Un momento para llorar


   Las lágrimas siempre han sido asociadas a estados de dolor y/o tristeza a través de la cual las emociones se manifiestan en su equivalente físico dejando en evidencia a quien se ve afectado por ellas.  Cuando era más pequeña, me gustaba pensar que las lágrimas eran la forma que tenía el cuerpo de limpiar el alma, era por eso que periódicamente me daba un momento, a solas en mi habitación, para llorar.

   Luego, cuando ya me fui haciendo más grande, lo que no quiere decir que más madura, fui entendiendo al llanto como una forma de manipulación y/o de vulnerabilidad, el proceder de una persona que, débil de carácter dejaba en evidencia su fragilidad y descontrol emocional.

No tengo miedo

   Hablar del miedo es uno de los temas de los cuales no tengo mucha propiedad para referirme, poco entiendo de él y muchas veces me he dejado gobernar por ese sentimiento que termina por controlar mis decisiones anteponiéndose, en muchas ocasiones, a mi propio deseo.

   No me he detenido precisamente en este punto a atender su significado y cómo es que funciona realmente,  me he visto reducida ante él y ese indicio es suficiente para querer aminorar esa sensación de inseguridad que me impide tomar las decisiones que me he propuesto.

El amor es libertad


   El contexto de esta frase pueda quizá confundirse, sin embargo, es válido para cualquier situación en la se experimente ese sentimiento.

   Intentar definir el significado del amor es algo que, en este momento no me compete, una por que no tengo idea y otra por que no es el asunto que me convoca. Sé que existe por que lo he experimentado, o al menos tengo una vaga idea respecto de sus manifestaciones tanto físicas como emocionales. Más allá de querer explicar de qué se trata, solamente prefiero, por ahora enfocarme a sentirlo, vivirlo y disfrutarlo...

Tu nombre



No quiero pronunciar tu nombre;
pues temo con él recordarte
cual dulce sonido de su voz
envolvía mi garganta al besarte.

Frío como la lluvia en verano,
ansioso en la rama, el rocío
tu eco se siente en mi pecho
y resuena tu nombre vacío.

No quiero pronunciar tu nombre
pues con él viene todo lo hecho 
momentos que derriten mi boca
y evocan nostalgia en mi pecho.
Toda reflexión ya tardía
impedida de total razonamiento
y cuál arrepentimiento
del roce de tu piel junto a la mía.

No quiero pronunciar tu nombre
cual yace ahora sin sentido
sin calor, ni olor, ni gusto
pues todo eso lo he perdido.

Sibaryta.-

Aprender a amar


"Con cada palabra vuelvo a vivir
a través de los ojos de otro.
Nos encontraremos por la noche
empapados por la lluvia
y nos sorprenderemos
por cómo nos calmamos
mutuamente el dolor.
Serás tú el que me encuentre sana y salva?
El amor es lo que se pierde
no lo que se encuentra. leer todo...