente de manera inherente por el sólo hecho de "querer hacer algo", sin embargo, en ocasiones esto no se da espontáneamente por lo que debemos acudir a energías superiores que mantengan ese ánimo por el tiempo que dure dicho proceso.

   La voluntad no es algo con lo que uno nazca, si no se tiene, puede desarrollarse. En un principio y alineada con la motivación puede facilitarse dicho proceso. 

   Hoy encontré mi motivación en una desilusión. Cuando esperas que suceda cierto episodio en tu vida y trabajas arduamente y con paciencia para que ello ocurra y, aún así resulta que nada se desenvuelve según lo previsto; ahí suele desencadenarse un sentimiento de desilusión del cual pueden desprenderse dos opciones: una es que te hundas en una tristeza que absorbe tus energías dejándote sin fuerzas para continuar y de lo único que seas capaz de lamentar tu situación. Y otra, por la que he decidido optar esta vez, tomar tu desilusión a los hombros y utilizarla como una inyección de energía para aquello que te planteaste alguna vez emprender pero que ya hacía dormido junto con otros proyectos que han sido abandonados por la pereza.

   Tal vez de eso se trate el madurar, he aquí el libre albedrío en todo su esplendor. La capacidad de tomar decisiones, de poder lidiar con esas decisiones y con las consecuencias que ello trae consigo. Hoy quizá tome una de esas decisiones de las que podría decirse que llegue a arrepentirme, nada que hacer, el acto se consumó y es hora de hacerse cargo. No puedo pensar en lamentarme, es tiempo de actuar. Es el resultado de tratar con seres humanos, muchas veces mas animales de lo que uno pudiera pensar. En otro momento quizá este episodio hubiera sido motivo de alegría y no estaría escribiendo estas letras que por mas madura que puedan parecer, guardan consigo una profunda tristeza que en otras circunstancias me hubieran arrojado en lo profundo.

   Lo acepto, le doy un par de vueltas en mi cabeza y luego lo dejo pasar. Ahora cuento con otra herramienta, con otra motivación que me permite seguir adelante resolviendo e intentando componer mi vida acorde con lo que siento es el mejor camino.

Los principios de la corrupción

   Al hablar de principios se espera el empleo de ciertas conductas alineadas con la ética y una moral inclinadas hacia "el bien". Los parámetros imperantes en una sociedad cristiana como la que hemos heredado, trazó los lineamientos bajo las influencias de los mandamientos de la biblia, y de acuerdo a ello es que hemos modelado nuestra ética. A esto se debe que el encabezado pueda parecernos una aberración al intentar argumentar lo que convenientemente titulé como los principios de la corrupción.

Duro como piedra

   Cuando una persona no comprende lo que se le intenta explicar, se le dice que es duro como piedra; sin embargo, hasta hoy no había reparado en lo que eso significaba, en el mensaje entre líneas que la frase lleva consigo.

   Hoy encontré en mi camino la mitad de una piedra; parecía una piedra de río, modelada por el fluir del agua y el rodar con la corriente. Se notaba que no había tenido contacto con el agua hace un tiempo; pues estaba amarillenta, algo oxidada y quebradiza.

Déjate Querer





Y todos me miran, me miran, me miran,
por que se que soy fina por que todos me admiran,
Y todos me miran, me miran, me miran,
por que hago lo que pocos se atreverán,
Y todos me miran, me miran, me miran,
algunos con envidia pero al final,
pero al final, pero al final, todos me amaran.....

   Estrofa de una canción popularizada por Gloria Trevi que simplifica, de cierta manera la idea que me ha llevado a concluir que el sex-appeal o atracción hacia otra persona, se genera producto de la naturalidad y espontaneidad sin reservas.

   Es difícil, a cierta etapa en la vida tener que luchar contra los parámetros de una sociedad sumergida en un sistema adoptado por otra cultura que, en su desenfrenada sed de expansión, conquistó tierras para ampliar su imperio. Una cultura de la que entendemos muy poco y que, sin embargo hasta nuestros tiempos, aún sigue controlándonos.

¿Sabes que te quiero?

 
 Uno no tendría que hacer esta pregunta si eso estuviera realmente claro. 

   Durante estos últimos años, he podido llegar a la conclusión que el mensaje que enviamos a nuestro receptor no es siempre comprendido al ciento por ciento por este. Mas bien, me atrevería a declarar que nuestro interlocutor muchas veces ni siquiera sabe que es para él.


   Los malos entendidos suelen ser una de las causas más frecuentes de discusiones y en el peor de los casos de peleas entre las personas cualquiera sea la relación que tengan. Uno manifiesta un mensaje, ya sea por vía oral a través del lenguaje, o a través de los gestos y muecas, y no reparamos en que si este fue recibido como esperábamos que fuera, siquiera nos ocupamos de si entendió lo que quisimos decir.

Sólo se tranforma

"Buscamos la estabilidad y lo único permanente, es el cambio"


   Una frase extraída durante una clase de ergonomía mental en la cual se intentaba explicar una de las causas más frecuentes y menos reconocidas entre los trabajadores de una empresa ante la interrogante si estaría dispuesto a aumentar las responsabilidades dentro de su puesto de trabajo. Si bien el dinero suele anteponerse como el principal motivador para responder positivamente a esa interrogante, el gusto por la labor que desempeña determina, finalmente si aceptará tal proposición e inclusive, la permanencia en el cargo en la empresa.